Un estudio de la Universidad de Hawái en Mānoa, publicado en la revista Coral Reefs, revela un doble efecto protagonizado por la tortuga marina verde. Por un lado, estos reptiles remueven y consumen cantidades significativas de la alga invasora Chondria tumulosa, lo que disminuye la presión sobre los arrecifes del noroeste de Hawái; por otro, su comportamiento migratorio plantea la posibilidad de que fragmentos viables sean transportados a nuevas áreas, ampliando la huella del invasor.
La expansión de Chondria tumulosa, identificada por primera vez en 2016 en el atolón Manawai, ha sido rápida y extensa: ya supera los 101 kilómetros cuadrados en el ecosistema coralino del noroeste de Hawái y alcanzó atolones como Kuaihelani y Hōlanikū en 2026 y 2026 respectivamente. Estos mantos algales, de hasta seis centímetros de espesor, pueden asfixiar corales y desplazar especies nativas, agravando el estrés que ya sufren los arrecifes por cambio climático y actividades humanas.
Observaciones en campo y evidencia directa
Las grabaciones submarinas en el Monumento Marino Nacional Papahānaumokuākea, registradas en junio y julio de 2026, documentaron a ejemplares de Chelonia mydas alimentándose de forma sostenida sobre Chondria tumulosa. En uno de los vídeos, tres tortugas estuvieron consumiendo el alga durante cerca de 50 minutos; en otro registro, una hembra realizó 18 mordidas en 95 segundos y extrajo fragmentos de entre 5 y 15 centímetros. Además, la necropsia de un ejemplar local mostró que hasta un 25% del contenido digestivo correspondía a esta especie invasora, lo que confirma un consumo significativo a escala individual.
Eficacia comparativa entre herbívoros
Los investigadores compararon la eficiencia de remoción entre distintos organismos nativos y encontraron que peces y erizos no igualan la capacidad de las tortugas para retirar grandes volúmenes de biomasa. Por ello, la tortuga verde se perfila como un control biológico relevante y, en términos ecológicos, como un megaherbívoro capaz de influir en la estructura del sustrato coralino.
Riesgos vinculados a la movilidad de las tortugas
Aunque la depredación por parte de Chelonia mydas ofrece una oportunidad para limitar la proliferación de Chondria tumulosa, los científicos advierten sobre la posibilidad de dispersión. Al ingerir y fragmentar el alga, las tortugas podrían excretar piezas viables en rutas migratorias que conectan atolones y islas. Este riesgo se vuelve más crítico si se considera que el 96% de las tortugas verdes hawaianas anidan en Lalo (French Frigate Shoals) y luego se desplazan a otras zonas del archipiélago, lo que facilita potencialmente la transferencia geográfica del invasor.
Escenario complejo: beneficio y amenaza
Los expertos subrayan que el mismo proceso biológico que reduce biomasa invasora también puede actuar como vector. La profesora Celia Smith, autora principal del estudio, indica que las estrategias de conservación deben integrar este doble papel: maximizar el papel protector de las tortugas sin ignorar el peligro de que ayuden a la expansión de la especie algal. Tammy Summers, del Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos, define la conducta como alentadora pero alerta sobre la necesidad de evaluar las rutas y los mecanismos de dispersión.
Recomendaciones y acciones propuestas
Frente al dilema, el equipo plantea varias acciones concretas: aumentar las poblaciones de tortuga marina verde —considerada en peligro y vital como agente de control natural—; reforzar el seguimiento ambiental mediante técnicas de ADN ambiental (eDNA) para detectar presencia de fragmentos y células de Chondria tumulosa; y cartografiar rutas migratorias y zonas críticas de anidación para anticipar puntos de riesgo. Estas medidas buscan equilibrar la protección de los arrecifes con la prevención de nuevas colonizaciones algales.
La situación en Hawái ilustra un dilema habitual en conservación: una especie nativa puede ofrecer soluciones parciales y al mismo tiempo complicar el manejo del problema invasor. Sin otros herbívoros locales que demuestren igual eficiencia, la intervención humana debe combinar protección de las tortugas, vigilancia con eDNA y acciones rápidas en áreas vulnerables para evitar impactos irreversibles sobre la biodiversidad coralina.