En las cercanías de Guadalajara, los municipios de Tonalá y Tlaquepaque han sido durante siglos referentes de la cerámica mexicana; allí nació lo que hoy conocemos como Suro Ceramics. Lo que empezó en los primeros años de la década de 1960 como un modesto taller de barro, dirigido por Noé Suro, se expandió en tres generaciones hasta convertirse en un estudio con proyección internacional. La permanencia de técnicas ancestrales se combinó con un ojo de diseñador para crear piezas que hoy conviven en museos, aeropuertos y restaurantes de alto nivel.
El fundador, Noé Suro, fue responsable de objetos icónicos como la lámpara tipo panal, concebida en la década de 1970. Su trabajo inicial orientó al taller hacia clientes institucionales y hoteleros, estableciendo relaciones con cadenas emergentes como Hyatt en México. Sin embargo, la transformación hacia un proyecto cultural y creativo más ambicioso ocurrió años después, cuando la segunda generación amplió la visión del taller para incluir el diálogo con el arte contemporáneo.
Origen y transformación
En la era de los 90, José Noé Suro, hijo del fundador, introdujo en el taller una mezcla entre tradición y experimentación. Bajo su liderazgo, la producción dejó de ser únicamente artesanal para convertirse en un espacio de colaboración entre artesanos y creadores contemporáneos. La apuesta fue clara: usar la técnica cerámica tradicional como punto de partida para explorar nuevas formas, texturas y escalas, sin renunciar al oficio que define a Tonalá y Tlaquepaque.
Colaboraciones artísticas y alcance público
A lo largo de su trayectoria, Suro Ceramics ha invitado a más de 700 artistas a intervenir en su taller, lo que le permitió construir una colección curada de más de 500 piezas. Esta colección fue el eje de la exposición «Suro Ceramics: A History of Collaboration, Production, and Collecting in Contemporary Art«, organizada por la curadora Viviana Kuri en el Museo de Arte de Zapopan entre 2026 y 2026. La lista de colaboradores incluye nombres como Gabriel Orozco, Tatiana Margolles, Erwin Wurm, Marcel Dzama, Rirkrit Tiravanija, Nairy Baghramian, John Baldessari, Sarah Crowner, Nicole Eisenman, Michelle Grabner, Adam Pendleton y Jeff Gibbons, entre otros. Ese diálogo con creadores posicionó al estudio en circuitos internacionales de arte.
Proyectos en el espacio público
El trabajo de Suro no se limitó a galerías: intervenciones en aeropuertos y espacios urbanos consolidaron su presencia pública. En nueva york, piezas y diseños se han visto en el aeropuerto John F. Kennedy, mientras que en Guadalajara el estudio participó en la ambientación del aeropuerto internacional de la ciudad. Además, en Dallas, el estudio colaboró en proyectos de rehabilitación y diseño urbano, incluyendo propuestas en el distrito Bishop Arts que conectan la cerámica con el paisaje cotidiano.
Merkki: puente entre tradición y diseño
En paralelo a la actividad del taller, Noé Suro y Sara Pereyra crearon Merkki, una plataforma orientada al diseño y la colaboración. Merkki actúa como un vehículo de diseño funcional que combina la experiencia técnica del taller con propuestas contemporáneas de artistas y diseñadores. El resultado son objetos utilitarios y coleccionables que desafían convenciones formales y técnicas, posicionando la tradición cerámica como materia prima para el diseño contemporáneo.
La mesa como laboratorio: gastronomía y diseño
La relación de Suro Ceramics con la gastronomía es un capítulo destacado: el estudio produce piezas exclusivas para restaurantes y chefs de renombre. Entre los colaboradores gastronómicos figuran Elena Reygadas (Rosetta), Eduardo García Guzmán, Alfonso Cadena, Francisco Ruano, Enrique Olvera (Pujol) y Daniel Humm (Eleven Madison Park). Estas colaboraciones demuestran cómo la cerámica puede transformar la experiencia culinaria al convertirse en soporte estético y funcional de la cocina contemporánea.
Un caso particular fue la colaboración con el artista José Dávila, que derivó en una línea de vajillas hecha a medida para la marca de tequila Casa Dragones. Ese encargo ejemplifica la capacidad del estudio para adaptarse a demandas de lujo y marca, manteniendo la integridad del oficio y la calidad artesanal. Así, desde los hornos de Tonalá hasta mesas y muros internacionales, la trayectoria de Suro Ceramics es una historia de continuidad, innovación y redes colaborativas que vinculan territorio, arte y mercado.