Saltar al contenido
4 junio 2026

Bahía Blanca recupera calles y recuerda la inundación que la marcó

Un año después del 7 de marzo, Bahía Blanca combina obras públicas, pérdidas personales y esfuerzos comunitarios para reconstruir su vida cotidiana

bahia blanca recupera calles y recuerda la inundacion que la marco 1772887352

Bahía Blanca aún arrastra las consecuencias de la inundación que sorprendió a la ciudad el 7 de marzo. Aunque muchos sectores muestran calles limpias y locales abiertos, la memoria del desastre permanece viva en viviendas, comercios e instituciones. El balance oficial habla de 18 fallecidos, más de 90.000 hogares anegados y un impacto directo en cerca de 260.000 vecinos, cifras que explican por qué la recuperación exige tanto trabajo material como emocional.

Las tareas de limpieza y las campañas de ayuda fueron inmediatas y masivas. Una cadena de solidaridad nacional desbordó los centros de asistencia; después llegaron subsidios y planes de obra que buscan, además de reparar lo urgente, ofrecer soluciones estructurales de largo plazo.

Avances en infraestructura y el plan para el Canal Maldonado

Entre los proyectos prioritarios figura la reconstrucción del Canal Maldonado. El gobierno bonaerense inició una intervención que incluye la demolición del puente Pampa Central y un plan en dos etapas con una inversión estimada en $110.000 millones. Las obras proyectadas aumentarán la capacidad de transporte de agua de 300 a 900 m³ por segundo en los 6,5 kilómetros de extensión del corredor, derivando parte del caudal hacia las rías. Las autoridades municipales y provinciales destacan la rapidez en licitaciones y diseño como un logro administrativo, pero en barrios todavía perciben las soluciones como tardías.

Intervenciones locales y desafíos logísticos

Mientras se avanza en el Canal, se ejecutaron reparaciones de calzadas, rellenos masivos de terrenos (con volcado de hasta 30.000 m³ en sectores socavados) y reconstrucción de puentes provisionales para mantener la conectividad. La ruta 3 conserva desvíos y puentes militares para asegurar el tránsito; sin embargo, el cierre o limitación de pasos redujo el flujo de clientes a comercios y alteró la vida cotidiana en varios barrios.

Impacto en instituciones públicas y privadas

La inundación golpeó con fuerza a establecimientos educativos, de salud y al comercio. La Universidad del Sur (UNS) perdió entre 50.000 y 70.000 libros y tesis y sufrió daños en laboratorios y equipamiento, especialmente en áreas de Física. Se inundaron alrededor de 10.000 m² en sectores subterráneos; la recomposición se realiza con aportes de otras universidades y transferencias del gobierno nacional por un total inicial de $1.600 millones (primero $500 millones y luego $1.100 millones), y se espera otra partida para continuar las obras.

En salud, el Hospital José Penna volvió a funcionar casi en su totalidad tras una inversión cercana a $35.000 millones destinada a obras y equipamiento. En la madrugada del 7 de marzo, el subsuelo donde funcionaba Neonatología quedó bajo el agua; el personal realizó un operativo para trasladar a pacientes y equipos al piso superior, a veces caminando por techos y ventanas, en condiciones de emergencia y sin energía eléctrica plena.

Historias de supervivencia y recuperación

Entre relatos que simbolizan la tragedia y la esperanza está el de Amely, una bebé de bajo peso que fue resguardada por el equipo de Neonatología durante esa madrugada. La acción de enfermeras y médicos, que improvisaron cobijo y calor, se combina con testimonios de comerciantes como Rolando Arancibia, que perdió toda la mercadería del subsuelo de su distribuidora de juguetes, y de locales en el microcentro que debieron vaciar y recuperar lo posible tras semanas de trabajo.

Economía local y el tejido social

Comercios y pymes constituyeron uno de los sectores más afectados: mercadería arruinada, vidrieras reventadas y ventas golpeadas por la caída del tránsito. Las respuestas incluyeron exenciones municipales, créditos y subsidios provinciales y nacionales, aunque muchos empresarios los percibieron como insuficientes o de difícil acceso. En paralelo, la solidaridad privada fue clave: donaciones de productos, plazos para pago por parte de proveedores y campañas comunitarias ayudaron a sostener el comercio durante los primeros meses.

En el microcentro la fisonomía cambió: donde hubo carteles de remate por inundación hoy se ven escaparates ordenados y nuevas aperturas. Aun así, los vecinos y comerciantes recuerdan las noches de saqueos y oportunismo que siguieron al desastre, junto con historias de resiliencia como la de quienes abrieron negocios en medio de la reconstrucción.

Mirada a futuro

Las obras en marcha buscan reducir el riesgo hídrico y recuperar la normalidad de la ciudad, aunque la percepción local es que el proceso será largo. El intendente y funcionarios sostienen que se trabaja con prioridad y que esperan suma de fondos nacionales. Un consejo asesor integrado por especialistas en recursos hídricos, representantes universitarios y colegios profesionales participa en la planificación técnica.

La inundación dejó marcas visibles y otras que aún se sienten en el ánimo colectivo. Revertirlas exige no solo maquinaria y pavimentos, sino también acompañamiento social y políticas que atiendan a los más afectados. En Bahía Blanca, la combinación de obras, memoria y solidaridad define el capítulo de recuperación que continúa escribiéndose.

Autor

Andrea Innocenti

Andrea Innocenti coordinó desde el extranjero el regreso de una cronista napolitana durante una crisis diplomática, gestionando contactos con consulados; es corresponsal de exteriores que define líneas editoriales sobre geopolítica. Nacido en Napoli, habla el dialecto local y mantiene relaciones con ONG napolitanas.