Un episodio violento en la zona arqueológica de Teotihuacán, donde murió un turista canadiense, desencadenó una reacción inmediata del gobierno federal. La presidenta Claudia Sheinbaum informó sobre un paquete de medidas destinadas a proteger a visitantes y patrimonio: incremento de controles, despliegue de la Guardia Nacional y la intención de instalar arcos de rayos X en los accesos. Estas decisiones buscan impedir que personas ingresen con armas de fuego a los recintos, mientras las autoridades coordinan la logística para que los cambios sean sostenibles.
En la práctica, la reapertura del sitio de Teotihuacán se realizó bajo protocolos reforzados, aunque la Pirámide de la Luna permanece cerrada al público. Otros recintos, como Monte Albán, ya cuentan con presencia de la Guardia Nacional y revisiones de equipaje en las entradas, aunque por ahora el personal de seguridad no porta armas dentro de las áreas arqueológicas. La combinación de patrullaje físico y seguimiento cibernético busca anticipar amenazas y mantener la normalidad en la visita turística.
Medidas anunciadas y su alcance
Las autoridades federales, a través de la Secretaría de Cultura y la Secretaría de Seguridad, detallaron un conjunto de acciones que incluyen inspecciones en accesos, reforzamiento de la videovigilancia y mayor coordinación entre órdenes de gobierno. En Chichen Itzá se aplicó la prohibición temporal de mochilas como medida preventiva; en Oaxaca la Guardia Nacional fue enviada a sitios como Mitla, Monte Albán y Yagul, con controles de bolsas en los puntos de entrada. El objetivo común es elevar el nivel de seguridad sin cerrar permanentemente los espacios culturales.
Arcos de rayos X: una medida inédita
El anuncio más llamativo es la intención de instalar arcos de rayos X en entradas de zonas arqueológicas, algo que no se había implementado antes en estos recintos. La presidenta reconoció que esto requiere tiempo: desde la compra de equipos hasta la instalación y capacitación del personal. La Secretaría de Cultura afirmó que los arcos se colocarán «lo más pronto posible», aunque no se definió una fecha exacta. La novedad técnica obliga a diseñar flujos de visitantes que respeten tanto la seguridad como la conservación del patrimonio.
Coordinación institucional y limitaciones operativas
Además de la instalación de equipos, la estrategia incluye acciones de inteligencia y patrullaje conjunto con el Centro Nacional de Inteligencia (CNI). La Guardia Nacional participará en tareas de vigilancia física y cibernética, pero existen límites operativos: por ejemplo, por ahora el personal no ingresará armado a las zonas protegidas. Esto obliga a pensar en esquemas de custodia perimetral y en cómo trasladar armas o evidencia en caso de incidentes, sin afectar la integridad de los bienes culturales.
Inversión y críticas sobre protección
Previo a este episodio, la Secretaría de Cultura había anunciado una inversión de 30 millones de pesos para renovar infraestructura, museografía y señalética en Teotihuacán, un proyecto de rehabilitación considerado necesario. No obstante, esa partida no contempló medidas específicas de seguridad, algo que hoy genera cuestionamientos y obliga a reorientar recursos y prioridades para incorporar controles que antes no se consideraban urgentes.
Qué deben esperar los visitantes
Quienes planeen visitar sitios arqueológicos deben anticipar cambios en la experiencia: controles de equipaje más exhaustivos, posibles restricciones temporales (como la prohibición de mochilas en Chichen Itzá) y mayor presencia de fuerzas de seguridad en accesos y perimetría. Es recomendable consultar avisos oficiales antes de viajar, respetar indicaciones de los guardias y permitir tiempos adicionales para los filtros. Estas medidas buscan proteger a personas y vestigios históricos sin renunciar al acceso público.
En resumen, tras el lamentable suceso en Teotihuacán se activó una respuesta que combina tecnología, presencia policial y coordinación institucional. La instalación de arcos de rayos X, la revisión de bolsas y el despliegue de la Guardia Nacional marcan un cambio en la gestión de espacios patrimoniales: la prioridad será ahora equilibrar la seguridad de los visitantes con la conservación del patrimonio cultural.