El oficialismo ya trabaja con antelación en una doble hoja de ruta: consolidar la posibilidad de reelección de Javier Milei y al mismo tiempo asegurar el paso de una cantidad significativa de normas en el Congreso. Según fuentes del Gobierno, las decisiones definitorias se posponen hasta después del Mundial de fútbol, que se disputa entre el 11 de junio y el 16 de julio, pero el equipo de trabajo que encabeza la jefa de Gabinete, Karina Milei, ya trazó aproximaciones iniciales.
El diseño estratégico mezcla candidaturas propias, alianzas tácticas y negociaciones legislativas. La prioridad es disputar provincias gobernadas por el peronismo y cerrar acuerdos con mandatarios provinciales que coincidan con la Casa Rosada. La mesa política incluye a referentes como Eduardo ‘Lule’ Menem y al ministro del Interior, Diego Santilli, en interlocución permanente con Karina Milei.
Provincias en la mira y candidaturas propias
En el núcleo duro de la planificación está la intención de competir directamente en cinco distritos donde predominan fuerzas peronistas: Buenos Aires, La Rioja, La Pampa, Tierra del Fuego y Formosa. La estrategia contempla montar listas provinciales lideradas por cuadros propios de La Libertad Avanza, con el objetivo de erosionar la hegemonía opositora y presentar un proyecto nacional cohesionado hacia 2027.
Gobiernos aliados y primeros contactos
Paralelamente, el gobierno busca cerrar pactos con gobernadores afines como Alfredo Cornejo (Mendoza), Leandro Zdero (Chaco) y Rogelio Frigerio (Entre Ríos). Estos tres fueron los primeros en ser convocados al panel electoral liderado por Karina Milei. La intención es articular espacios comunes que faciliten tanto la conformación de listas como la aprobación de iniciativas en el ámbito nacional.
Negociaciones legislativas y gobernabilidad
En el frente parlamentario, la Casa Rosada entiende que las mismas figuras con las que negocia electoralmente serán clave para su agenda legislativa. Existe un grupo de mandatarios con los que se busca acordar el tratamiento de proyectos para garantizar gobernabilidad: Claudio Poggi (San Luis), Marcelo Orrego (San Juan), Raúl Jalil (Catamarca) y Osvaldo Jaldo (Tucumán). Algunos están en campaña por la reelección y otros enfrentan tensiones internas que complican las negociaciones.
Casos sensibles y conflictos internos
La situación en Tucumán es compleja por la fractura del peronismo local y la presencia del sector alineado con Juan Manzur. En Misiones, la convivencia entre el gobernador Hugo Passalacqua —con intenciones de continuar en el cargo— y el poder residual del exgobernador Carlos Rovira añade un componente de incertidumbre. La Casa Rosada sabe que antes de firmar pactos definitivos necesitará avanzar en el Congreso con proyectos que permitan negociar con mayor margen de maniobra.
Grandes provincias, escenarios abiertos y reglas electorales
El oficialismo también apunta a disputar bastiones importantes como Córdoba y Santa Fe. En la primera, el jefe de bancada de La Libertad Avanza en Diputados, Gabriel Bornoroni, aparece como una opción preferente para encabezar la lista frente a un gobernador crítico como Martín Llaryora. En Santa Fe, la definición permanece abierta y podría resolverse tras nuevas conversaciones.
Otras provincias y criterios estratégicos
Otras jurisdicciones —Chubut, Salta, Jujuy, Santa Cruz, Neuquén y Río Negro— son consideradas áreas grises donde no se descartan alternativas. En el análisis estratégico pesa también la preferencia por territorios que utilizan la BUP como instrumento electoral: la Boleta Única de Papel es promovida por el equipo como un mecanismo que, junto con la eliminación de las PASO (primarias) y de la Ley de Lemas, simplificaría la competencia política.
En paralelo, el entorno del asesor presidencial Santiago Caputo subraya la necesidad de cerrar acuerdos macroeconómicos que sostengan la gobernabilidad. «Es imprescindible articular pactos que aseguren la reelección y además permitan mantener el orden en el Congreso», afirman desde su círculo. La ambición de ampliar entendimientos enfrenta la tensión interna generada en 2026 y podría reavivar viejas disputas a medida que se concrete la estrategia.