Durante muchos años la aproximación de Colombia a los asuntos de género en el ámbito internacional se limitó a la participación en espacios multilaterales y a declaraciones formales. Ese enfoque, aunque visible en foros, resultaba periférico y poco conectado con las realidades cotidianas de las mujeres, las personas LGBTIQ+ y las comunidades territoriales. Con la firma del Decreto 270 del 17 de marzo de 2026 por el presidente Gustavo Petro, esa dinámica cambió: la Política Exterior Feminista dejó de ser una aspiración para convertirse en una política pública con marco legal y recursos.
La nueva orientación no surgió de manera aislada. Más de 45 organizaciones feministas, movimientos de mujeres, colectivos LGBTIQ+, mujeres en la diáspora, la academia y funcionarios del servicio diplomático participaron en su diseño, por lo que la política es el producto de un ejercicio de construcción conjunta. Además, su inclusión en el Plan Nacional de Desarrollo 2026–2026 y la incorporación como mandato en la Ley 2294 de 2026 marcaron el paso de lo declarativo a una política con institucionalidad, presupuesto y capacidad operativa.
Ejes estratégicos y principios rectores
La Política Exterior Feminista está organizada en cinco ejes que orientan la práctica diplomática: justicia social, justicia ambiental, paz positiva, educación, ciencia y cultura, y fortalecimiento institucional. Estos ejes se sostienen en principios explícitos: es pacifista porque entiende que la igualdad es condición para la paz; es interseccional, pues reconoce que las opresiones se entrecruzan; y es participativa, al afirmar la centralidad de la sociedad civil en su construcción. En términos prácticos, ese conjunto de ejes y principios reorienta prioridades diplomáticas y programas de cooperación.
Avances en la institucionalización interna
Para plasmar la coherencia entre discurso y práctica se creó el Grupo Interno de Trabajo de Política Exterior Feminista y Asuntos de Género, dotado de recursos específicos y de un equipo técnico especializado. Paralelamente, se adoptó el Protocolo de Prevención de Violencia por Razones de Género, cuyo despliegue efectivo comenzó tras un aplazamiento que originalmente debería haberse adelantado en 2026. Con jornadas de capacitación y nuevos mecanismos internos se busca asegurar que las violencias basadas en género no queden impunes dentro de las instituciones que representan al país.
Protocolo y capacitación
El despliegue del Protocolo de Prevención de Violencia por Razones de Género incluye programas de formación sobre diversidad, inclusión y prevención del acoso. Estas iniciativas persiguen cambiar prácticas cotidianas y actitudes que reproducen discriminación, entendiendo que la coherencia institucional exige transformaciones concretas en los procedimientos y en la cultura organizacional. La intención es que las políticas externas no sean contradichas por prácticas internas.
Evaluación y línea base
Se elaboró una línea base institucional que identificó brechas y comportamientos discriminatorios, no con la intención de estigmatizar, sino de transformar. A partir de ese diagnóstico se implementan procesos de formación continua y evaluación que permiten medir avances y ajustar estrategias. La idea es consolidar una institucionalidad capaz de sostener la Política Exterior Feminista en el mediano y largo plazo.
Proyección internacional y cooperación
En el plano externo, Colombia ha firmado acuerdos bilaterales para promover la política exterior feminista con países como México, Chile, Francia y Estados Unidos, e integra este enfoque en sus vínculos con Brasil y otros socios estratégicos. A nivel multilateral, el país lideró y organizó iniciativas relevantes, entre ellas la Conferencia Internacional para la Prevención de la Violencia Sexual en los Conflictos, la séptima Conferencia Internacional sobre Planificación Familiar (ICFP), y aportó una agenda de género a eventos como la COP16 y el Foro Mundial de Migración y Desarrollo.
Asimismo, misiones diplomáticas y embajadas han promovido agendas concretas de mujeres, paz y seguridad, cuidado y cambio climático, articulándose con entidades nacionales. Un ejemplo de cooperación regional es el programa conjunto con Chile y México, implementado en alianza con la CEPAL y con el apoyo de Alemania, que demuestra que la política no es meramente simbólica sino que se traduce en acciones y proyectos tangibles.
El avance no ha sido fácil: se construyó en diálogo permanente con la sociedad civil y en un contexto global donde los derechos de las mujeres enfrentan retrocesos y discursos hostiles. Pese a esos desafíos, la decisión de institucionalizar la Política Exterior Feminista envía un mensaje claro: la igualdad será parte de la agenda de Estado y no habrá retrocesos. Más que un sello diplomático, esta política es una hoja de ruta colectiva y dinámica que continuará evolucionando de la mano de la sociedad colombiana.