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4 junio 2026

La gestión de María Herrera en las estancias de Rosas: una biografía documental

Breve recorrido por la vida pública de María Sebastiana Herrera, desde su administración de estancias hasta los movimientos de ganado y la compra de campos vinculados a Rosas

La gestión de María Herrera en las estancias de Rosas: una biografía documental

María Sebastiana Herrera nació el 19 de enero de 1804 en Ranchos, hija de José y Juana Rosa Acuña. A los 18 años se casó con Pascual Peredo el 6 de noviembre de 1822 en la Parroquia de San Vicente, vínculo que la colocó en el centro de la administración de campos vinculados a la casa de Juan Manuel de Rosas. Su vida profesional quedó registrada en cartas, informes y actuaciones judiciales que muestran una tarea cotidiana sobre la gestión del ganado, del personal y de las cuentas de las estancias.

La pareja ejerció un rol sostenido en las explotaciones del partido de Las Flores: don Pascual fue mayordomo en campos de Rosas y, en 1840, fue nombrado el primer Juez de Paz del partido. María, por su parte, se desempeñó como administradora de estancias, un cargo que implicaba decisiones sobre rodeos, envíos al consumo y coordinación de peones en puestos dispersos por la campaña.

Responsabilidades y reportes de la administración

En un informe del 6 de diciembre de 1839 María comunicó la selección de novillos gordos provenientes de La Esperanza y La Invernada, entregando 812 ejemplares por considerarla «la mejor novillada»; además señaló la existencia de hacienda gorda en La Blanca, La Cortadera, Cabeza de Toro y San Benito. Estos registros demuestran su control sobre el stock y su capacidad de evaluación de la calidad del ganado, labores propias de una administración compleja que combinaba la logística con la contabilidad y la decisión comercial.

Control del personal y la contabilidad

El investigador Richard W. Slatta sintetiza su papel subrayando que María se encargaba del pago de salarios y de la distribución de tareas a más de setenta peones en los puestos de San Benito y Rosario, además de llevar la contabilidad de ingresos y gastos y el recuento de cabezas. Sus comunicaciones con Rosas, que muestran respuestas favorables, permiten afirmar que cumplía con eficacia funciones propias de una administración integral en el ámbito rural del siglo xix.

Comunicación con Rosas y la sociedad Rosas–Terrero

María firmaba algunas cartas desde Constitución, sección que administraba en el marco de la Sociedad Rosas–Terrero. En una actuación judicial de 1860 (autos Juan N. Terrero contra los herederos de Tiburcio Espinosa) declaró que los puestos Baigorria, Constitución y La Leña habían sido poseídos sin contradicciones por la sociedad desde 1820 en las inmediaciones del campo de Espinosa, lo que refuerza la continuidad de su gestión y la vinculación societaria con los campos de Rosas.

Movimientos de hacienda, pedidos y contingencias

El vínculo operativo con Rosas se ve en pedidos puntuales: el 6 de junio de 1842 Rosas solicitó desde San Benito de Palermo el envío de 50 vacas bien gordas para consumo del cuartel y la quinta, además de un informe sobre los rodeos. El 30 de junio María remitió un parte pormenorizado sobre numerosos puestos (entre ellos San Benito, San Juan Genaro, Vizcacheras, San Juan José, San Francisco, San Ignacio, Cortadera, San Pedro de Calderón, Chacabuco, Hinojal de San Benito, San Juan de Decima, Cabeza del Toro y Puesto de Luna), detallando novillos gordos y la condición de los rodeos «mansos y ariscos», señalando que la falta de peones y caballos impedía juntarlos.

En la correspondencia del verano de 1842 aparece también la logística de envío: el 12 de julio de 1842 notificó el traslado de 70 cabezas y 10 bueyes «que son los que pueden caminar porque los otros están bichocos»; y el 10 de agosto de 1842 Rosas ordenó que, a partir del 1° de septiembre, se remitiera mensualmente una tropa de 120 novillos gordos a la Estancia San Martín, destino al que María informaba sistemáticamente los envíos.

Ventas, compras y últimos años

Los movimientos comerciales también aparecen en los registros: el 21 de diciembre de 1846 ingresaron 400 cabezas a Tablada del Sud procedentes de Las Flores, conducidas por Verísimo Marquez y adquiridas por Antonio Cambaceres a María Herrera de Peredo. Las ventas vinculadas a la familia Peredo sugieren que, además de administrar, pudieron mantener hacienda propia en campos asociados a Rosas.

En materia de propiedades, 19 de enero de 1857 Pascual Peredo solicitó al gobierno la compra de tres leguas cuadradas de un campo que perteneció a Rosas en el partido de Las Flores; la propuesta fue admitida dos años más tarde. El campo, cercano a lo que hoy es General Belgrano, era atravesado por el antiguo camino al Azul, pasaba por la Posta de Echeverría y por el Salado en el Paso de Ponce, donde había una pulpería; en 1860 el agrimensor Tomás Baillo realizó la mensura.

Pascual otorgó testamento el 2 de diciembre de 1862 en el establecimiento Costa del Salado, declarando bienes: el campo de General Belgrano, casas en Azul y Ranchos, 5.000 vacunos, 200 yeguas y 15.000 ovejas (la mitad en capitalización). Falleció en Ranchos el 8 de diciembre de 1862. Doña María testó en Buenos Aires el 6 de abril de 1866 y murió en su casa de la calle Comercio 336 (hoy Humberto I) el 7 de mayo de 1866, cerrando así el capítulo personal de una vida dedicada a la administración rural y a las complejas redes económicas del Río de la Plata.

Autor

Roberto Capelli

Roberto Capelli, de Milán, registró los datos de una cafetería empresarial durante una investigación sobre la comida en el trabajo; esa mirada epidemiológica marcó su línea editorial, centrada en elecciones alimentarias mesuradas. En la redacción defiende la claridad científica y conserva recetas ligeras escritas a mano.