El viernes pasado se estrenó Digger la nueva obra de Alejandro González Iñárritu que llega a la gran pantalla con una propuesta tan ambiciosa como controvertida. El filme se presentó en una mañana de calor extremo en el sur de California, un fenómeno que, según los expertos, está directamente ligado al cambio climático. Esta coincidencia climatológica no pasó desapercibida para el director, quien utilizó la película como una forma de señalar la urgencia del problema mientras criticaba la complacencia de los gobiernos.
En la trama, Tom Cruise interpreta a Digger Rockwell, un magnate petrolero texano cuya avaricia desencadena una catástrofe ecológica global. A su lado, John Goodman encarna a un presidente estadounidense cuya indiferencia roza la burla. La obra se desenvuelve dentro de un montaje teatral que, de manera metalingüística, satiriza tanto los acontecimientos reales como la propia industria del cine. La combinación de humor negro y drama serio convierte a la película en una crítica política directa, haciendo eco de discursos recientes de figuras públicas sobre el futuro de ciudades como Los Ángeles y San Diego.
Contexto del estreno y resonancia mediática
El lanzamiento de Digger coincidió con una ola de protestas en varios estados de EE. UU. contra la extracción de combustibles fósiles, así como con la polémica generada por un discurso del expresidente que insinuó la posibilidad de un ataque iraní a la costa californiana. Estas circunstancias reforzaron la percepción de que la película no es solo ficción, sino una respuesta artística a una realidad cada vez más angustiante. Los críticos que calificaron la obra de “exagerada” o “tremendista” olvidaron que los acontecimientos que retrata ya están sucediendo, lo que vuelve la sátira más relevante que nunca.
Estilo visual y referencias cinematográficas
Filmada en 35 mm y VistaVision, Digger cuenta con la magistral fotografía de Emmanuel Lubezki quien, como en colaboraciones anteriores con Iñárritu, logra un uso expansivo del espacio que recuerda a Stanley Kubrick. La estética visual se combina con una narrativa que evoca a Dr. Strangelove (1964) en su estructuración de humor negro y a Birdman (2014) en la inserción del teatro como elemento narrativo. En los momentos finales, la película introduce sutiles toques de ciencia ficción que amplían la sensación de distopía, creando una experiencia que resulta tan impactante en pantalla gigante como en la intimidad de una sala pequeña.
Recepción crítica y debate del público
Desde su estreno, la película ha generado una polarización marcada en redes sociales y foros especializados. Mientras algunos la catalogan como una de las peores producciones del 2026, otros la defienden como una obra valiente que obliga a los espectadores a enfrentar verdades incómodas. Los detractores argumentan que la duración –poco más de dos horas– contiene pasajes excesivamente cargados, pero esos momentos son intencionales para subrayar la urgencia del mensaje. En contraste, la defensa de figuras como Guillermo del Toro resalta la audacia estética y la capacidad del film para romper con la “mediocridad homogénea” que domina la cartelera actual.
En síntesis, Digger no busca agradar a las masas; pretende provocar una reflexión profunda sobre el papel de los poderosos en la crisis climática y sobre la pasividad del público ante la catástrofe anunciada. La película está aún en cartelera, y su llamado a la acción se vuelve más urgente a medida que la temperatura aumenta y los titulares continúan alarmando. Quienes decidan verla lo harán con la convicción de que el cine puede ser una herramienta de denuncia tan potente como cualquier discurso político.



