El Tratado Comercial de América del Norte (T-MEC) se encuentra en un momento decisivo. Hoy, los responsables de Comercio de Estados UnidosMéxico y Canadá se reúnen de forma virtual para decidir si extienden el acuerdo por otros 16 años. La incertidumbre ronda la cumbre debido a las declaraciones erráticas del presidente Donald Trump.
Desde su entrada en vigor en 2026 el T-MEC ha sido objeto de constantes cambios de opinión por parte del mandatario estadounidense. Inicialmente, Trump lo calificó como «el acuerdo comercial más justo, equilibrado y beneficioso que jamás hayamos promulgado«. Sin embargo, en los últimos meses, sus declaraciones han sido contradictorias. El 10 de junio afirmó que su gobierno «no busca» renovarlo, argumentando que Estados Unidos no necesita lo que ofrecen sus socios. Una semana después, cambió de opinión y mencionó que «preferiría no tenerlo, pero quizá lo firme«
Posturas de México ante la incertidumbre
Ante este panorama, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ha mantenido la calma. «Estamos tranquilos porque hemos hecho lo que tenemos que hacer«, declaró. Sheinbaum recordó que, incluso si Trump decide no renovar el tratado, las disposiciones vigentes garantizan su vigencia por 10 años.
El secretario de Economía, Marcelo Ebrard ha explicado los dos escenarios posibles. El primero implica una revisión en seis años y una ampliación de la vigencia hasta 2042 extendiendo el acuerdo por 16 años adicionales. El segundo escenario mantendría la vigencia de 10 años hasta 2036 con revisiones anuales de alcance limitado.
El juego de expectativas de Trump
La actitud de Trump ha sido descrita por analistas como un juego de expectativas. En Wall Street se ha acuñado el término TACO (Trump Always Chickens Out) para referirse a su tendencia a hacer amenazas agresivas y luego retractarse. Este comportamiento ha generado incertidumbre en las negociaciones del T-MEC.
Sin embargo, a diferencia de otros temas, la postura de Trump contra el T-MEC no cuenta con el respaldo de una porción significativa del electorado ni de la clase política de su partido. Incluso los empresarios estadounidenses, principales defensores del tratado, tienen cadenas de producción que abarcan los tres países, lo que hace que su continuidad sea crucial para sus intereses.
El futuro del T-MEC más allá de Trump
México tiene poco que temer sobre la permanencia a largo plazo del tratado. Si Trump decide descarrilarlo, basta con esperar a su relevo en el Despacho Oval para ponerlo nuevamente en pie. Incluso, podría ser en términos más favorables que con el trumpismo.
La continuidad del acuerdo está garantizada por las disposiciones vigentes y el apoyo de los sectores empresariales de los tres países. La incertidumbre actual es solo un capítulo más en la historia del tratado, que ha demostrado ser resistente a los cambios de opinión del presidente estadounidense.



