La historia familiar de una heladería centenaria se reinterpreta en clave wellness cuando un heredero decide mezclar recuerdos con innovación. Tomás Guarracino, de 35 años, nieto de Salvador Guarracino, fundador de las heladerías Freddo, optó por abandonar una carrera de éxito en la moda europea y en Nueva York —donde desfiló para casas como Hermès, Carolina Herrera y Armani— para recuperar la tradición y adaptarla a nuevos hábitos alimentarios. En 2026 lanzó Benlive, una marca de helados pensada para consumidores que buscan alternativas con aporte funcional y menos azúcares.
El vínculo con la infancia y la cocina del abuelo fue el motor del proyecto. Don Salvador, inmigrante italiano que inició una frutería en la esquina de Callao y Melo, transformó el excedente de fruta en helado artesanal, una práctica que hoy inspira la visión de Tomás. Su padre, Juan Martín, aportó las recetas clásicas y el saber técnico; Tomás sumó la mirada del consumidor contemporáneo y la innovación de producto, dando forma a una propuesta que conserva la esencia artesanal pero la combina con criterios nutricionales actuales.
Una marca nacida del cruce entre receta y nutrición
Benlive se creó con una inversión inicial de 250 mil dólares y arrancó de modo casero, despachando pedidos desde un freezer doméstico. Con el tiempo la operación escaló hasta contar con una planta propia en San Martín, una inversión también cercana a 250 mil dólares, y una producción anual alrededor de 30.000 kilos. Hoy la empresa factura cerca de 180 millones de pesos por año y distribuye en unos 300 puntos de venta en la ciudad de Buenos Aires, además de tener presencia en el AMBA y en otras provincias.
Productos, líneas y diferenciadores
La gama de Benlive está pensada en series que responden a distintas necesidades: hay helados altos en proteína para deportistas, alternativas keto para quienes siguen dietas cetogénicas, opciones sin lácteos aptas para veganos o intolerantes, y una línea sin gluten, etiquetada como sin TACC. El enfoque busca ofrecer sabor y textura cuidando la composición nutricional, manteniendo la tradición de sabor heredada de Freddo pero adaptada a la demanda por productos más conscientes.
Ingredientes funcionales y novedades
Una de las apuestas más destacadas de la marca fue lanzar el primer helado con colágeno del país, cada pote de 180 gramos aporta 5 gramos de colágeno, pensado para sumar péptidos que contribuyan a la salud de piel, pelo, uñas y articulaciones. Además, la línea incluye alternativas sin azúcar agregada y con proteínas específicas para la recuperación muscular. Entre los sabores, el dulce de leche aparece como el más solicitado, equilibrio entre tradición y formatos funcionales.
Tecnología, personalización y objetivos de crecimiento
La empresa no se conforma con la propuesta alimentaria y avanza hacia la integración tecnológica. Está desarrollando una herramienta basada en inteligencia artificial bautizada como Ben, un asistente digital que responderá consultas de consumidores y sugerirá productos según actividad, estado o preferencia. La idea es que, mediante un código QR en puntos de venta, el usuario pueda interactuar y recibir recomendaciones personalizadas: por ejemplo, qué producto conviene tras una carrera larga o para mejorar el descanso.
Expansión, financiamiento y metas
El crecimiento actual supera la capacidad productiva y por eso la compañía busca capitales externos para escalar. El equipo trabaja con inversionistas interesados en financiar la ampliación de la planta y la logística. La ambición es clara: abrirse a mercados de la región como Uruguay, México y Paraguay, y alcanzar una facturación de 5 millones de dólares en cinco años. Mientras tanto, la gestión combina la memoria del legado familiar con decisiones empresariales orientadas a la demanda del bienestar contemporáneo.
Más allá de los números, la historia personal acompaña el relato de la marca: Tomás, padre de Suri, de 10 años, concibe la alimentación consciente como un estilo de vida, no una moda pasajera. La empresa trabaja junto a un laboratorio especializado, ingenieros en alimentos y nutricionistas para desarrollar fórmulas y mantener controles de calidad que permitan sostener sabor, textura y beneficios nutricionales. Ese cruce entre tradición, ciencia y tecnología es la columna vertebral de Benlive y la razón por la que el proyecto atrae tanto a consumidores como a potenciales inversores.