Saltar al contenido
4 junio 2026

Recortes en defensa ponen a las Fuerzas Armadas al borde de la operatividad

Un contraste entre anuncios de reequipamiento y ajustes fiscales que afectan logística, salud y salarios dentro de las Fuerzas Armadas

Recortes en defensa ponen a las Fuerzas Armadas al borde de la operatividad

La gestión pública en materia de defensa muestra una doble imagen: por un lado, la compra y exhibición de F-16 y maniobras conjuntas con aliados extranjeros; por otro, un plan de austeridad que ha provocado recortes presupuestarios severos. Las medidas recientes suprimieron casi 49.000 millones de pesos (alrededor de US$35 millones al cambio oficial) del presupuesto de los organismos vinculados a la defensa, parte de una poda general del Estado que suma aproximadamente 2,4 billones de pesos (unos US$1.72 mil millones) según la información oficial. Este ajuste ha encendido alarmas sobre la capacidad operativa y el sostenimiento cotidiano de unidades, personal y servicios esenciales.

Las cifras recortadas por cartera y fuerza incluyen montos concretos: la Ministerio de Defensa pierde 6.055 millones de pesos, el Ejército 12.622 millones, la Armada 11.82 millones y la Fuerza Aérea 16.5 millones. Desde el punto de vista logístico, fuentes especializadas advierten que la austeridad impacta en reclutamiento, mantenimiento operativo y equipamiento. Además, proyectos esperados por la Armada, como la incorporación de cuatro helicópteros navales ligeros para la base de Puerto Belgrano, vieron cancelada la línea de crédito externa que los respaldaba.

Impacto en programas y logística

Las partidas que financian modernización y sostenimiento sufrieron recortes puntuales: el FONDEF perdió 3.300 millones de pesos, el Programa de Logística de Defensa vio reducida en 1.000 millones la partida para reparación y mantenimiento de vehículos, y el Servicio de Hidrografía afrontó una baja de 1.700 millones destinada a maquinaria y equipos. El resultado es una reducción en la capacidad de conservar flotas, hangares y centros de mantenimiento, con efectos en la disponibilidad de unidades y la seguridad operacional. Expertos militares alertan que estas mermas dificultan desde el transporte de personal hasta los ejercicios básicos de adiestramiento.

Contrastes entre anuncios y realidad

Mientras el Gobierno promueve el Plan ARMA, orientado a reequipamiento y adecuación militar financiado por ventas de activos, la ejecución presupuestaria y el calendario de privatizaciones demoran la llegada de recursos. Por eso, la retórica sobre blindados, bases antárticas o la adquisición de F-16 convive con unidades que recurren a soluciones improvisadas para insumos, repuestos y movilidad. Analistas señalan que la inversión en material de alto porte puede tener impacto simbólico a corto plazo, pero no compensa la erosión cotidiana de la capacidad operativa si no se garantiza mantenimiento, combustible y salarios dignos.

Crisis sanitaria y social dentro de las fuerzas

El sistema de salud de las fuerzas cambió de forma y nombre, pasando de IOSFA a OSFA, y registró un deterioro financiero acelerado: de un superávit declarado a un déficit reportado cercano a 248.000 millones de pesos. Ese colapso repercute en la prestación de servicios básicos, la entrega de medicamentos oncológicos y la provisión de insulina. La crisis sanitaria se volvió asunto humano cuando la falta de cobertura motivó una tragedia personal: el caso del suboficial mayor Carlos Héctor Velázquez, quien dejó un escrito que atribuyó su decisión a la imposibilidad de continuar su tratamiento. A raíz de esa situación, el responsable de la obra social presentó su renuncia y fue reemplazado, aunque la deuda y la desorganización permanecen como problemas estructurales.

Consecuencias materiales

Los recortes afectan también gastos corrientes: reducción de suministros alimentarios, menos combustible para transportes y maniobras, y demoras en pagos o servicios básicos en unidades. La caída de salarios frente a una alta inflación convirtió en habitual que gran parte del personal dependa de la ración diaria en los cuarteles. Esa realidad cotidiana erosiona la moral y dificulta el reclutamiento y la retención de personal técnico calificado, ampliando el riesgo de pérdida de capacidades críticas a mediano plazo.

Fricciones políticas y críticas públicas

El ajuste generó cruces entre dirigentes. El exministro y actual legislador Luis Petri defendió su paso por la cartera alegando que se sacó a las Fuerzas de “un sótano ideológico” y que el esfuerzo pedido al estamento castrense forma parte de la búsqueda del déficit cero. La vicepresidenta Victoria Villarruel respondió con dureza, exigiendo rendición de cuentas y responsabilizando a quienes dirigieron la política de defensa. Exautoridades y jefes retirados como Agustín Rossi y César Milani criticaron la gestión por ejecutar una política de vaciamiento del fondo de re-equipamiento y priorizar compras emblemáticas sobre la salud y el salario del personal. En redes sociales se multiplican las denuncias sobre marketing político asociado a aeronaves de combate frente a hangares y talleres deteriorados.

El panorama muestra una tensión entre una estrategia de alto perfil y la necesidad de sostener lo básico. La discusión pública gira en torno a si es posible combinar adquisiciones estratégicas con una restauración sostenida de la logística, la salud y las condiciones laborales, o si, en cambio, las medidas actuales están dejando a las Fuerzas Armadas en un estado de vulnerabilidad operativa y social. Mientras tanto, el debate político y las voces dentro del estamento no dan señales de calma.

Autor

Edoardo Castellucci

Edoardo Castellucci, veneciano, recuerda una degustación en Burano donde anotó los perfiles de un queso local: aquel episodio marcó el tono de su columna sobre vinos y sabores. En la redacción impulsa relatos sensoriales y guarda grabaciones de sommeliers y productores.