El presidente de El Salvador, Nayib Bukele ha convertido su política de seguridad en un referente internacional. Sus megacárceles y el régimen de excepción han capturado la atención de líderes políticos en América Latina y Europa quienes ven en su modelo una solución rápida a la inseguridad.
En Colombia el derechista Abelardo de la Espriella ganador de las presidenciales según datos preliminares, ha prometido construir siete megacárceles inspiradas en el modelo salvadoreño. Mientras tanto, en PerúKeiko Fujimori ha propuesto la construcción de cuatro penales y un megapenal para reos de alta peligrosidad, similar al Centro de Confinamiento del Terrorismo (Cecot) en El Salvador.
El atractivo internacional del modelo Bukele
El modelo de Bukele no solo ha resonado en América Latina. En FranciaJordan Bardella presidente del partido de extrema derecha Rassemblement National ha elogiado la construcción de 40.000 plazas carcelarias en ocho meses en un país de 6 millones de habitantes, destacando su eficiencia.
Sin embargo, este enfoque no está exento de controversias. Críticos señalan que las políticas de Bukele suelen presentarse sin mencionar las denuncias de violaciones de derechos humanos. Sonja Wolf investigadora de la Universidad Panamericana advierte que el ‘modelo Bukele’ no es fácilmente exportable y depende de condiciones específicas de El Salvador.
Las críticas y los costos de la estrategia
Organizaciones como Human Rights Watch y Cristosal han documentado casos de tortura, malos tratos, detenciones arbitrarias y desapariciones forzadas bajo el régimen de excepción en El Salvador. Además, han denunciado el debilitamiento de las instituciones democráticas y la falta de garantías judiciales.
Pese a las críticas, Bukele mantiene altos niveles de popularidad. En febrero de 2026, después de ser reelegido con más del 80% de los votos, destacó los resultados en materia de seguridad, arremetiendo contra sus críticos: «¿Los derechos humanos de quién? De la gente honrada no. Tal vez pusimos prioridad a los derechos de la gente honrada sobre los derechos de los delincuentes.»
La difícil exportación del modelo
Países como Ecuador y Honduras han intentado replicar el modelo de Bukele, pero sin los mismos resultados. En Ecuador, las medidas no han logrado reducir los niveles de violencia, mientras que en Honduras la tasa de homicidios sigue siendo alta.
Juanita Goebertus directora para las Américas de Human Rights Watch, señala que el modelo de Bukele no se basa únicamente en el encarcelamiento masivo, sino también en una concentración de poder y acuerdos encubiertos con pandillas, lo que no es una estrategia sostenible de seguridad pública.



