En los últimos años México ha registrado una disminución que preocupa a demógrafos y a autoridades. El promedio de hijos por mujer en edad fértil se redujo de 1.9 en a 1.2 en, según los datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Esta caída acelerada aleja al país de la tasa de reemplazo establecida en 2.1 hijos por mujer, que permite sostener la población total sin que se produzca un envejecimiento abrupto.

El descenso de la fecundidad no solo se refleja en cifras nacionales; la Ciudad de México muestra un panorama similar, con menos nacimientos registrados a medida que el parque automotor crece. Este contraste evidencia que, a pesar de la prosperidad económica y la urbanización, la decisión de tener hijos se está retrasando o reconfigurando, generando incertidumbre sobre el futuro demográfico del país.

Descenso rápido de la fecundidad nacional

El salto de 1.9 a 1.2 hijos por mujer representa una reducción de alrededor del 37% en apenas cinco años. Este ritmo supera cualquier cambio observado en la última década y coloca a México entre los países con mayor (desaceleración de la natalidad) en América Latina. La caída no es homogénea; las regiones más urbanizadas y con mayor acceso a educación superior exhiben los descensos más marcados, mientras que áreas rurales conservan niveles ligeramente superiores, aunque también en descenso.

Solicitud oficial de la jefa de gobierno

Ante este escenario, la presidenta de la Ciudad de México, Claudia sheinbaum Pardo pidió al INEGI que, en coordinación con la Agencia de Transformación Digital elabore un estudio con datos desagregados que permita responder a la pregunta: «qué está pasando«. Sheinbaum insiste en que el análisis debe incluir variables como nivel educativo, ingreso, acceso a servicios de salud y distribución geográfica, para diseñar políticas públicas que reviertan la tendencia o, al menos, mitiguen sus efectos.

Consecuencias para la estructura poblacional

Una fecundidad por debajo del nivel de reemplazo tiene impactos directos en la edad media de la población. En México, esta cifra pasó de 29 años en a 32 años en, evidenciando un envejecimiento prematuro. El aumento de la edad media implica mayores demandas en sistemas de salud y pensiones, mientras que la fuerza laboral joven se reduce, lo que podría limitar el crecimiento económico a mediano plazo. Además, la disminución del número de niños afecta a sectores como educación, vivienda familiar y consumo de productos infantiles.

El llamado de Sheinbaum subraya la necesidad de comprender las causas detrás de la baja natalidad: desde el costo de la vivienda y la incertidumbre laboral hasta cambios culturales en la percepción de la familia. Un estudio integral, como el que propone la autoridad, podría ofrecer la evidencia requerida para diseñar incentivos eficaces, como apoyos económicos a padres primerizos, facilidades de cuidado infantil y políticas de conciliación laboral que fomenten la decisión de formar familia.