El 14 de abril de 2026 la Organización de las Naciones Unidas lanzó una advertencia contundente sobre las consecuencias económicas y alimentarias derivadas del conflicto en Medio Oriente. Según análisis de la FAO, la interrupción en el estrecho de Ormuz ha detenido alrededor del 35% del comercio global de petróleo, cerca del 20% del gas natural y hasta un 30% del comercio de fertilizantes. Este cóctel de limitaciones suma presión sobre los costos energéticos y los insumos agrícolas, elementos que actúan como palancas para precios al alza y para la vulnerabilidad de cadenas de suministro.
Los expertos resaltan que, por ahora, las reservas globales y la disponibilidad de alimentos evitan una crisis inmediata, pero no garantizan estabilidad en semanas o meses. El economista en jefe de la FAO, Máximo Torero, subraya que, si no se restituye el flujo de insumos clave conforme al calendario agrícola, los agricultores afrontarán menores rendimientos y presiones adicionales sobre los precios. La declaración de un alto al fuego el 7 de abril generó expectativas, pero la incertidumbre persiste y condiciona decisiones de mercado e inversión.
Impacto sobre energía y fertilizantes
La relevancia del estrecho de Ormuz radica en su papel como corredor estratégico para exportaciones de hidrocarburos y productos relacionados: en condiciones normales canaliza flujos esenciales que sostienen la oferta mundial. La FAO y organismos asociados han documentado el efecto directo sobre el costo del crudo y del gas natural, lo que a su vez aumenta los costos logísticos y la demanda por alternativas. En paralelo, las limitaciones en el comercio de fertilizantes —insumos críticos para la agricultura— elevan la volatilidad de precios y reducen la predictibilidad para las campañas agrícolas vigentes y próximas.
El impacto en fertilizantes es especialmente sensible por la estructura del mercado: como explica el director de economía agroalimentaria de la FAO, David Laborde, pequeñas reducciones en la oferta repercuten con grandes alzas en precio debido a la baja elasticidad del mercado. Si se vieran afectadas cuotas cercanas a la mitad del comercio mundial de fertilizantes, los costos podrían más que duplicarse, agravando la ya limitada capacidad de algunos países para sostener niveles de producción y comprometiendo la seguridad alimentaria en regiones dependientes de importaciones.
Riesgos macroeconómicos y respuestas financieras
Los movimientos alcistas en el petróleo y otros combustibles introducen un sesgo claramente inflacionario y reducen el margen de acción de los bancos centrales. Analistas financieros como Felipe Barragán alertan que el repunte energético puede configurar un escenario de estanflación: simultaneidad de menor crecimiento y mayores presiones de precios. Esa dinámica complica la política monetaria porque subir las tasas para controlar la inflación puede frenar la actividad económica, mientras que relajar la política podría alimentar aún más las expectativas inflacionarias.
En el ámbito agrícola, el economista Salvador Rodríguez identifica una conjunción de factores que explican el riesgo sobre la oferta: incremento en costos de diésel y electricidad, disrupciones en el acceso a fertilizantes nitrogenados y cambios en la oferta global de granos como el maíz y la soya. Estas variables pueden traducirse en menores rendimientos y en una reducción de la producción en los próximos ciclos, con efectos que llegarían tanto a consumidores como a productores en mercados domésticos e internacionales.
Medidas prioritarias y recomendaciones
Frente a este panorama, organismos internacionales y gobiernos impulsan varias líneas de acción: restaurar las rutas comerciales, aumentar la transparencia en el comercio de insumos, activar reservas estratégicas y promover apoyo directo a productores para mitigar impactos de costos. La FAO ha promovido espacios técnicos para discutir orientaciones de política pública, con especial atención a América Latina y el Caribe, región que combina capacidad exportadora con dependencia de insumos importados. El intercambio técnico y la cooperación regional son claves para reducir vulnerabilidades y coordinar respuestas.
Conclusiones y escenario a corto plazo
En síntesis, la advertencia de la ONU refleja la interconexión entre seguridad geopolítica, mercados energéticos y sistemas agroalimentarios: la interrupción en el estrecho de Ormuz no solo tensiona el precio del crudo, sino que puede desencadenar efectos encadenados en fertilizantes, producción agrícola y presiones inflacionarias. Mantener la circulación de insumos y adoptar medidas de contingencia permitirá ganar tiempo; sin acciones coordinadas, el riesgo de una crisis alimentaria localizada y de un deterioro económico más amplio crecerá en las próximas semanas.