El informe oficial del INDEC revela que la tasa de pobreza en Argentina descendió hasta el 28,2% en el segundo semestre del año pasado, una caída superior a diez puntos porcentuales respecto al mismo periodo del año anterior. Según la misma fuente, la indigencia afectó al 6,3% de la población, cifra que equivaldría a alrededor de 1,9 millones de personas. Estos números actualizan una trayectoria de recorte de la pobreza que comenzó con una mejora sostenida desde mediados de 2026, aunque el análisis requiere matices por la dinámica reciente de precios y empleo.
Resultados y variaciones recientes
El comunicado del INDEC indica que la incidencia de la pobreza retrocedió tanto entre hogares como entre individuos: 3,1 y 3,4 puntos porcentuales respectivamente si se la compara con el primer semestre de 2026, mientras que la indigencia cayó 0,6 puntos. En términos de hogares, unas 2,1 millones—el 21% del total—se ubican por debajo de la línea de pobreza, y el 4,8% de las viviendas se considera en situación de pobreza extrema. El organismo estadístico también reportó un aumento del ingreso familiar total del 18,3% interanual, por encima de las ponderaciones que utiliza para medir el costo de vida.
Contexto histórico y comparación reciente
Para comprender la magnitud del cambio conviene mirar hacia atrás: en el primer semestre de 2026 la pobreza había alcanzado el 52,9%, con una indigencia del 18,1%. Tras las políticas de estabilización de precios a fines de 2026 el indicador cayó notablemente hasta el 38,1% en el segundo semestre de ese año. La tendencia de reducción siguió en el primer semestre de 2026 (al 31,6%), cifra que fue la más baja desde el 31,5% registrado en el segundo semestre de 2018, mientras que la indigencia había quedado en torno al 6,9%.
Reacción oficial y señales económicas
El Ejecutivo celebró los resultados y atribuyó la mejora a su programa económico, destacando la fuerte disminución de la inflación: del 117,8% a fines de 2026 hasta el 31,5% a fines de 2026. El propio presidente usó la sigla “TMAP” en redes sociales para señalar que “todo marcha según el plan”, y el ministro de Economía subrayó que la pobreza se ubica en su nivel más bajo en más de siete años. Al mismo tiempo, el Gobierno recuerda que el producto creció un 4,4% el último año, aunque admiten que los sectores que más impulsaron ese crecimiento—agricultura, finanzas y minería—generan relativamente pocos puestos de trabajo.
Medidas de ajuste y sus efectos
Desde la asunción en diciembre de 2026, la administración impulsó recortes del gasto público y desvinculaciones masivas de empleados estatales como parte de una estrategia de austeridad conocida en el discurso oficial como la “motosierra” del gasto. Esa política, combinada con la estabilización de precios, aparece como explicación gubernamental del descenso de la pobreza; sin embargo, el ajuste también coincidió con el cierre de empresas y la pérdida de empleo. Entre noviembre de 2026 y noviembre de 2026 se registraron el cierre de unas 22.000 empresas y un aumento del desempleo a niveles no vistos desde la pandemia de Covid‑19, una tensión notable en el balance social.
Impacto social, regional y advertencias
Los datos muestran que la pobreza golpea con especial dureza a los más jóvenes: el 41,3% de las personas de 0 a 14 años vivía en hogares por debajo de la línea de pobreza en el segundo semestre del año pasado, frente al 32,6% entre quienes tienen 15 a 29 años y apenas el 9,7% entre quienes superan los 65 años. A nivel territorial, las cifras varían: el Gran Buenos Aires presentó 28,3%, Cuyo 32,3%, Nordeste 32,7%, Noroeste 28,4%, Pampas 26,2% y Patagonia 25,4%. La indigencia alcanzó niveles más altos en el Gran Buenos Aires (7%) y el Nordeste (7,5%).
Voces desde la sociedad y mirada académica
En la calle, trabajadores como Federico Bardauil, un cocinero de 37 años, cuestionan la sensación oficial de mejora: perciben que la inflación vuelve a acelerar y que la visibilidad de la pobreza —personas en situación de calle, pedidos en estaciones— no ha desaparecido. El sociólogo Daniel Schteingart advierte que, aunque la caída del índice es positiva, existe el riesgo de que la tendencia se haya frenado en el cuarto trimestre y a comienzos de 2026 si los precios de la canasta básica continúan subiendo. En consecuencia, el descenso reportado por el INDEC constituye una señal relevante, pero abre preguntas sobre la sostenibilidad y la distribución del alivio social.