El estudio BIOMA presentó una propuesta para el Crematorio Parque CEyS en la localidad de 9 de Julio, provincia de Buenos Aires, que obtuvo el segundo premio en el Concurso Provincial de Ideas y Anteproyectos. La propuesta rehúye la imagen del edificio funerario clásico y plantea, en cambio, una secuencia controlada donde la arquitectura funciona como umbral: un sistema que modera el paso entre la ciudad y el rito de despedida.
La estrategia se basa en dejar que la experiencia ocurra en el espacio intermedio: un conjunto diseñado para contener y dirigir el duelo a través del silencio, la distancia física y la materialidad. El jurado —integrado por representantes del CAUBA D7, la CEyS y la FADEA— valoró que la propuesta lleve el proyecto hacia el límite disciplinario, aunque también señaló desafíos operativos para la gestión diaria.
Concepto y organización espacial
La planta se compone de dos barras paralelas —cada una de 4 metros de ancho por 56 metros de largo— separadas entre sí por 112 metros en planta, y con una franja edificada entre ambas de 12 metros. Esta dialéctica entre llenos y vacíos convierte al vacío central en el verdadero protagonista: no es solo un pasillo, sino el escenario del proceso emocional y físico que recorre el visitante a pie entre los árboles.
Dos piezas, lecturas contrapuestas
Desde el exterior, las barras se presentan como volúmenes opacos y cerrados, revestidos con paneles de pino tratados mediante la técnica Shou Sugi Ban, que carboniza la superficie para dotarla de una negrura y resistencia natural. Hacia el bosque, esas mismas barras se vuelven permeables en lo visual mediante fachadas de vidrio espejado que duplican y multiplican la imagen del paisaje, reforzando la noción de límite como construcción perceptiva.
Materialidad, estructura y resolución constructiva
La propuesta busca soluciones sencillas y de bajo costo: una trama modular, columnas y vigas de hormigón visto y elementos repetitivos que facilitan la ejecución. Puntualmente, algunas aberturas se resuelven con paneles pivotantes que conectan a pequeños patios interiores; estas interrupciones controladas rompen la continuidad opaca y conducen al visitante hacia los umbrales rituales.
Funciones programáticas
La primera barra aloja el columbario: recepción, salas de espera y espacios para la despedida, entendidos como ámbitos de transición entre la vida urbana y el rito. La segunda concentra la parte técnica: horno, servicios y el soporte logístico para el proceso de cremación. La separación y la claridad programática son intencionales, aunque el jurado advirtió que la división plantea dificultades operativas y de simultaneidad entre actividades.
El bosque entre las barras: elemento central
Entre las dos piezas se desarrolla un bosque dispuesto en una grilla regular de fresnos rojos, plantados cada 4 metros, sumando un total de 420 árboles. Ese patrón extiende la lógica modular de la arquitectura hacia el paisaje y define el recorrido: un paseo donde cada árbol puede ser reconocido y asociado a una urna.
Urnas y permanencia
Las urnas ecológicas se integran al suelo del bosque para que las cenizas nutran la nueva vida arbórea, cerrando un ciclo vital. La figura del árbol funciona como símbolo de continuidad: crece, cambia con las estaciones y ofrece un lugar identificable por nombre para las familias. Según Felipe Carrizo, socio fundador de BIOMA, la intención fue evitar el estereotipo de parque sacro y, en su lugar, ofrecer una instalación inmersiva que transmita recuerdo y presencia mediante la espacialidad.
Recorrido, contemplación y cierre
El tránsito desde la ruta implica dejar el vehículo fuera del sistema y avanzar a pie hacia un volumen austero que impulsa la pausa. El paseo culmina en la segunda barra y en un punto de recepción de cenizas donde un banco circular invita a la reflexión. En esa parada —un vacío previsto en la retícula— el visitante se enfrenta al paisaje reflejado en el vidrio y se reconoce inscrito en la trama del bosque.
Balance crítico
El proyecto ha sido destacado por su capacidad para construir una experiencia sensible a partir del límite, el material y el vacío, pero también recibió observaciones sobre la operatividad cotidiana: separar el programa en dos barras facilita la lectura formal, aunque complica la gestión simultánea de procesos y visitantes. Esa tension es parte de la propuesta y del debate público que genera.
Ficha técnica
Autoras: BIOMA (Felipe Carrizo y Lucía Allende). Colaboradores: Juan Ignacio Depetri, Tomas Randrup, Sofia Macluf, Facundo Hondagneu Roig, Manuel Beltran, Santiago Lopez Bares y Carol Gallo. Concurso: Concurso Provincial de Ideas y Anteproyectos para 9 de Julio. Jurado: representantes del CAUBA D7, la CEyS y la FADEA.