México, con una producción anual de entre 8 y 10 millones de toneladas de sal marina, posee un recurso invaluable para la producción de baterías de iones de sodio y energía osmótica. Sin embargo, a diferencia de países como ChinaEstados Unidos y varias naciones europeas, México no ha logrado capitalizar este potencial.
Mientras el mundo avanza hacia tecnologías más sostenibles, México sigue dependiendo principalmente de fuentes de energía tradicionales como el gas natural la energía solar y la eólica. Además, la exploración del litio se encuentra estancada, dejando un vacío que podría llenarse con la explotación de la sal.
El potencial de la sal mexicana
México cuenta con tres tipos principales de sal: la sal marina obtenida por evaporación del agua de mar; la sal gema extraída de yacimientos terrestres; y la sal de manantial obtenida de manantiales salados. Estos recursos podrían ser la base para una industria de almacenamiento térmico y baterías de sodio pero hasta ahora no se han desarrollado proyectos significativos.
Uno de los intentos más notables para aprovechar la sal como generador de energía fue un proyecto piloto de energía osmótica anunciado en Veracruz en julio de 2026. Este proyecto, que involucró a la Agencia Estatal de EnergíaMAJA Consulting Group y el Instituto Tecnológico de Boca del Río prometía ser el primero de su tipo en Latinoamérica. Sin embargo, debido a los altos costos y la falta de financiamiento, el proyecto nunca se materializó.
Investigaciones y propuestas sin resultados
Investigaciones del Conahcyt y el IER-UNAM han identificado el potencial de la sal para el almacenamiento térmico en plantas termosolares, lo que permitiría generar electricidad las 24 horas. Asimismo, la Red de Investigadores de Baterías de México (Rembat) promueve la exploración de baterías en estado sólido y electrolitos derivados de sales para almacenamiento estacionario a menor costo.
A pesar de estas propuestas, México carece de tecnologías y proyectos concretos para adentrarse en esta industria. La Secretaría de Energía (Sener) y la Comisión Federal de Electricidad (CFE) han recibido propuestas para evaluar la viabilidad de estas tecnologías, pero no se han implementado plantas comerciales debido a los altos costos y la falta de interés.
El avance global y la brecha mexicana
Mientras México se queda atrás, otros países están liderando el desarrollo de baterías de sodio. China por ejemplo, es pionera en la producción comercial de estas baterías, con empresas como CATLBYD e HyperStrong a la vanguardia. Estados Unidos también avanza con firmas como Natron Energy enfocadas en almacenamiento masivo y centros de datos. En Europa, Suecia y Francia destacan con empresas como Altris y Tiamat.
La energía osmótica también conocida como energía azul tiene un alto potencial en México debido a sus ríos caudalosos, como el Grijalva y el Usumacinta. Sin embargo, no se han desarrollado proyectos significativos en esta área, dejando una oportunidad perdida para el país.
México tiene la materia prima y el potencial para liderar en la industria de baterías de sodio y energía osmótica pero la falta de inversión, tecnología y proyectos concretos lo mantiene en un estado de rezago. Mientras otros países avanzan, México debe replantear su estrategia energética para no quedarse atrás en la transición hacia energías más limpias y sostenibles.



