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4 junio 2026

Milei y la erosión de la libertad de prensa en Argentina

Una mirada crítica a la elección de 2026, los ataques a periodistas y la caída en el índice mundial de libertad de prensa

Milei y la erosión de la libertad de prensa en Argentina

Una semana antes de las elecciones de 2026 publiqué en la tapa un llamado claro: No voten por Milei. Esa advertencia no fue retórica: apuntaba a rasgos que, desde mi experiencia, amenazaban la convivencia democrática. En la columna señalé que su campaña confrontaba no sólo a ciertas políticas públicas sino al propio funcionamiento del sistema democrático; que cuestionaba sufragio universal, secreto y obligatorio, citando a quienes impulsaron esos mecanismos en 1916 y 1983; y que, en mi lectura, el espacio político tenía rasgos antidemocráticos que no convenía potenciar.

De advertencia a desconcierto público

La historia reciente del país explica por qué muchas personas priorizan certezas económicas por encima de otras consideraciones: viví la dictadura de 1976-1983, una época en que sectores que decía buscar orden y estabilidad terminaron destruyendo vidas y derechos. Esa pulsión por priorizar la estabilidad de la moneda a cualquier costo —la frase de Mariano Grondona sobre que “era preferible que el dólar flotara aunque flotaran cadáveres”— revela una trampa: creer que las elites pueden manejar y domar a un líder extremo desde el poder. Hoy esa ilusión se repite entre votantes y mandatarios que pensaron poder encauzar la figura que eligieron.

El impacto sobre la prensa y la democracia

La llegada al gobierno mostró pronto sus efectos concretos sobre libertad de prensa. Durante una sesión en la Cámara de Diputados, el Comité de Libertad de Expresión expuso agresiones y cierres: se llegó a clausurar la Sala de Prensa de la Casa de Gobierno, que debió reabrir días después. En ese contexto el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, declaró sentirse fortalecido tras su paso por el Congreso; el Presidente, al retirarse, lanzó a la prensa un insulto público: «¡Ladrones!», gesto que condensó la tensión entre poder y periodistas.

Señales institucionales y datos

Organizaciones del sector encendieron alertas. FOPEA analizó los más de 113.000 tuits del Presidente y publicó un informe titulado Insulto como estrategia, mientras la Academia Nacional de Periodismo prepara un pronunciamiento para el 7 de junio, Día del Periodista. La ONG Reporteros sin Fronteras registró un retroceso histórico de Argentina en el Índice Mundial de Libertad de Prensa 2026: la caída de 11 lugares hasta el puesto 98 es una señal inequívoca de deterioro.

La responsabilidad de quienes informan

Parte del daño viene de adentro. Tras años de confrontación con gobiernos anteriores, algunos medios y periodistas asumieron que cualquier alternativa al peronismo sería preferible, aun cuando fuera extrema. Esa ceguera permitió que se normalizaran discursos y prácticas que ahora perjudican a la propia prensa. No se trata sólo de error: hay quienes permanecen alineados por conveniencia, dificultando una autocrítica necesaria. Los periodistas, en consecuencia, cargamos con una doble responsabilidad: fuimos parte del proceso que alimentó al fenómeno y somos ahora víctimas de sus consecuencias.

La sensación pública: lo familiar que se vuelve extraño

Una reacción frecuente hoy es preguntarse «¿voté esto?». Ese vértigo político recuerda al concepto freudiano del unheimlich, lo siniestro que emerge cuando lo familiar se transforma en amenaza. Esa sensación va acompañada de culpa y perplejidad: los ciudadanos se confrontan con la posibilidad de responsabilidad colectiva y con la urgencia de aprender lecciones profundas sobre límites institucionales y ética cívica.

Lecciones para el futuro y cierre

No existe marcha atrás mágica: como genios que salen de una lámpara, ciertas dinámicas políticas, una vez en marcha, no admiten simple represión. La salida democrática es acudir a las urnas y preparar una respuesta institucional; pero lo esencial es la enseñanza que quede. Si comprendemos que la eficacia económica carece de valor cuando se pisa la democracia —si aceptamos que no hay economía de laboratorio fuera del ecosistema político y moral— entonces habremos ganado algo pese al daño. Los periodistas deben mirar al espejo: insistir en la independencia, recuperar la autocrítica y no apartar la vista del rostro que, en su momento, contribuyeron a construir.

La imagen del Presidente gritando «¡Ladrones!» al salir del Congreso resume mucho de este relato: es un espejo que obliga a preguntarnos quiénes somos y qué hicimos. Mantener la mirada sobre esa escena y extraer sus enseñanzas es, quizá, la mejor garantía para que la democracia recupere su pulso.

Autor

Roberto Capelli

Roberto Capelli, de Milán, registró los datos de una cafetería empresarial durante una investigación sobre la comida en el trabajo; esa mirada epidemiológica marcó su línea editorial, centrada en elecciones alimentarias mesuradas. En la redacción defiende la claridad científica y conserva recetas ligeras escritas a mano.