La figura de Moctezuma Xocoyotzin se encuentra envuelta en relatos que mezclan historia, mito y advertencia. Los cronistas coloniales y los códices indígenas registraron una serie de señales consideradas por los mexica como presagios de catástrofe. Estas señales, conocidas popularmente como los «ocho presagios», aparecen en las fuentes recopiladas por figuras como Bernardino de Sahagún, cuya obra General History of the Things of New Spain (1540—1585) es una referencia clave para entender cómo se transmitieron estas historias.
Los estudios contemporáneos, entre ellos los del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, han reorganizado y reexaminado esos relatos, separando la descripción original de las interpretaciones posteriores europeas. Desde la perspectiva de los conquistadores, muchos de estos hechos fueron tachados de superstición o vinculados a la herejía; pese a ello, las crónicas indígenas conservan testimonios que describen fenómenos naturales, sucesos en templos y apariciones sobrenaturales que provocaron asombro y temor en la capital mexica.
Señales de fuego y destrucción en los templos
Entre los primeros presagios se narra la visión de una especie de espiga de fuego cruzando el firmamento, un fenómeno relatado en los códices y asimilado por los cronistas como un aviso del cielo. Poco después, templos importantes sufrieron destrozos producto de llamas inesperadas: el santuario de Xiuhtecuhtli, dios del fuego y de los años, fue alcanzado por un rayo que lo consumió, y la casa de Huitzilopochtli, deidad de la guerra, vivió incendios nocturnos que no pudieron apagarse con facilidad. Estos episodios se interpretaron como tetzahuitl, una reacción de horror colectivo frente a hechos que escapaban a la explicación inmediata.
Fenómenos celestes y catástrofes naturales
En otro momento los relatos describen una lluvia de estrellas o meteoros que cayeron con intensidad, un espectáculo que testigos contemporáneos vieron como un «chorro de fuego» descendiendo sobre la tierra. A esto siguió un incremento inusual de la temperatura en el lago cercano: las crónicas relatan que el agua de Lago Texcoco pareció hervir y desbordarse, alcanzando viviendas y lugares sagrados. Bernardino de Sahagún recopiló descripciones donde se indica que el desborde «llegó a los principios de las casas», subrayando la sensación de desastre inminente que vivió la población.
Interpretaciones de los fenómenos
Las explicaciones posteriores oscilaron entre causas naturales —meteoritos, rayos, incendios espontáneos— y lecturas simbólicas del acontecimiento. Investigadores actuales del Instituto de Investigaciones Históricas advierten que los relatos mezclan observación física con símbolos religiosos: el fuego sobre templos y la subida del agua se leen tanto como sucesos materiales como señales con carga ritual. La convivencia de ambos planos hizo que los mexica interpretaran estos hechos como una advertencia directa al tlatoani y a la ciudad.
Voces, seres extraños y el animal con cabeza de estrella
Además de desastres naturales, los relatos mencionan manifestaciones inquietantes: por las noches se escuchó el llanto de una mujer que clamaba por sus hijos, una frase que los cronistas vincularon con la leyenda de La Llorona. Algunos historiadores contemporáneos relacionan ese lamento con figuras como Malintzin —la mujer asociada a Hernán Cortés— o con mujeres que dieron a luz tras agresiones, lo que refleja la complejidad social y emocional de la época. Estas interpretaciones muestran cómo un mismo sonido puede generar mitos y narrativas diversas.
Animales y apariciones
También se narra la aparición de un enorme ave emergida del lago, descrita con una piedra oscura incrustada en la cabeza: una pieza de obsidiana que reflejaba las estrellas y la cara de quien la miraba. En la cosmovisión mexica la obsidiana era sagrada, asociada al corazón de Huitzilopochtli, y ver en ella el alma o el reflejo propio tenía una carga ritual enorme. Finalmente, los últimos presagios incluyen la visión de seres de dos cabezas y figuras híbridas que miraban al tlatoani y luego desaparecían, episodios que los cronistas describieron como apariciones que aterrorizaron al poder.
Cómo llegaron estos relatos hasta nosotros
Las fuentes que conservamos provienen de códices indígenas y de textos coloniales, con Bernardino de Sahagún como intermediario fundamental. Su obra, compilada entre 1540—1585, reunió testimonios directos y tradiciones orales que luego fueron interpretadas por autoridades coloniales desde una cosmovisión europea. Instituciones académicas como la UNAM han recuperado y analizado esos materiales, ofreciendo lecturas que distinguen entre fenómeno observable, simbolismo religioso y la carga política que tuvieron estos relatos en el contexto de la conquista.
Hoy, los ocho presagios atribuidos a Moctezuma siguen siendo estudiados como documentos que mezclan lo histórico y lo mítico, piezas esenciales para entender la percepción mexica del desastre y cómo esa percepción fue registrada y transformada por los cronistas. La combinación de relato, evidencia material y simbolismo ritual permite reconstruir una visión compleja de los días que precedieron la caída de México-Tenochtitlán.