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4 junio 2026

Visita al quilombo Kalunga: cultura, cascadas y turismo comunitario

Kalunga combina historia, paisajes y hospitalidad en un modelo de turismo comunitario que protege tradición y territorio

Visita al quilombo Kalunga: cultura, cascadas y turismo comunitario

En la mitad del siglo XVIII, cuando los caminos interiores se llenaban de expediciones y búsquedas de riquezas, un grupo de personas que escapó de la esclavitud halló refugio en un conjunto de valles y serras a cientos de kilómetros de la nueva capital provincial. Ese asentamiento, hoy conocido como quilombo Kalunga, mantuvo su aislamiento durante siglos y consolidó una forma de vida propia, basada en el conocimiento de la tierra y la transmisión oral de saberes.

La comunidad, protegida por crestas y quebradas, sobrevivió en la periferia del mapa: las ciudades más cercanas estaban a distancias de varios cientos de kilómetros y la modernidad solo llegó con cuentagotas. Personas como Getúlia, nacida y criada en el lugar y fallecida recientemente a los 68 años, recuerdan una existencia sin hospitales ni escuelas, sostenida por la agricultura de subsistencia y los remedios de la flora local.

Historia, territorio y reconocimiento

Los relatos locales ubican el origen del asentamiento en la mitad del siglo XVIII, y señalan que el aislamiento persistió hasta los años 1950, cuando el mundo exterior empezó a tejer lazos con la región. Aunque la demarcación del territorio avanzó en décadas posteriores, hoy solo alrededor del 50% del área reivindicada pertenece oficialmente a la comunidad, lo que deja a los kalunga expuestos a presiones externas. La inclusión en registros de patrimonio y el reconocimiento por instituciones culturales iniciaron un nuevo capítulo: en los años 1990 el lugar fue señalado como sitio histórico, lo que abrió la puerta a visitantes y a la formalización de proyectos locales.

Turismo comunitario y economía local

Durante las últimas dos décadas, el turismo comunitario se convirtió en la principal fuente de ingresos fuera de la agricultura familiar. El modelo es gestionado por los propios quilombolas, que diseñan rutas, administran alojamientos y venden productos cultivados en la región, como vainilla y hortalizas. El liderazgo de figuras como Cirilo dos Santos, de 71 años, fue clave: tras escuchar en la radio sobre la regularización fundiaria en los finales de los años 1980, impulsó gestiones que orientaron la comunidad hacia la autonomía económica.

Organización y servicios

La infraestructura es sencilla y auténtica. En la sede, las calles son de tierra, la energía eléctrica llegó poco antes de la pandemia y aún presenta fallas, por lo que duchas eléctricas y aire acondicionado son lujos intermitentes. Sin embargo, la recepción al visitante se hace en un centro de acogida con una pequeña tienda donde se venden productos locales, y surgieron posadas familiares y restaurantes como Raízes Kalunga y Gamela’s, donde la comida se sirve directamente de las ollas al fogón de leña, con sabores tradicionales que remiten a platos caseros.

Beneficios y límites del modelo

El control comunitario de la actividad turística permite a los kalunga proteger su cultura frente a impactos negativos habituales del turismo masivo. Las decisiones sobre rutas, límites de visitantes y servicios son tomadas localmente, lo que genera empleo y evita la pérdida de identidad. Aun así, la presión por tierras y el acceso solo parcial a la titulación permanecen como desafíos estructurales que condicionan la conservación del lugar.

Paisajes, senderos y cascadas

El territorio sorprende por cascadas y pozas que rivalizan con los escenarios más conocidos del interior brasileño. La cascada Santa Bárbara fue destacada entre los 100 lugares imperdibles por medios nacionales por la transparencia y el tono azul-turquesa de sus aguas. Su pozo amplio y profundo permite el baño seguro, con la asistencia de guías que ofrecen material flotante para quienes lo necesiten. El acceso combina tramos en vehículo y senderos bien señalizados, mantenidos por la propia comunidad.

Capivara y Candaru

La cascada Capivara queda cerca de la sede y exige un esfuerzo físico moderado: la senda de 1,7 km conduce primero a una poza elevada apta para niños y luego, a través de un descenso empinado, al pozo principal con una sensación de borde infinito. Más abajo, en un precipicio, aparece la Candaru, con dos grandes pozos que, aunque menos panorámicos, ofrecen baños refrescantes y una experiencia de contacto directo con la naturaleza conservada.

Saberes tradicionales y hospitalidad

Además de guiar caminatas, las personas locales —muchas de ellas mujeres— comparten conocimientos sobre plantas medicinales, usos tradicionales y técnicas de cultivo, enseñanzas que se transmiten oralmente de generación en generación. Ese acervo intangible es tan valioso como las formaciones rocosas o las cascadas, y explica por qué la comunidad asume la gestión del turismo como herramienta de preservación.

La convivencia con los kalunga es, para muchos visitantes, el momento más significativo. La hospitalidad, la timidez de la gente y gestos sencillos, como una fogata encendida en el patio de una posada, generan diálogos genuinos y memorias duraderas. Al mismo tiempo, la historia reciente recuerda episodios de violencia y sometimiento: en el pasado, la comunidad tuvo que ceder ante invasores y afrontar prácticas degradantes para sobrevivir. Hoy, con turismo propio y comercialización de la producción local, la vida en Kalunga se sostiene con mayor independencia, aunque la lucha por el reconocimiento pleno del territorio continúa.

Autor

Matteo Galli

Matteo Galli siguió la manifestación por el trabajo en la Piazza Duomo, documentando pasajes clave con fotos y actas; cronista de primera página que sugiere las aperturas editoriales matutinas. Creció en Milán, aporta notas gráficas a la redacción y una colección de carteles teatrales.