En las últimas jornadas el Banco Central volvió a comprar divisas de forma sostenida: adquirió US$ 80 millones en una sola jornada y, a una semana del cierre de abril, había sumado alrededor de US$ 2.379 millones en compras. En lo que va del año el acumulado reportado por la entidad alcanza US$ 6.765 millones, mientras que otras métricas de mercado registran cifras cercanas a US$ 6.149 millones, dependiendo de la fuente.
Ese dinamismo se produjo en una sesión de alto volumen: se negociaron cerca de US$ 954 millones, el mayor volumen diario desde marzo del año anterior. La decisión de intervenir responde tanto a la necesidad de fortalecer reservas como al aprovechamiento de un flujo de divisas inusualmente elevado.
De dónde provienen los dólares
El origen del excedente de divisas tiene dos motores principales. Primero, la balanza comercial aportó un superávit notable: el intercambio comercial mostró un saldo favorable en el primer trimestre que, según consultoras, alcanzó aproximadamente US$ 5.508 millones, el más alto en términos nominales y el mayor en términos reales desde 2009. Segundo, las colocaciones privadas en moneda extranjera ayudaron a irrigar dólares en el mercado: empresas liquidaron alrededor de US$ 6.800 millones derivados de emisiones de obligaciones negociables desde octubre.
La contribución del sistema financiero y los créditos en dólares
Además, el stock de préstamos bancarios en dólares aumentó significativamente: en lo que va del año se registró un incremento cercano a US$ 3.525 millones. Estos préstamos, que generalmente se liquidan en el mercado libre de cambios al momento de otorgarse, trasladan liquidez inmediata al mercado cambiario y explican parte del repunte de reservas.
Política cambiaria y objetivos del BCRA
El giro en la estrategia oficial se concretó a inicios de año, cuando el Gobierno habilitó nuevamente la compra de divisas por parte del Banco Central tras un período de ausencia que se extendió desde abril del año pasado hasta diciembre. Esa pausa obedeció a la idea de contener la inflación: las compras implicarían emisión de pesos y, en teoría, podrían presionar al alza los precios. Sin embargo, ante advertencias sobre la fragilidad de las reservas —incluyendo observaciones del FMI— la autoridad monetaria cambió de rumbo.
Metas y ritmo de acumulación
Con el nuevo objetivo, el BCRA se acercó rápidamente a la meta anual inicial de US$ 10.000 millones, que incluso podría ampliarse hasta US$ 17.000 millones en 2026 según estimaciones privadas. Este esfuerzo se apoya en un entorno de mayor oferta de divisas: exportaciones, colocaciones privadas y préstamos en dólares han permitido que el tipo de cambio mayorista retroceda entre 3% y 4% en lo que va del año.
Señales de riesgo y dinámica del mercado de pesos
A pesar de los flujos favorables, aparecen señales que exigen vigilancia. El volumen alto de operaciones y el hecho de que las compras diarias del Central no siempre sean muy elevadas indican que la demanda de divisas está repuntando. Parte del mercado había estado inmóvil por el carry trade, que consiste en aprovechar tasas en pesos elevadas; al caer estas tasas, ese incentivo pierde fuerza y podría reactivar la demanda de dólares.
Al mismo tiempo, la economía muestra indicadores complicados: una inflación que se mantiene cerca del 3% mensual, un aumento del desempleo y una actividad que se encuentra estancada. Estas variables, junto con la reducción de retornos reales en pesos, son factores que podrían presionar el tipo de cambio.
Riesgo electoral y necesidad de colchones
Analistas advierten que, más allá de las compras actuales, el gobierno debe construir colchones de reservas para enfrentar vencimientos externos y la dinámica electoral de 2027. En 2027 el país afrontará vencimientos por más de US$ 30.000 millones, lo que eleva la urgencia de acumular respaldo suficiente para evitar episodios de tensión cambiaria en momentos de alta volatilidad política.
Implicaciones para la política económica
El gobierno firmó acuerdos con organismos multilaterales y aseguró líneas de financiamiento adicionales con el objetivo de recomponer reservas y mantener acceso a mercados. A fines de 2026 las reservas cerraron en torno a US$ 41.167 millones y hoy se sitúan cerca de US$ 46.184 millones, gracias a compras y a flujos comerciales. No obstante, parte de los dólares ingresados se destinaron al servicio de la deuda, lo que atenúa el impacto neto sobre las reservas disponibles.
En síntesis, el escenario actual combina una ventana de liquidez impulsada por exportaciones y emisiones privadas con riesgos macrofinancieros condicionados por la evolución de las tasas, la demanda doméstica de divisas y los vencimientos externos. La capacidad del Banco Central y del equipo económico para transformar estos flujos en un colchón durable será clave para la estabilidad en el mediano plazo.