La caída en la afluencia turística que enfrenta Los Cabos durante 2026 es, en buena medida, un problema de percepción. Tras la detención y muerte de Nemesio «El Mencho» Oseguera Cervantes el 22 de febrero de 2026, se difundieron imágenes y testimonios de quema de vehículos y bloqueos en diversas regiones del país que no ocurrieron en la península, pero sí alteraron la confianza de viajeros y empresas. Ese fenómeno —la discrepancia entre riesgo real y miedo colectivo— ha tenido efectos tangibles sobre reservas y demanda, especialmente cuando compañías emiten advertencias corporativas que prohíben viajes a México para su personal.
Los datos aeroportuarios aportan matices importantes a la historia. Según Grupo Aeroportuario del Pacífico (GAP), las llegadas internacionales aumentaron respecto a 2026 en enero (+2.6%) y febrero (+4.2%), pero en marzo se registró una caída del 7.1%, al pasar de más de 545,000 pasajeros en 2026 a 507,000 en 2026. Aun así, el acumulado anual muestra solo un descenso del 0.7% en llegadas internacionales, mientras que la primavera reportó récord de ocupación hotelera en Semana Santa (90%) y fuerte presencia de spring breakers, lo que sugiere una recuperación rápida en determinados segmentos.
Demanda internacional: percepción frente a realidad
Desde la óptica de la oferta, dirigentes hoteleros como Mauricio Salicrup han señalado que el inicio del año estuvo marcado por una sensación de inseguridad que se proyectó en otros mercados, sobre todo en Estados Unidos y Canadá. En entrevistas se mencionaron caídas de demanda de hasta 49% en viajeros estadounidenses, 23% en canadienses y un descenso del 16% en la demanda general, cifras que describen la reacción ante la cobertura mediática. Empresas del sector de viajes, como CruisingStores, reportaron bajas de reservas cercanas al 40% en las semanas siguientes a las imágenes de violencia, mientras que destinos específicos como Puerto Vallarta sufrieron caídas más pronunciadas (−32% en marzo).
El retroceso del turismo doméstico
Cifras mensuales y tendencia
Más allá del impacto internacional, el problema persistente y cuantificable es la caída del turismo nacional. Los datos del Aeropuerto Internacional de Los Cabos muestran nueve meses consecutivos de descenso interanual en pasajeros domésticos: en julio de 2026 bajaron más de 10,000 pasajeros respecto a 2026; en agosto, más de 6,000; septiembre, más de 12,000; octubre, más de 17,000; noviembre, 9,000; diciembre, 13,000; enero, 13,000; febrero, 6,000; y en marzo, más de 15,000. Esa erosión sostenida explica que, aunque las llegadas internacionales caigan solo marginalmente, el turismo total esté por debajo del año anterior en un 2.5%.
Causas económicas y efecto precio
Las razones del menor flujo doméstico son en gran medida económicas. La desaceleración de la economía interna y la inflación han reducido el poder de compra de los consumidores, y Los Cabos figura como uno de los destinos más caros del país. La tarifa media diaria de hotel pasó de US$458 en 2026 a US$429 en 2026; aun así, una semana puede acercarse a los US$3,000 para muchos viajeros. Con alternativas más cercanas y baratas, y costos de vuelos domésticos que no siempre justifican el gasto, los turistas nacionales han priorizado otras opciones, amplificando la caída local.
Perspectivas y riesgos para la temporada
El futuro inmediato depende de dos variables claras: la evolución de la percepción pública y la ausencia de nuevos episodios que alimenten la alarma mediática. Expertos del sector advierten que la baja en reservas puede ser temporal si no hay repetición de hechos violentos que capten la atención internacional; sin embargo, si las advertencias corporativas y la desconfianza persisten, el impacto en reservaciones para el verano podría ser notable. Históricamente, el turismo internacional representaba alrededor de dos tercios de la llegada anual a Los Cabos, frente a un tercio proveniente del mercado doméstico; esa estructura hace que la recuperación dependa en gran parte de la reactivación de la demanda interna y del restablecimiento de la imagen segura del destino.
En resumen, Los Cabos vive una paradoja: la península mantiene un perfil de seguridad en términos reales, pero la narrativa nacional y las consecuencias económicas del país entero están alterando los flujos turísticos. Para mitigar el efecto se requieren estrategias coordinadas de comunicación, apoyo a negocios locales y seguimiento cercano de las cifras de trafico aéreo y ocupación hotelera, de modo que la percepción vuelva a alinearse con la realidad y se recupere la confianza de viajeros internacionales y mexicanos.