La Fórmula 1 no solo compite por velocidad en la pista, sino que ahora también compite por la sostenibilidad ambiental. Durante el Gran Premio de Zandvoort, celebrado del 21 al 23 de agosto, la Federación Internacional del Automóvil (FIA) puso a prueba un sistema de filtración diseñado para capturar microplásticos y otros contaminantes antes de que lleguen a los sistemas de drenaje.
Este proyecto surge de un problema que comienza en la pista pero que también afecta a las calles diariamente. Los neumáticos liberan pequeñas partículas de caucho durante su desgaste, las cuales, cuando llueve, pueden ser arrastradas hacia ríos, lagos y mares. Así, una carrera de Fórmula 1 se convierte en un laboratorio para estudiar un desafío ambiental que afecta a toda la movilidad.
El origen de los microplásticos en la Fórmula 1
Después de una carrera, los pilotos suelen pasar por encima de las llamadas “canicas”: pequeños fragmentos de goma que se desprenden de los neumáticos durante la competencia. Esta práctica permite que los monoplazas recuperen parte del peso perdido y alcancen el umbral mínimo establecido por el reglamento. Sin embargo, no todo el caucho puede recuperarse y una parte queda sobre el circuito en forma de partículas diminutas.
Estas partículas, conocidas como microplásticos de la F1 pueden convertirse en un problema ambiental cuando son movilizadas por el agua de lluvia. El caucho, el polvo y otros contaminantes depositados sobre la superficie pueden llegar a los sistemas de drenaje y, desde ahí, incorporarse a cuerpos de agua cercanos. Este fenómeno no es exclusivo de los circuitos, ya que también ocurre en las carreteras convencionales, donde millones de vehículos generan partículas de neumáticos y frenos.
La preocupación de la FIA y las soluciones tecnológicas
La FIA está trabajando con la Universidad Técnica de Berlín y la empresa alemana Urbanfilter para desarrollar sistemas capaces de filtrar parte de las partículas contaminantes presentes en el agua de escorrentía. La primera prueba de esta tecnología se realizó en el Gran Premio de Zandvoort, con el propósito de evaluar su capacidad para evitar que determinados contaminantes alcancen los hábitats locales.
Nicolas Aubourg, jefe de I+D de la FIA, señala que las partículas asociadas con los vehículos no proceden únicamente del motor. Los frenos y los neumáticos también generan partículas que pueden depositarse en el suelo y ser transportadas por la lluvia hacia los cursos de agua. Desde la perspectiva de la FIA, el automovilismo puede desempeñar un papel clave en la búsqueda de soluciones para este problema creciente.
El impacto global de las partículas de neumáticos
El problema adquiere mayor relevancia cuando se observa a escala global. Un informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) publicado en 2026 estimó que aproximadamente 2.7 millones de toneladas de microplásticos llegaron al medio ambiente durante 2026. La organización proyectó, además, que esta cantidad podría duplicarse para 2040.
El transporte no es la única fuente de microplásticos, pero sí representa una contribución significativa. Un estudio internacional publicado en 2026 y dirigido por la Universidad de Portsmouth estimó que las partículas procedentes de los neumáticos representan alrededor del 28% de los microplásticos que llegan al medio ambiente a nivel mundial. Esto convierte al desgaste de los neumáticos en un asunto relevante para la sostenibilidad de la movilidad, incluso en vehículos que reducen o eliminan las emisiones directas del motor.
El papel de la Fórmula 1 en la reducción de la contaminación
La FIA no busca únicamente disminuir el impacto ambiental generado dentro de los circuitos. También pretende aprovechar las competencias como espacios controlados para probar tecnologías que, si demuestran ser efectivas, podrían adaptarse posteriormente a las carreteras públicas.
Esta estrategia sigue una lógica que ya forma parte de la historia del automovilismo: utilizar las carreras como bancos de pruebas para desarrollar soluciones que después pueden llegar a los vehículos de uso cotidiano. Los sistemas híbridos y algunas tecnologías relacionadas con los combustibles son ejemplos de innovaciones que han encontrado aplicaciones más allá de la competición.
En este caso, el desafío consiste en ampliar la conversación sobre la movilidad sostenible. Reducir las emisiones del motor es importante, pero no elimina necesariamente todas las partículas generadas por un vehículo. El desgaste de neumáticos y frenos plantea una segunda dimensión ambiental que cobra relevancia a medida que las ciudades buscan disminuir la contaminación asociada al transporte.
El ensayo realizado en Zandvoort representa un primer paso para determinar qué tan eficaces pueden ser los sistemas de filtración instalados en circuitos. La información obtenida permitirá evaluar su funcionamiento y, potencialmente, estudiar aplicaciones en otros espacios donde las partículas generadas por los vehículos puedan ser arrastradas por el agua.
El verdadero alcance de la iniciativa dependerá de si estas soluciones consiguen trasladarse de un entorno controlado a una escala mucho mayor. Una pista de Fórmula 1 recibe actividad vehicular intensa durante un periodo limitado, mientras que una carretera urbana soporta diariamente miles de vehículos y diferentes condiciones climáticas. El desafío tecnológico, por tanto, continúa.



