En la costa pacífica de Baja California, la pintora Beatriz Padilla protege sus lienzos del viento y observa el mar con la misma intensidad con que sigue las rutas de las ballenas. Tras recorrer migraciones y traducir sonidos en colores, Padilla se sumó a una movilización que llevó a un juez a ordenar la suspensión del tráfico de buques vinculados al proyecto Saguaro Energy. Esa medida, solicitada en una demanda presentada por Nuestro Futuro y aliados, alega que las autoridades no evaluaron por completo los riesgos para la fauna marina.
La acción legal adopta una vía poco habitual: plantea a las ballenas como entidades con derechos que requieren protección frente a actividades industriales. La orden busca impedir daños irreversibles mientras el litigio avanza, especialmente ante advertencias científicas sobre presiones crecientes sobre poblaciones ya debilitadas por otras amenazas.
Un ecosistema excepcional en juego
El Golfo de California, descrito por exploradores como un «acuario del mundo», concentra una riqueza biológica única: alberga más del 39% de los mamíferos marinos globales, incluyendo ballenas azules, cachalotes, rorcuales y la críticamente amenazada vaquita. El proyecto Saguaro pretende transportar gas fracturado desde la cuenca del Permian por una tubería de aproximadamente 800 kilómetros hasta Puerto Libertad, Sonora, para luego embarcarlo en grandes tanques con destino a mercados asiáticos. La infraestructura y el tráfico marítimo previsto son el foco principal de las objeciones.
La inquietud toma más fuerza tras un derrame petrolero de gran magnitud en el Golfo de México que ha causado mortalidad marina y afectado más de 650 kilómetros de litoral. Gobiernos estatales como Sonora y Baja California Sur han pedido evaluaciones estratégicas adicionales para evitar impactos en pesca, turismo y comunidades costeras, y organizaciones científicas y civiles exigen que no se subestimen los riesgos acumulativos.
Presiones sobre las ballenas y evidencias científicas
Descenso poblacional y causas
Las cifras sobre ballenas grises han encendido alarmas: la población en la costa pacífica de México pasó de unas 27.000 a menos de 13.000 entre 2019 y 2026, tras lo que científicos calificaron como un evento de mortalidad inusual. En un año se documentaron cerca de 900 ejemplares muertos a lo largo de Alaska hasta México. Investigadores vinculan ese declive a la pérdida de hielo ártico, que altera la producción de algas y reduce la disponibilidad de crustáceos bentónicos de los que se alimentan las ballenas, dejando a muchos animales más delgados y vulnerables.
Colisiones, ruido y redes fantasmas
Entre las amenazas añadidas figuran el enredo en redes abandonadas, el aumento del tráfico con su riesgo de colisiones y la contaminación acústica submarina que dificulta la comunicación y la búsqueda de alimento. Expertos como Lorena Viloria y la Sociedad Mexicana de Mastozoología Marina (SOMEMMA) han firmado cartas públicas con más de 200 especialistas oponiéndose al proyecto por sus potenciales impactos incalculables. Las embarcaciones previstas, gigantes de hasta 300 metros, multiplican la probabilidad de encuentros mortales en corredores de migración donde históricamente el tránsito había sido limitado.
Movilización ciudadana, legal y científica
La protesta combina arte, litigio y campañas comunitarias. Conexiones Climáticas ha organizado actividades en escuelas, vigilias y concursos de avistamiento que han sumado apoyo social; más de 30 organizaciones elevaron quejas a organismos de la ONU por riesgos a un ecosistema reconocido por UNESCO. La presión contribuyó a que la empresa Sempra retirara su solicitud para el proyecto Vista Pacífico en Topolobampo, Sinaloa, y ahora la coalición Ballenas o Gas, con más de 40 grupos y 300.000 firmas, pide una moratoria a nuevos terminales de GNL.
Desde la trinchera legal, la demanda de Nuestro Futuro sostiene que permisos antiguos no contemplan la escala y el perfil del actual proyecto exportador, reclamando una reevaluación ambiental estratégica. Activistas como Claudia Campero advierten que convertir las costas mexicanas en un corredor para gas extranjero convertiría la región en una especie de zona de sacrificio para comunidades que no se beneficiarán de esos recursos.
Comunidades, cultura y un llamado urgente
Más allá de las ballenas, la expansión de la infraestructura podría afectar pesquerías, turismo y la identidad de poblados costeros que dependen del mar. Defensoras como Mima Holt citan ejemplos en la costa de Estados Unidos, donde la llegada masiva de plantas de gas y sus operaciones transformaron comunidades y alteraron ecosistemas. La posibilidad de un corredor de buques de gran calado plantea riesgos para reservas naturales y santuarios de nidificación o crianza en el Golfo.
Padilla, que el año anterior realizó un ayuno de 21 días y este invierno pasó dos meses junto a las rutas de las grises, relata encuentros íntimos con los animales y la pérdida visible de jóvenes ejemplares. Su obra busca traducir la voz de las ballenas y convertirla en prueba social y emocional. Para ella y para muchas comunidades y científicos, la pregunta es simple y contundente: ¿preferimos preservar a las ballenas y sus hábitats o permitir la instalación de megainfraestructura que podría cambiar irreversiblemente el Golfo?