En el vasto panorama de la música latinoamericana, pocas historias son tan inspiradoras como la de Maná y su conexión con Perú. Desde sus humildes comienzos hasta su consagración internacional, la banda mexicana ha encontrado en Lima un refugio de apoyo incondicional y pasión musical.
La relación entre Maná y Perú se remonta a 1993 cuando la banda, aún en ascenso, llegó a la Feria del Hogar en Lima. Lo que encontraron allí fue una multitud entusiasta que cantaba sus canciones como si fueran himnos familiares. Alex González baterista de la banda, recuerda aquel momento con nostalgia: «Desde la primera vez hubo una conexión muy fuerte con Perú. Cada noche eran como 80 mil personas.»
Un vínculo que trasciende fronteras
Esa conexión inicial no fue un fenómeno aislado. Con el tiempo, Maná regresó a Perú y encontró en Lima una plaza de memoria, euforia y gratitud. Alex define al público peruano como uno de los más efusivos de la región. Además de los conciertos, la banda ha disfrutado de experiencias fuera del escenario, como una visita al restaurante Central que se sumó a su relación afectiva con el país.
«Siempre es un placer regresar a un país con tanta cultura, tanta historia y gastronomía», comenta Alex. Esta afinidad se refleja en su próxima presentación en el Estadio San Marcos el 2 de diciembre de 2026 como parte de su gira «Vivir sin aire tour», que celebra cuatro décadas de trayectoria.
Maná en el Mundial 2026: un momento histórico
El regreso de Maná a Lima llega en un momento significativo para la banda, tras su participación en la ceremonia inaugural del Mundial 2026. Este evento los colocó frente a una audiencia global, con millones de personas sintonizando desde distintas partes del planeta. «Para nosotros fue un honor participar en la inauguración de la copa mundial FIFA México», afirma Alex.
La canción elegida para la ocasión fue «Oye mi amor», una decisión que, según Alex, fue de Fher Olvera. Buscaban un tema con energía y reconocimiento inmediato que pudiera convocar a varias generaciones. La reacción del público superó todas las expectativas: «Cuando empezamos a tocar, el volumen de la gente cantando era impresionante. Fue un momento épico, inolvidable», recuerda Alex.
El impacto global del Mundial
Después del show, la banda tomó conciencia de la magnitud de su audiencia global. Alex habla de un antes y un después porque el Mundial los puso frente a nuevos públicos. «Hay mucha gente que no conocía a Maná y nos vio en todo el mundo. A muchos les despertó la curiosidad de saber quién es esta banda», explica.
Este evento no solo amplió su alcance, sino que también abrió puertas para tocar en países y ciudades donde nunca habían estado. La canción «Oye mi amor» se convirtió en un símbolo de unidad y reconocimiento global, consolidando aún más la reputación de Maná.
Cuatro décadas de sacrificio y éxito
Sostener una carrera durante 40 años no ha sido fácil. Alex prefiere hablar de sacrificios más que de precios. «Al comienzo dejabas de ver a tus seres queridos, a tu familia. No estabas presente en cumpleaños, eventos o graduaciones. Pero todos esos sacrificios valieron la pena», afirma.
La permanencia de la banda también se explica por la relación entre sus miembros. Maná ha atravesado décadas sin que los egos o el dinero quiebren su estructura interna. «Somos cuatro amigos, hermanos, que nos respetamos muchísimo. Nunca ha habido problemas de dinero ni de que uno se crea más importante que el otro», sostiene Alex.
Después de premios Grammy, reconocimientos y récords, Alex no duda cuando se le pregunta cuál es la validación que más les importa. «El mayor premio que Maná puede tener son nuestros fans. Nuestra música se ha pasado de generación en generación. Ese amor, esa lealtad y ese cariño son el premio más grande», dice.
Si tuviera que resumir cuatro décadas en una frase, Alex sabe que cualquier respuesta quedará corta. Aun así, encuentra una idea: sueño hecho realidad. Pero no uno caído del cielo, sino construido con trabajo, sensibilidad y pasión.



