El PIB de México sufrió una contracción de 0.8% en el primer trimestre de 2026 frente al trimestre inmediato anterior, según el dato oportuno difundido por INEGI. El informe, presentado en términos desestacionalizados, señala además que en comparación anual la economía avanzó un 0.2% en términos desestacionalizados y un 0.1% en cifras originales. Este retroceso trimestral constituye el peor inicio de año desde 2026 y es la mayor disminución secuencial registrada desde el cuarto trimestre de 2026.
La caída sucede luego de que en el cuarto trimestre de 2026 la actividad hubiera crecido 0.9% respecto al periodo previo, y en el conjunto de 2026 la expansión anual fue de 0.8%. A pesar del retroceso de inicio de 2026, exportaciones y turismo mostraron cifras positivas: las ventas al exterior aumentaron 17.9% interanual en el primer trimestre y las llegadas de viajeros internacionales crecieron más del 8% en enero y febrero, mientras que las cifras puntuales de marzo registraron un repunte de exportaciones del 27.7%.
Resultados por rubros
El descenso trimestral no fue exclusivo de un área: los tres grandes grupos de actividad económica se contrajeron. El sector primario (agricultura, pesca y actividades relacionadas) fue el más golpeado, con una caída de 1.4% respecto al cierre de 2026. El sector secundario (industria y construcción) retrocedió 1.1%, mientras que el sector terciario (servicios) se redujo 0.6%. Este efecto conjunto explica por qué el crecimiento del trimestre anterior prácticamente se revirtió en los primeros meses de 2026.
Comparación anual y matices
Al desagregar en términos interanuales aparecen matices: el sector terciario fue el único que creció, con un avance de 0.9% frente al mismo trimestre de 2026; en contraste, el primario cayó 0.1% y el secundario retrocedió 1.1%. Estos contrastes reflejan una demanda externa relativamente dinámica —con un alza marcada en exportaciones— pero una pérdida de vigor en la actividad interna y en la inversión productiva.
Perspectivas y análisis de expertos
Diagnóstico de especialistas
Analistas consultados han señalado que la debilidad proviene en buena medida de factores domésticos. Gabriela Siller, directora de análisis económico de Banco Base, atribuye la caída a elementos internos como el deterioro institucional, la reducción de la inversión fija, el aumento de la informalidad laboral y la pérdida de productividad. En línea, Andrés Abadía, economista en jefe para Latinoamérica en Pantheon Macroeconomics, subraya que el menor consumo, la caída de la inversión de capital y unas condiciones financieras todavía restrictivas están presionando la actividad.
Proyecciones y escenarios
Las previsiones sobre el crecimiento anual de 2026 varían: Pantheon espera un avance de alrededor de 1.2%, mientras que Banco Base estima cerca del 1%. Otras instituciones muestran un rango amplio: el consenso del mercado rondaba el 1.4%, Banca Mifel ha planteado un escenario conservador cercano al 0.8%, y entidades como BBVA o Banorte pronostican recuperaciones más optimistas en torno al 1.8%. Oxford Economics considera que la caída fue temporal y proyecta una recuperación en el segundo trimestre que permitiría cerrar el año alrededor del 1.2%, con una mejora hacia 2027.
Riesgos y catalizadores temporales
Entre los factores que podrían impulsar la actividad en el corto plazo figuran eventos puntuales: la coorganización por parte de México de la Copa Mundial de la FIFA en junio y julio de 2026, que se espera atraiga flujo turístico y dinamice servicios y comercio. No obstante, persisten riesgos a la baja, como la incertidumbre en las relaciones bilaterales con Estados Unidos, presiones en el sector petrolero internacional y la revisión formal del T-MEC prevista para julio, que podría generar tensiones en sectores sensibles como acero, aluminio y automotriz.
Conclusión
El arranque de 2026 dejó a la vista una economía con crecimiento limitado y vulnerabilidades internas que requieren atención en inversión y productividad. Las cifras positivas en exportaciones y turismo ofrecen alivio temporal, pero la recuperación sostenida dependerá de la capacidad de revertir la caída de la inversión fija y de mejorar las condiciones institucionales y financieras que hoy limitan el dinamismo económico.
