En marzo, la construcción de Torre Rise alcanzó los 305 metros, la misma cota que la actual referencia vertical del país, la T.OP Tower 1. Desde el nivel de calle ambas estructuras se ven hoy emparejadas: dos siluetas que se elevan de forma paralela sobre el sector poniente de Monterrey, marcando un nuevo momento en la transformación del perfil urbano de la ciudad.
La edificación, iniciada como inversión privada en mayo de 2026, sigue avanzando con la intención de convertirse en un símbolo de modernización y atracción de capital. La promesa es ambiciosa: pasar de los 305 metros actuales a una torre de 101 pisos y 484 metros proyectados, lo que la colocaría como el rascacielos más alto de México y Latinoamérica, además de situarla como la segunda más alta de las Américas, por detrás del One World Trade Center.
Diseño, programa y responsables del proyecto
El complejo es impulsado por el grupo desarrollador Nest y firmado por el arquitecto Esteban Ramos, de la Ancore Group. El programa mixto combina funciones hoteleras, corporativas y residenciales: diez plantas destinadas a un hotel, cuarenta pisos de oficinas y veinte niveles de departamentos. Además, la propuesta incluye un mirador, un restaurante, un espacio para exposiciones culturales, dos niveles de comercios y catorce plantas de estacionamiento, configurando un edificio pensado para usos múltiples en el corazón de la ciudad.
Impacto urbano y económico
Los promotores presentan a la Torre Rise como un motor de atracción de inversión y generación de empleos. Se espera que la concentración de actividades en torno a la torre contribuya a la reapropiación del centro y a un modelo urbano de mayor densidad que favorezca la economía local. En palabras de un portavoz de Nest publicadas en medios internacionales, el proyecto apunta a impulsar un crecimiento más sostenible y a revitalizar la vida en el centro metropolitano, con beneficios directos en el mercado inmobiliario y en la oferta de servicios.
Relación con el entorno
Ambas torres fueron concebidas por un mismo consorcio y hoy compiten visualmente con el emblemático Cerro de Obispado y el Palacio Episcopal, un hito histórico del siglo XVIII. Ese diálogo entre patrimonio y nueva verticalidad redefine la percepción de la ciudad y plantea desafíos sobre integración urbana, movilidad y conservación del paisaje cultural.
Calendario y contexto deportivo
Los responsables de la obra estiman que la construcción estará concluida antes del inicio de la Copa Mundial de la FIFA 2026, torneo en el que Monterrey será sede; la programación incluye el partido Suecia-Túnez del 14 de junio, que abre la participación de la ciudad en el evento. El calendario ajustado busca aprovechar la visibilidad internacional que arrojará el campeonato para posicionar la torre como parte de la nueva imagen urbana.
Estado actual y proyecciones
En marzo la obra logró empatar en altura con la T.OP Tower 1, y desde ese hito se presenta como una estructura en plena ascendencia hacia su meta final de 484 metros. Si se cumplen los plazos previstos, la Torre Rise no solo reescribirá los records locales, sino que también cambiará la jerarquía de rascacielos a nivel continental y global, colocándose entre los top del continente y dentro de las primeras posiciones en el mundo.
Reacciones y comunicación pública
La expectativa en la sociedad regia se alimentó con piezas visuales difundidas por autoridades; el gobernador de Nuevo León, Samuel García, compartió una animación en su página de Facebook el año pasado que muestra la volumetría rectilínea del proyecto. La presencia mediática y las declaraciones públicas subrayan cómo la obra funciona también como instrumento de promoción del desarrollo urbano y del posicionamiento internacional de la ciudad.
Con todo, la Torre Rise se asienta como un proyecto que combina ambición arquitectónica, programas mixtos y objetivos económicos, mientras que la ciudad observa cómo su skyline se prepara para un cambio notable en los próximos meses.