Las imágenes que la gente tiene en la cabeza configuran decisiones públicas y privadas. Si usted cree que su vecino es peligroso, tenderá a evitarlo aunque en la realidad sea amable; lo mismo ocurre entre países. En este contexto, una serie de sondeos realizados por AMCHAM, la U.S.–Mexico Foundation y AMPIP, con el trabajo de Echelon Insights, trazan un mapa de las opiniones de votantes estadounidenses sobre México. Estos datos no son meras curiosidades: condicionan discursos, políticas comerciales y la forma en que se discute el acuerdo comercial norteamericano.
Los resultados muestran matices: la percepción general es moderada pero cambiante, con luces en temas económicos y culturales y con preocupaciones persistentes en seguridad. Entender esos matices permite diseñar una estrategia que aproveche los puntos fuertes y reduzca los temores. A continuación, desglosamos las cifras clave y las implicaciones prácticas.
Qué dicen las cifras principales
El panorama general coloca a México con una opinión neta de +6 entre votantes estadounidenses, muy por debajo de Canadá (+58) y por encima de países como China o Rusia. La división por partidos es notable: los demócratas ven a México con +47, los independientes con +17 y los republicanos con -23. En términos de distribución, un 13% tiene una opinión muy favorable, 31% algo favorable, 26% algo desfavorable y 12% muy desfavorable; además, 1% dice no haber oído hablar del país y 18% reconoce haber oído hablar pero no tener opinión. Ese 18% de indecisos es especialmente relevante: como ha señalado Enrique Perret, son el grupo persuadible que puede inclinar la balanza.
Interpretación de los números
Estas cifras muestran que hay una base de simpatía pero también un campo amplio para la comunicación. La división partidista subraya que ciertos mensajes funcionan mejor con audiencias específicas, mientras que otros factores (como el impacto económico directo) tienen resonancia transversal. En suma, los datos piden campañas que combinen hechos tangibles con relatos cotidianos.
Qué impulsa las percepciones positivas
Cuando los votantes valoran positivamente a México, mencionan principalmente razones que afectan su experiencia diaria: el turismo binacional (52%, frente al 47% del año anterior), la relación económica que beneficia a Estados unidos (45% estable) y el intercambio cultural (43% recuperado después de una caída). Entre quienes ya consideran a México un buen vecino, esos tres motivos se elevan a cifras robustas de alrededor del 69–70%. Es decir, los aspectos que generan buena voluntad son tangibles y reconocibles por la ciudadanía.
También hay señales de avance en seguridad cooperativa: la percepción de colaboración en el cumplimiento de la ley ha visto una recuperación, ascendiendo a 33% desde niveles previos cerca del 25% a finales del año pasado. Este tipo de mejoras, aunque graduales, demuestran que las acciones conjuntas producen cambios en la opinión pública.
Preocupaciones que persisten (y las que están cediendo)
En el lado negativo, la actividad de los carteles sigue siendo el principal motivo de inquietud (59%), una cifra estable. Sin embargo, algunas preocupaciones han perdido intensidad: la preocupación por el fentanilo bajó a 47% desde 54%, y la percepción de migración no autorizada cayó de 46% a 35%. El temor a que trabajadores mexicanos compitan injustamente también descendió notablemente, de 33% a 21%. Estos movimientos indican que los votantes distinguen cada vez más entre problemas concretos y narrativas generales.
Migración y control fronterizo
La caída en la preocupación por la migración sugiere que las medidas visibles de control y gestión fronteriza están siendo percibidas por buena parte del electorado. Cuando la realidad muestra resultados, la opinión pública tiende a ajustarse, lo que refuerza la idea de que las políticas concretas y su comunicación importan tanto como las medidas mismas.
Economía, tarifas y la trampa del desconocimiento sobre el USMCA
En materia económica, la mayoría entiende la relación comercial: 39% considera que el comercio con México abarata productos cotidianos, frente a 17% que piensa lo contrario. Sin embargo, 61% teme que unas tarifas encarezcan alimentos y electrónicos. Incluso entre votantes republicanos la inquietud por tarifas cayó del 56% al 41% en el último año, lo que muestra que el argumento económico cala.
Un problema claro es la baja visibilidad del USMCA: ocho de cada diez votantes saben poco o nada del acuerdo y casi la mitad no está segura sobre su renovación. Cuando se les pregunta por lo que sería un trato justo, las prioridades atraviesan líneas partidistas: precios más bajos (49–53%), mayores oportunidades para agricultores estadounidenses (48–51%) y cadenas de suministro dentro de Norteamérica. Es un punto a favor: los votantes no son anti‑comercio, sino pro‑beneficios palpables.
Cómo convertir percepción en política
La conclusión es práctica: la marca México no está rota, pero sí subexpuesta. Las acciones que funcionan son claras y replicables. Primero, potenciar el flujo turístico y el intercambio cultural para multiplicar historias compartidas; segundo, explicar sin descanso el argumento económico: precios más bajos y cadenas de suministro seguras; tercero, mostrar resultados concretos en seguridad —incautaciones de fentanilo, operativos contra carteles y gestión migratoria visible—; y cuarto, aprovechar la revisión del USMCA como oportunidad comunicativa, presentándola como herramienta para traer inversiones, proteger empleos y mantener precios estables.
Si se trabajan en paralelo las acciones y la comunicación, la opinión pública puede cambiar de forma sostenida. No se trata de inventar afecto, sino de amplificar lo que ya funciona y reducir los miedos que pesan. Esa es la estrategia que pueden y deben seguir actores públicos y privados para transformar la percepción en cooperación real.
Pedro Casas Alatriste aporta este análisis desde su experiencia en relaciones comerciales y pública en la región.
