El Servicio de Medicina y Ciencias Forenses (Senamecf) conocido como la Morgue de Bello Monte se ha convertido en el epicentro de una crisis humanitaria tras el devastador terremoto del 24 de junio de 2026. Familias enteras se congregan en sus puertas, buscando respuestas y consuelo en medio del dolor.
El 27 de junio, la morgue recibió a cientos de familiares en busca de sus seres queridos. Voluntarios y vecinos ofrecían comida y bebidas mientras los dolientes realizaban los trámites necesarios para identificar y reclamar los cuerpos. Extraoficialmente, se sabía que había más de 500 fotografías de fallecidos para identificar, un número que aumentaba cada hora con la llegada de nuevos cuerpos.
La magnitud de la tragedia
La magnitud de la tragedia se reflejaba en los rostros de madres, hijas, padres, sobrinos y tías que esperaban horas para reclamar los cuerpos de sus seres queridos. El Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS) y el Hospital José María Vargas en La Guaira comenzaron el envío de cientos de fallecidos a Caracas, la mayoría de ellos residentes de Vargas.
El equipo de Efecto Cocuyo documentó la lista de fallecidos, pero la cifra exacta de niños, niñas, adolescentes, adultos mayores y mujeres muertos durante el terremoto seguía siendo desconocida. Una familia, que prefirió mantenerse en el anonimato, confirmó que entre las víctimas se encontraba un niño de 4 años de edad.
Historias de dolor y pérdida
Joalis Campos, junto a sus sobrinos y primas, esperaba en el Senamecf la confirmación de que los cuerpos de sus allegados estuvieran listos para la entrega. Entre ellos se encontraba el cuerpo de su sobrino Isaac Oswaldo Estenger Mujica de 33 años, registrado con otro nombre. Los familiares tuvieron que identificarlo no solo por el rostro, sino también por las marcas en su cuerpo.
Isaac era mecánico y murió cuando el edificio de la Gran Misión Vivienda Venezuela OPP27, en Caribe, al este de La Guaira, colapsó. Su esposa, Yilgert Díaz de 42 años, también estaba en el complejo cuando ocurrió el colapso. En ese momento, esperaba a su hermana para buscar a su hijo Joseph Estenger, quien iba camino a los tambores de San Juan en Naiguatá.
Yilgert tenía dos hijos más: Roimery Díaz de 27 años, y Roimer Díaz de 25, quienes también se encontraban en el edificio y no sobrevivieron. Joalis relató que ese día no solo perdieron a su sobrino, sino también a Crismey Elizabeth Rebolledo de 28 años, quien tenía tres hijos, la mayor de los cuales seguía desaparecida.
Otras víctimas del terremoto
Matheus León de un año de edad, y su hermana Isabella León de 3 años, también vivían en las residencias OPP27 de Caribe. Ellos perecieron bajo los escombros. Su padre, Jhonaikel León se encuentra desaparecido junto a su hija Joelis León de 8 años de edad.
Gerardo Méndez de 50 años de edad, estaba junto a sus hijos, Gerardo Méndez Jiménez (de 25 años) y Gerardin Méndez Jiménez (16), en la residencia Belo Horizonte, en Catia La Mar, en el sector Playa Grande. Los tres fallecieron durante el terremoto luego de que el edificio colapsara sobre ellos.
Mientras esperaba con su madre, Oriana Limongi contó los hechos que llevaron a la muerte de su tía Yeliza Yanes de 57 años de edad, en el sector Caribe de La Guaira. Su tía vivía sola en la residencia J.A. y estuvo con vida durante 24 horas hasta que su cuerpo no pudo resistir más, luego de ser trasladada al Hospital Domingo Luciani en Caracas.
La morgue saturada
Para atender la emergencia, las autoridades dispusieron el paso por la vía principal de Neverí solo para las furgonetas, camiones y carros que trasladaban los cuerpos de las distintas zonas afectadas. Dos reportes se daban: a las 8:00 a. m. con los ingresos de la madrugada y a las 5:00 p. m. con los fallecidos ingresados en la tarde.
Las autoridades no compartieron los registros ni los nombres de los fallecidos; solo los familiares podían entrar a identificarlos. Mientras esperaba con su madre, Oriana Limongi contó los hechos que llevaron a la muerte de su tía Yeliza Yanes de 57 años de edad, en el sector Caribe de La Guaira.
Su tía vivía sola en la residencia J.A. El día del terremoto su edificio colapsó y ella estuvo con vida durante 24 horas hasta que su cuerpo no pudo resistir más, luego de que la trasladaran al Hospital Domingo Luciani en Caracas. No dejó hijos. Trabajaba como jefa de seguridad en la aerolínea Estelar.
Cientos de personas estaban en la misma situación. Los trabajadores de la morgue entraban y salían, mientras numerosos familiares veían furgonetas, bomberos e incluso vieron un cuerpo en una moto durante la madrugada, comentó una de las personas que atendían en los alrededores.



