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4 junio 2026

Ecosistema subterráneo en Tamaulipas revela tetras videntes y ciegos uno al lado del otro

En una poza subterránea de Caballo Moro, en Tamaulipas, coexisten tetras mexicanos con ojos funcionales y parientes totalmente ciegos a pocos metros, lo que permite rastrear los cambios genéticos asociados a la pérdida de visión

Ecosistema subterráneo en Tamaulipas revela tetras videntes y ciegos uno al lado del otro

En la Sierra de Guatemala, al sur de la reserva de El Cielo en el estado de Tamaulipas, un sistema de roca caliza guarda una sorprendente escena natural: una cavidad conocida como Caballo Moro aloja un lago subterráneo en el que conviven, a escasa distancia, ejemplares de pez tetra mexicano con visión completa y parientes que carecen de ojos. Esa coexistencia se explica por una abertura en el techo de la cueva que proyecta un rayo de luz sobre un tramo del estanque de 80 metros, mientras que el resto del cuerpo de agua permanece en oscuridad perpetua. El resultado es una división ambiental muy localizada entre zona iluminada y zona oscura.

Un equipo de investigadores publicó sus hallazgos en el servidor de preprints bioRxiv, describiendo cómo esta estructura creó dos nichos adyacentes donde seres del mismo taxón muestran rasgos opuestos. Los autores compararon genomas de peces con ojos y de peces sin ojos en Caballo Moro, y localizaron diferencias puntuales que iluminan los mecanismos evolutivos de la pérdida de visión. Cabe señalar que, aunque los preprints en bioRxiv no son revisados por pares de forma inmediata, aproximadamente dos tercios de esos trabajos terminan apareciendo en revistas revisadas posteriormente.

Un laboratorio natural: luz, sombra y peces

La fractura en el techo de la cueva funciona como una especie de ventana kárstica que delimita un área donde la luz favorece la permanencia de peces con ojos. En la franja iluminada patrullan ejemplares de Astyanax mexicanus con visión funcional, mientras que unos metros más allá predominan los ciegos, adaptados a la oscuridad. Sorprende que no exista una barrera física entre ambos grupos: la separación es ambiental y de comportamiento. Este arreglo constituye una experiencia natural para estudiar cómo la selección y la mezcla genética pueden producir formas morfológicas tan distintas en individuos próximos.

De la genética a la pérdida de ojos

Partiendo de miles de diferencias genéticas detectadas entre los dos grupos, los investigadores redujeron la lista a 203 mutaciones localizadas en 41 genes asociados a la estructura y función ocular. Entre esos candidatos, un gen del cristalino llamado Cx50 emergió como especialmente relevante. En experimentos de laboratorio, la inhibición de Cx50 en ejemplares normalmente videntes provocó una degeneración rápida del ojo, lo que establece un vínculo funcional entre esa mutación y la pérdida de visión observada en la cueva.

Procedencia y mezcla genética

Los análisis filogenéticos indican que los peces con ojos que hoy ocupan la zona iluminada descienden de poblaciones de superficie que colonizaron la cueva hace aproximadamente 3,300 a 4,300 generaciones y que, tras entrar, se mezclaron con poblaciones de ciegos ya asentadas. El resultado es una comunidad de ascendencia mixta donde, pese al intercambio genético, persisten dos morfotipos claramente definidos —completamente videntes y completamente exóftalmos— y sólo hay pocos intermedios.

Comportamiento y selección

Según el coautor Nicolas Rohner, genetista evolutivo en la University of Münster, a simple vista algunos individuos parecen indistinguibles, pero su fisiología y comportamiento los asemejan más a los peces de cueva, lo cual concuerda con su composición genética. Además, la visión confiere ventajas en la franja iluminada: los ejemplares videntes muestran conductas territoriales y agresivas que les permiten defender espacios de alimentación frente a vecinos ciegos, un componente conductual que refuerza la segregación ecológica.

Implicaciones y paralelos evolutivos

Los hallazgos en Caballo Moro tienen ecos en otros sistemas subterráneos: mutaciones en genes relacionados con el ojo han aparecido en distintas poblaciones de peces de cueva y también en mamíferos subterráneos, lo que sugiere caminos genéticos convergentes hacia la pérdida de visión en ambientes oscuros. El estudio aporta una pieza más al rompecabezas evolutivo al mostrar cómo la mezcla entre invasores de superficie y habitantes de cueva puede producir distribución espacial de rasgos drásticamente diferentes, incluso cuando no hay barreras físicas que impidan el flujo de individuos.

Los autores citan fuentes de divulgación como Discover Wildlife y NYU News para contextualizar el trabajo, y el hallazgo en Caballo Moro promete servir como banco de pruebas vivo para futuras investigaciones sobre evolución de rasgos, plasticidad y adaptación a ambientes extremos. Esta cueva en Tamaulipas ofrece una ventana única para observar en tiempo natural cómo se «apagan» los ojos en poblaciones que abandonan la luz y cómo, a la inversa, genes funcionales pueden reaparecer cuando las condiciones ambientales cambian.

Autor

Roberta Tagliabue

Roberta Tagliabue durmió en la sala de espera del hospital San Martino para seguir un caso sanitario emergente; firma reportajes y coordina dossiers de verificación en la redacción como referente para Génova. Nacida en Sampierdarena, mantiene contactos directos con concejales y bibliotecas municipales.