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3 julio 2026

Morgue improvisada en Los Silos: La búsqueda desesperada de familiares en Venezuela

En medio del caos tras los terremotos en La Guaira, las familias enfrentan el doloroso proceso de identificar a sus seres queridos en una morgue improvisada en Los Silos.

Morgue improvisada en Los Silos: La búsqueda desesperada de familiares en Venezuela

Bajo el sol abrasador de La Guaira, una escena de dolor y desesperación se repite una y otra vez. En las afueras de Los Silos una estructura de concreto que solía ser un almacén portuario, ahora se ha convertido en una morgue improvisada tras los devastadores terremotos del 24 de junio.

Las familias, con el corazón en la mano, esperan para confirmar la peor de sus pesadillas: la muerte de sus seres queridos. La espera es larga, casi insoportable, para quienes ya han pasado días buscando entre hospitales, refugios y ruinas.

El proceso de identificación: un calvario sin fin

Dentro de Los Silos, el olor a descomposición golpea de inmediato. Los cuerpos, cubiertos con bolsas de plástico, yacen en hileras bajo el sol intenso, acelerando su descomposición. Las familias tienen dos opciones: intentar identificar a sus seres queridos por la ropa que llevaban o sentarse frente a dos televisores donde más de 1.000 imágenes de cadáveres se deslizan en una secuencia interminable.

Las imágenes muestran cuerpos con rostros hinchados, piel oscurecida y marcados por los golpes, el calor y el tiempo. Muchos son irreconocibles. Las familias buscan cualquier rastro: un tatuaje, una pulsera, una prenda de ropa o cualquier señal que permita reconocerlos. Las trabajadoras deslizan los dedos en un iPad para pasar de una foto a otra, haciendo zoom en los dientes, tatuajes o cicatrices cuando es necesario.

Testimonios desgarradores

Liliana González una habitante de Catia La Mar de 60 años, logró reconocer a su sobrino de 37 años gracias a un tatuaje. «Esto parece una película de terror», confiesa. «Yo vi a mi mamá cuando murió, pero esto… esto no es lo mismo».

Modesta Alemán de 56 años, ha venido desde Carayaca buscando a su hermana mayor, Matilde. Su edificio en Playa Grande fue uno de los más afectados. «Nos dijeron que no había vida. Que todos estaban muertos», cuenta. Sin embargo, voluntarios escucharon voces pidiendo auxilio, pero nadie los sacó.

Jéssica Soto de 42 años, espera los restos de su hija de 15 años y su nieta de 3 años, quienes quedaron atrapadas en su apartamento. «Te ponen a esperar y a esperar hasta que lleguen los papeles, los camiones y no sé qué más hay que esperar», dice. Sus cuerpos llevan días expuestos al sol en urnas.

La espera interminable

El proceso de identificación puede durar horas. Una vez reconocido el cadáver, comienza la gestión para retirar el cuerpo. Se toman las huellas dactilares, si es posible, y los cuerpos son introducidos en urnas. Luego, se inicia el trámite para la entrega del acta de defunción, un documento indispensable para que las funerarias puedan retirar los restos.

La cifra de muertos ya llega casi a 2.600 en toda Venezuela, y se espera que aumente significativamente. Las familias, en medio de su dolor, encuentran un rayo de esperanza en la solidaridad de los trabajadores que las acompañan en este difícil momento.

Autor

Diego Morales

Diego Morales escribe igual de bien sobre la táctica de un derbi madrileño y una ruta gastronómica por Asturias. Periodismo deportivo con contexto y crónica de viaje con itinerario real.