En la Reunión Nacional de Consejeros Regionales de BBVA en Ciudad de México, el economista Santiago Levy expuso un diagnóstico severo: la productividad del país es hoy inferior a la de hace 25 años. Ese panorama aparece en un contexto complejo: datos preliminares del INEGI muestran que la economía mexicana se contrajo 0.8% en el primer trimestre de 2026 frente al trimestre previo y creció apenas 0.2% en términos anualizados. En 2026 el crecimiento fue de 0.8%, pese a niveles récord de inversión extranjera directa, exportaciones y un aumento en el turismo superior al 6%.
Levy calificó el estancamiento de productividad como una auténtica tragedia económica y puso énfasis en la división entre empresas formales e informales como el núcleo del problema. El economista explicó que, aunque existen núcleos exportadores de alta eficiencia gracias a tratados como el USMCA, gran parte de la economía opera con bajos niveles de rendimiento. Las cifras de informalidad laboral son notorias: la tasa de informalidad se ubicó en torno al 54.8% y la proporción de empleo formal apenas subió de 39% a 44% en dos décadas, condiciones que, según Levy, encadenan la productividad a la baja.
¿Qué mide la caída de productividad y por qué importa?
Al examinar el fenómeno, Levy destacó indicadores técnicos como la productividad total de los factores, que BBVA ha señalado como negativa durante más de tres décadas y que, según el banco, resta en promedio 0.5 puntos porcentuales al crecimiento anual. Ese indicador revela que el avance económico se ha apoyado más en la acumulación de capital y materiales que en la mejora de la eficiencia, la innovación o el uso de tecnologías. En términos prácticos, Levy sostuvo que un peso invertido en una empresa formal genera un 39% más de aporte al PIB que ese mismo peso en una unidad informal; si los recursos canalizados a la informalidad en las últimas dos décadas hubieran ido al sector formal, la productividad agregada sería un 27% superior y el ingreso per cápita 17% mayor, sin aumentar horas trabajadas ni niveles de inversión.
Causas estructurales y efectos sociales
La brecha entre formalidad e informalidad
La segmentación laboral tiene efectos que trascienden cifras. Levy señaló que el trabajador promedio pasa aproximadamente 46% de su vida laboral en la formalidad y 54% en la informalidad, un patrón que afecta pensiones, seguridad social y recaudación fiscal. Además, explicó que políticas que amplían la cobertura social sin alterar incentivos pueden, de hecho, subsidar la informalidad: ofrecer servicios similares a los formales y a los informales al mismo tiempo reduce las señales que empujarían a la regularización. Por eso, el economista aboga por una secuencia coherente de reformas tributarias y de protección social para cambiar los costos y beneficios de la contratación legal.
Educación, intangibles y capital humano
BBVA advirtió que en economías con alta productividad el impulso viene de los intangibles —software, investigación y desarrollo y capital humano avanzado—, mientras que en México sólo alrededor del 13.8% de la fuerza laboral tiene educación superior. Esa limitación reduce la adopción de tecnologías y mantiene a muchas empresas en modelos de bajo valor agregado. Así, la falta de inversión en educación, capacitación y en activos intangibles aparece como otra barrera para cerrar la brecha de productividad.
Reformas, oportunidades y el rol de la inversión
Ante este panorama, Levy propuso construir un consenso nacional a favor de reformas graduales en materia laboral, fiscal y de protección social con el objetivo de hacer más atractivo el tránsito hacia la formalidad. En la misma reunión, Carlos Torres Vila, presidente de BBVA, subrayó que México se encuentra en una coyuntura con «enormes oportunidades»: la proximidad con Estados Unidos, integración en cadenas globales y condiciones para el nearshoring pueden atraer inversión. Torres Vila resaltó que más del 80% de las exportaciones mexicanas entran a EE. UU. sin aranceles y que el país cuenta con costos laborales competitivos, estabilidad macroeconómica y talento que pueden potenciarse con inversión en infraestructura, innovación y tecnología, incluyendo inteligencia artificial.
Conclusión: balances y caminos a seguir
El diagnóstico presentado en la cita de BBVA combina advertencia y oportunidad: México arrastra una pérdida de eficiencia que limita el crecimiento pese a avances en comercio y flujos de capital, pero cuenta con factores que favorecen la atracción de inversión. La salida, según los expertos, pasa por políticas coherentes que incentiven la formalidad, mayor apuesta por la educación y los intangibles, y la modernización de infraestructura y marcos regulatorios. En definitiva, convertir las ventajas geoeconómicas en crecimiento inclusivo requerirá consenso, secuencia de reformas y recursos dirigidos a cerrar la brecha entre lo formal y lo informal.
