En el vasto mar Caribe a más de 700 kilómetros de la costa continental de Colombia, se encuentran las islas de San Andrés, Providencia y Santa Catalina. Estas joyas de arena prístina y aguas cristalinas albergan una cultura única, influenciada por el creole un idioma que mezcla inglés, español y lenguas africanas. Sin embargo, su lejanía geográfica —más cercanas a Nicaragua que a Colombia— ha generado conflictos diplomáticos y de soberanía que se remontan a más de un siglo.
En los últimos años, estos territorios han enfrentado desafíos significativos. En 2020, un huracán de máxima categoría arrasó con el 95% al 98% de la infraestructura de Providencia y Santa Catalina, y cientos de viviendas en San Andrés. Dos años más tarde, en 2022, la Corte Internacional de La Haya ordenó a Bogotá cesar operaciones patrulleras y controlar la pesca en aguas que, tras un fallo de 2012, habían sido cedidas a Nicaragua. Estas pérdidas territoriales y naturales han dejado una profunda huella en los 80.000 habitantes del archipiélago.
Las pérdidas: una novela que refleja el dolor de un archipiélago
La escritora y periodista Cristina Bendek nacida en San Andrés, ha capturado esta aflicción en su novela ‘Las pérdidas’. En poco más de 100 páginas, Bendek esboza en primera persona un sentir compartido por muchos isleños: aflicción, reivindicación, sufrimiento, escasez y la sensación de abandono por un Estado al que reclaman comprensión.
Bendek es una de las voces más destacadas de San Andrés, una isla que, como otras periferias de Colombia, suele sentirse distante de un país históricamente centralizado. En una entrevista con BBC News Mundo en el marco del Hay Festival Querétaro 2026 la autora explicó la importancia de su obra: ‘Regresé a San Andrés tras estar ausente mucho tiempo. Habían pasado solo tres años desde el fallo de 2012 y me di cuenta de que era un tema que reunía a la opinión pública.’
La geografía y la identidad cultural de las islas
Para entender la situación de las islas, es crucial conocer su geografía y su identidad cultural. ‘Empezaría diciendo que son islas muy alejadas del continente’, comentó Bendek. ‘Intentaría llevarlos a la geografía, a los imaginarios del Caribe y del Caribe en Colombia. Porque el Caribe en Colombia tiene su propio sello, pero las islas se perciben como algo aparte sin vínculos con ese Caribe colombiano más reconocible.’
La autora también destacó la importancia de la soberanía alimentaria y la autosubsistencia aspectos que el Estado debería garantizar, especialmente en momentos de desastres naturales. ‘Nuestro día a día está dominado por la agenda del turismo. Transforma nuestra percepción del entorno, del uso de espacios y recursos. Casi toda nuestra economía depende del turismo. Sin turistas no hay viabilidad, a pesar de que nuestra viabilidad ambiental esté comprometida por esa actividad turística extractivista.’
El centralismo colombiano y sus consecuencias
Los críticos del centralismo colombiano argumentan que el Estado no entiende la multiculturalidad ni la diversidad regional de las islas. ‘El Estado no entiende nuestra condición de isla oceánica, ni el potencial de las islas para proyectarse hacia el gran campo político que es el Caribe’, explicó Bendek. ‘Colombia tiene una paranoia que la ha llevado a una política de aislacionismo en el Caribe. Tiene mucho que ver con el alineamiento casi irrestricto, durante todo el siglo XX, con la política exterior y estrategia de EE.UU. en la región.’
La autora también señaló que Colombia mantiene una visión colonialista sobre la zona y sus fronteras, homogenizando y aplanando las diferencias culturales y lingüísticas. ‘No se asume como esa nación pluralista que dicta la Constitución. Colombia no ha entendido eso en ninguna de sus fronteras. No reconoce nuestras realidades. Hemos sido considerados como un baldío, como si no hubiese personas dolientes.’
Las islas, con su población raizal suman a la diversidad racial y de lenguas de Colombia. Sin embargo, esta identidad única está amenazada por la explotación turística y los proyectos de explotación minera y petrolera. ‘Lo que más me preocupa es que se comprometa la viabilidad del archipiélago como un lugar para vivir por la explotación turística; que se comprometa el lugar donde seguimos haciendo cultura’, afirmó Bendek.
En su novela, Bendek utiliza la primera persona para conectar emocionalmente con los lectores. ‘Creo que no puedo hacerlo de otra manera. He intentado otras voces y no surge. No tiene la profundidad que necesito. Para un personaje que experimenta en su propio cuerpo y emociones la pérdida, la primera persona era lo adecuado.’
La autora también habló sobre la responsabilidad de contar la realidad de un pueblo con el que muchos lectores no están familiarizados. ‘En las islas hay una literatura emergente e interesante, muy marcada por la identidad étnica, que tiene que negociar con muchas otras identidades. Siempre suelo aclarar que hablo en nombre propio. Uno está marcado por el colectivo, pero es una sola persona. No tengo una vocería.’
Finalmente, Bendek destacó las similitudes entre las islas y otros territorios periféricos en Colombia, aislados y abandonados por las instituciones. ‘Hay mucho en común. Vas al Pacífico colombiano y te das cuenta que no solo la condición de isla configura esas tensiones con el poder. En la selva también pasa. Hasta cierto grado, la selva es un mar.’



