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4 junio 2026

Cómo los viajes internacionales de Sheinbaum influyen en su presidencia

la presidenta ha viajado en clase económica a eventos internacionales y eso ha marcado tanto su imagen como la agenda exterior del país

Cómo los viajes internacionales de Sheinbaum influyen en su presidencia

En late 2026 la recién electa Presidenta sorprendió a México al aceptar asistir al G20 en Río de Janeiro y abordar un vuelo comercial en clase económica. Ese gesto rompió con la práctica de su antecesor, AMLO, conocido por extremar la austeridad y por gestos llamativos como la venta del avión presidencial —con episodios como el intento de rifarlo y el posterior traslado de la aeronave a Tayikistán—. Desde entonces, la mandataria ha repetido la fórmula: viajar con la gente, interactuar a bordo y publicar los momentos, convirtiendo el traslado en un símbolo deliberado de su estilo de gobierno.

Esos recorridos no se limitaron al evento en Brasil: después vino una visita a Canadá para un encuentro relacionado con el G7 y, más recientemente, un viaje a España que generó titulares por la dimensión política y simbólica del gesto. A bordo la presidenta trabajó en su laptop, conversó con la tripulación y saludó a ciudadanos mexicanos en el destino; en Barcelona fue recibida por compatriotas que la vitorearon y por músicos que la abrazaron, un cuadro que alimentó la narrativa de una proximidad presidencial que algunos califican de refrescante y otros de calculada.

Un estilo de gobierno en movimiento

La decisión de viajar en vuelos comerciales y aparecer en situaciones cotidianas forma parte de una estrategia consciente para proyectar una imagen pública coherente. Para sus simpatizantes, esa coherencia demuestra autenticidad: la presidenta no separa la retórica de sus actos. Para los críticos, es un gesto mediático que busca capital político. En cualquier caso, el impacto es real: estos actos han ayudado a cambiar la percepción internacional sobre la disposición de México a participar en foros multilaterales y a volver a la mesa de negociación con países que habían quedado distantes tras años de tensiones.

Relaciones internacionales y prioridades económicas

Normalización diplomática

El viaje a España llegó en un contexto de alta fricción bilateral heredada por reclamos históricos formulados por AMLO. La actual presidencia ha optado por la normalización y por priorizar la atracción de turismo e inversión española, una apuesta pragmática que busca estabilizar vínculos y abrir flujos comerciales. Al mismo tiempo, la colaboración con socios como Estados Unidos se ha manejado con cuidado: cooperación en inteligencia frente a los carteles y coordinación económica ante la guerra comercial entre EE. UU. y China son ejemplos de decisiones estratégicas que muestran un enfoque diplomático activo.

Resultados económicos y proyectos

En el frente interno, el gobierno reivindica avances: reducción de la pobreza, creación de una clase media más amplia, y mejoras en seguridad que se reflejan en descensos de dos dígitos en algunos indicadores delictivos. Además, el lanzamiento del Plan México con el sector empresarial ha favorecido la llegada de inversión extranjera directa en niveles récord, mientras que el peso se ha mostrado estable y la inflación parece controlada, motivando revisiones al alza en expectativas de PIB por parte de analistas. Estos logros buscan justificar la apuesta por una diplomacia activa y una imagen presidencial más accesible.

Críticas pendientes y retos estructurales

Energía, justicia y percepción de corrupción

Aunque la gestión tiene aciertos, también enfrenta críticas válidas: la economía todavía podría crecer más rápido y sectores clave como la energía arrastran problemas. Empresas como CFE y PEMEX siguen siendo percibidas como obsoletas y onerosas para el desarrollo, y la reforma judicial no terminó de convencer al sector privado. Además, la sensación de que la lucha contra la corrupción avanza con lentitud persiste entre un segmento de la población; hay quienes reclaman medidas más agresivas y resultados visibles en plazos más cortos.

La variable de la opinión pública

A pesar de los avances, aproximadamente el 30% de los ciudadanos aún desaprueban su gestión. Las razones son diversas y a veces difusas: expectativas de cambios inmediatos, escepticismo frente a promesas políticas o desacuerdos sobre prioridades públicas. Para sus críticos, la pregunta clave es concreta: ¿qué más debe hacer la presidenta para ganar confianza? Para los defensores, lo importante es reconocer que la transformación institucional es gradual y que el liderazgo se mide tanto por gestos simbólicos como por resultados tangibles en economía, seguridad y transparencia.

En definitiva, los viajes en clase económica y la disposición a interactuar en público han convertido a la mandataria en un símbolo de ruptura con estilos anteriores. Aunque no todos están convencidos, sus decisiones diplomáticas y económicas han abierto espacios de colaboración internacional y han generado mejoras en varios indicadores. La tarea pendiente sigue siendo traducir ese impulso en reformas profundas y en resultados percibidos por la mayoría, un desafío que marcará la evaluación de su presidencia en los próximos meses.

Autor

Bianca Marchesi

Bianca Marchesi publicó una investigación tras convencer a la oficina municipal de Génova para que entregara actas, sosteniendo una postura editorial provocadora sobre las políticas urbanas. Columnista urbana, conserva un archivo fotográfico personal de las plazas genovesas.