En una franja selvática del municipio de Othón P. Blanco se ha registrado un conjunto arqueológico que promete reescribir partes de la historia regional. El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) informó sobre la identificación de El Jefeciño, un asentamiento con cerca de 80 estructuras que ocupa al menos 100 hectáreas. El reporte fue originado por habitantes locales que compartieron la ubicación durante las labores del Proyecto de Salvamento Arqueológico Tren Maya ejecutadas entre 2026 y 2026, lo que permitió a especialistas iniciar el registro y la evaluación preliminar del sitio.
Los arqueólogos coinciden en situar la mayor parte de los vestigios dentro del periodo Clásico Temprano/Tardío (250-900 d.C.), época en la que se desarrolló el conocido estilo Petén de la arquitectura maya. Ese estilo, originario de la cuenca del Petén, se caracteriza por construcciones abovedadas y molduras que adornan fachadas monumentales. En El Jefeciño se observan rasgos congruentes: grandes bóvedas, esquinas redondeadas y molduras en delantal, elementos que confirman la filiación estilística y la monumentalidad de la urbe.
El hallazgo y su contexto
El registro oficial fue parte del trabajo de salvamento arqueológico en el Tramo 7, coordinado por especialistas como Manuel Pérez Rivas. La prospección fue codirigida por Sonny Moisés Ojeda González (Zona Arqueológica Dzibanché Kinichná) y Diana Karina Blancas Olvera (Zona Arqueológica Kohunlich), quienes documentaron la extensión y el estado de conservación. Además de confirmar la presencia de estructuras monumentales, el equipo dejó constancia de que la ciudad puede prolongarse más allá de la superficie ya mapeada, por lo que se plantean trabajos de cartografía aérea para delimitar su verdadera dimensión.
Características arquitectónicas
En el núcleo del asentamiento se identificó un conjunto de cinco edificios que disponen los espacios públicos en forma de plaza en ‘C’. Estas construcciones miden entre 11 y 14 metros de altura y presentan longitudes de 16 a 40 metros, lo que evidencia una inversión constructiva notable para la región. En varios inmuebles se documentaron bóvedas mayas en buen estado de conservación, tres de las cuales fueron registradas con claridad, así como subestructuras con moldura de delantal y estratos constructivos que sugieren cuatro o cinco fases de edificación.
Elementos decorativos y restos humanos
Entre los hallazgos superficiales destacan fragmentos de estuco con pintura mural, de colores blanco y naranja con franjas rojas, localizados en el edificio identificado como No. 53035. Los especialistas describen la pintura como de carácter decorativo, no narrativo, aunque su análisis detallado requerirá excavaciones controladas. Junto a estas evidencias aparecieron fragmentos óseos que podrían corresponder a un contexto de entierro; sin embargo, al no haberse realizado aún un salvamento arqueológico, los restos permanecen in situ y pendientes de estudio.
Investigación futura y tecnología aplicada
INAH anunció la intención de emplear mapeo LiDAR aéreo para precisar el trazado urbano y los límites del asentamiento. Esta tecnología permitirá identificar estructuras ocultas por la vegetación y guiar trabajos de conservación y consolidación. Las labores de campo realizadas entre 2026 y 2026 fueron de registro y evaluación; por ahora no se ha procedido a recuperar materiales ni a excavar sistemáticamente, lo que preserva el contexto arqueológico hasta que se diseñe un proyecto de intervención más amplio.
Relevancia regional
El descubrimiento de El Jefeciño se suma a otros asentamientos encontrados en el mismo municipio, incluida una localidad cerca de Mahahual reportada hace seis o siete años, que tenía un carácter mayoritariamente doméstico. La comparación entre sitios monumentales y conjuntos habitacionales puede aportar claves sobre las redes políticas, sociales y comerciales en el sur de Quintana Roo. Autoridades culturales como la secretaria de Cultura, Claudia Curiel de Icaza, han subrayado que el trabajo conjunto con las comunidades locales es fundamental para resguardar la memoria histórica compartida y planear una investigación responsable.