En un video compartido en su cuenta de Instagram, la chef Leonor Espinosa ha generado un intenso debate al afirmar que Cartagena, aunque es un destino turístico reconocido, no puede ser considerado un verdadero destino gastronómico. Sus declaraciones han puesto sobre la mesa una reflexión profunda sobre la identidad culinaria de la ciudad.

Espinosa, conocida por su defensa de la gastronomía local, argumenta que la confusión entre la oferta restaurantera y un ecosistema gastronómico auténtico es un error político que está afectando la identidad y soberanía alimentaria de la ciudad. Según ella, la acumulación de mesas en el centro amurallado o en Bocagrande no equivale a un verdadero destino gastronómico.

El quiebre estructural de la gastronomía cartagenera

La chef señala que Cartagena padece un quiebre estructural en su gastronomía. En el pasado, la cocina era parte integral de la vida cotidiana, presente en las calles, en las pescaderías de barrio y en los comedores elegantes. Un verdadero destino gastronómico se mide por la salud de sus plazas de mercado, por la dignidad de sus cocineros y por la capacidad de su población de consumir lo que su tierra produce afirma Espinosa.

Sin embargo, hoy en día, la cocina local ha sido segregada y desplazada del espacio público. Las fritangueras de los barrios populares, por ejemplo, merecían más que un festival de fin de semana. Espinosa critica la falta de inversión en infraestructura y dignificación de su oficio. La política fue el despojo señala, refiriéndose a casos como el Muelle de los Pegasos, donde los vendedores no fueron reubicados adecuadamente.

La supervivencia de la cocina popular

Espinosa destaca que la cocina popular aún sobrevive en lugares como Bazurto y La Matuna, pero sin la dignificación que merece. ¿Por qué no se ha invertido en infraestructura, en buenas prácticas de manipulación, en certificación y en espacios acordes que exalten su trabajo? pregunta retóricamente. Según ella, Cartagena es una vitrina turística que vive de espaldas a su propia cocina.

La existencia de uno o dos restaurantes que intentan redimir la memoria culinaria de la ciudad no es suficiente. Una golondrina no hace verano afirma Espinosa, subrayando la necesidad de una política pública acertada y veraz que permita a la cocina cartagenera circular con dignidad y beneficiar a su gente.

Un llamado a la reconciliación gastronómica

Espinosa no se limita a criticar; su mensaje es también un llamado a la acción. La gastronomía es patrimonio, identidad y soberanía alimentaria y las autoridades deben entender su importancia. En las casas, la cocina cartagenera todavía resiste, pero en el espacio público ha sido desplazada.

Cartagena tiene restaurantes, pero necesita construir un verdadero destino gastronómico. Uno donde su cocina circule, se proteja, se dignifique y, sobre todo, beneficie a su gente concluye Espinosa. Su mensaje es claro: hasta que la cocina cartagenera no sea parte integral de la vida de sus habitantes, la ciudad seguirá siendo una postal para el turista, pero jamás un destino gastronómico auténtico.