La economía mexicana ha mostrado señales de recuperación en el segundo trimestre de 2026, dejando atrás un inicio de año marcado por el estancamiento. Según el Indicador Oportuno de la Actividad Económica (IOAE) publicado por el INEGI se anticipa un crecimiento anual del IGAE del 1.7 por ciento para junio.
Este dato, aunque modesto en apariencia, adquiere un significado distinto cuando se analiza en contexto. En el primer trimestre de 2026, el PIB creció apenas un 0.4 por ciento anual, con una contracción respecto al trimestre anterior. Sin embargo, la proyección para el segundo trimestre, basada en los datos de abril, mayo y junio, sugiere una expansión del 1.8 por ciento anual.
Un cambio de ritmo significativo
El cambio de ritmo es notable. La economía pasó de crecer un 0.4 por ciento en el primer trimestre a un 1.8 por ciento en el segundo trimestre. Este aumento más que cuadruplica la velocidad inicial. Además, la composición del avance es importante: las actividades terciarias que representan dos tercios de la economía, crecieron un 2.2 por ciento anual en junio, mientras que las actividades secundarias tras meses de debilidad, regresaron a terreno positivo con un 0.5 por ciento anual.
Es importante tener en cuenta que el IOAE es una estimación econométrica, no un dato observado, y sus intervalos de confianza son amplios. Para junio, el rango va del 0.5 al 2.8 por ciento. Sin embargo, incluso en el escenario más bajo, la dirección del movimiento es clara: la actividad productiva del país muestra indicios de mejoría.
Perspectivas para el segundo semestre
La pregunta relevante es cómo seguirá la economía en el segundo semestre de 2026. Según el consenso de los analistas consultados por Banxico en junio, se espera un crecimiento del 1.1 por ciento para todo el año. Si el primer semestre ya trae ese ritmo, bastaría con que la segunda mitad del año repitiera el paso para cumplir el pronóstico.
Hay elementos que sugieren que este escenario es factible. Por ejemplo, Banorte reiteró esta semana su estimado de 1.4 por ciento para 2026, apoyado en una recuperación modesta pero visible de la inversión fija, en el dinamismo del sector exportador y en la derrama económica del Mundial en el segundo trimestre. Además, el FMI en su actualización de julio, recortó su pronóstico para México a 1.2 por ciento pero anticipa una aceleración moderada de la actividad gracias a políticas internas menos restrictivas.
La Secretaría de Hacienda sostiene que el desempeño volverá a superar lo previsto por el FMI con el impulso del Plan Nacional de Infraestructura en la segunda mitad del año. A ello se suma que las expectativas de inflación para el cierre de 2026 bajaron a 4.1 por ciento en la encuesta más reciente de Citi México lo que da margen para que las condiciones financieras se vuelvan gradualmente menos restrictivas.
Riesgos y desafíos
El realismo obliga a no perder de vista los riesgos. La revisión del T-MEC sigue siendo la principal fuente de incertidumbre para la inversión, y la ronda de negociación que comenzó en México no ha despejado las dudas de fondo. La manufactura permanece débil a tasa anual, la inseguridad encabeza las preocupaciones de los especialistas y el FMI advierte que una reescalada en Medio Oriente podría reavivar la volatilidad de las materias primas.
El punto central de los datos más recientes es que la economía mexicana no está en auge, pero cambió de velocidad. Pasó de un arranque de año que rozaba el estancamiento a un ritmo que, sin ser espectacular, multiplica con creces el del primer trimestre. Si el segundo semestre simplemente sostiene ese paso, el pesimismo con el que comenzó 2026 habrá quedado, una vez más, rebasado por los datos.



