Los atrasos en los pagos de los préstamos personales y a las familias continuaron su tendencia alcista: según el informe de la consultora 1816 basado en la Central de Deudores del Banco Central, la incidencia de la morosidad en los hogares pasó del 10,6% en enero al 11,2% en febrero. Esta cifra implica dieciséis meses consecutivos de suba y marca un nivel no visto desde principios de la década del 2000. El informe enfatiza que la evolución no es aislada: la irregularidad también creció, aunque de forma más moderada, en el segmento empresarial y en el agregado del sector privado.
El deterioro no es homogéneo y los indicadores de actividad muestran un panorama mixto. Mientras algunos sectores con menor intensidad laboral crecen, las actividades que generan más empleo registran contracciones que afectan directamente el ingreso de los hogares. Además, la combinación entre tasas de interés elevadas y pérdida de poder adquisitivo agudiza la capacidad de pago: los salarios reales privados registrados y el empleo muestran señales de debilidad que se traducen en mayor incumplimiento.
Magnitud y alcance del aumento
El salto en la incidencia de la mora no se concentra en unos pocos bancos: 28 de las 30 principales entidades que otorgan créditos a hogares reportaron aumentos en su cartera irregular, lo que apunta a un fenómeno de alcance sistémico. En paralelo, la mora de empresas pasó de 2,8% a 2,9% y el indicador agregado del sector privado subió de 6,4% a 6,7%. Un dato adicional que preocupa es la performance del crédito fuera del sistema bancario: las entidades no financieras presentaron una morosidad en hogares cercana al 29,9% en febrero, con un incremento de más de dos puntos respecto de enero.
Factores económicos que explican la tensión
El informe identifica varias causas simultáneas. Por un lado, existe un crecimiento económico que beneficia principalmente a sectores menos intensivos en empleo, como el agro, la energía y la minería; por otro, la industria, la construcción y el comercio muestran debilidad y destruyen puestos de trabajo. Ese reacomodamiento productivo implica que la expansión del PBI y del consumo privado no se traduce en mejoras generalizadas del ingreso. Además, el desempleo aumentó y en el último trimestre de 2026 alcanzó el 7,5%, mientras que el salario real privado registrado en enero se ubicó en el nivel más bajo de los últimos 18 meses.
Impacto sectorial y ejemplos
La caída en la producción industrial es un reflejo claro de esta asimetría: la manufactura se contrajo un 8,7% en febrero en la comparación interanual con 2026, y el acumulado del primer bimestre de 2026 muestra una baja cercana al 6%. Sectores como el automotriz sufrieron descensos profundos —del orden del 24%— y otros segmentos vinculados a maquinaria y textiles también registraron pérdidas relevantes, lo que reduce la demanda laboral y tensiona la capacidad de pago de las familias.
El rol de las tasas y del crédito no bancario
El encarecimiento del financiamiento es otro motor del incremento de la mora. Aunque la tasa de referencia en las operaciones de corto plazo del sistema se mantuvo cerca del 20% en la operatoria REPO de A3 del BCRA, las tasas aplicadas a los préstamos personales permanecen muy superiores. A comienzos de abril, la tasa nominal anual a 30 días para préstamos personales en bancos rondaba el 70%, lo que equivale a una tasa efectiva anual próxima al 100%. En el segmento no financiero los costos son aún más altos y el CFT suele aumentar significativamente el precio final para el usuario.
Riesgos para los sectores vulnerables
El crédito no bancario, que representa alrededor del 17% del total de préstamos a hogares, concentra a usuarios de menores ingresos y opera con tasas más gravosas; por eso su morosidad cercana al 29,9% tiene un impacto desproporcionado sobre los segmentos más vulnerables. Además, la proliferación de plataformas digitales y billeteras virtuales como actores relevantes en este mercado ha puesto de relieve problemas operativos y de servicio que, en algunos casos, ampliaron la exposición de usuarios con menor capacidad de repago.
Conclusión: señales de alerta para la política financiera
El aumento sostenido de la morosidad en los hogares funciona como una señal de estrés para el sistema financiero y para la economía en general. La combinación de tasas elevadas, pérdida de salario real y un crecimiento económico que no distribuye empleo sugiere que las mejoras macro no alcanzan a amplios sectores de la población. En este contexto, la evolución de la mora será un indicador clave para evaluar si las medidas de política monetaria y fiscal logran traducirse en alivio para las familias y en una mayor sostenibilidad del crédito.