El conflicto que involucra a Estados Unidos, Israel e Irán vivió un momento álgido cuando el ultimátum lanzado por Donald Trump venció el 7 de abril de 2026. En su mensaje público el presidente estadounidense advirtió que “una civilización entera morirá” si no se desbloqueaba el paso por el estrecho de Ormuz. Ante esas declaraciones, el representante iraní ante la ONU, Amir Saeid Iravani, calificó el lenguaje como profundamente irresponsable y denunció que las amenazas podrían constituir crímenes de guerra y de lesa humanidad.
La escalada se reflejó también en los mercados energéticos: los precios del crudo permanecieron por encima de los 100 dólares por barril, con referencias que fluctúan entre los 112 y los 115 dólares para el West Texas Intermediate (WTI) y alrededor de 109 dólares para el Brent, mientras que la mezcla mexicana superó la barrera de los 100 dólares, situándose en torno a 107. Estas cifras muestran la sensibilidad del mercado ante la posibilidad de interrupciones en la navegación por Ormuz y su impacto en el suministro global.
Respuesta de Teherán y advertencias militares
Desde la capital iraní, la reacción oficial fue de rechazo y reproche. El embajador en la ONU subrayó que el empleo de un discurso amenazante expone intenciones que podrían derivar en acciones contra la población civil. La Guardia Revolucionaria Islámica emitió advertencias sobre represalias que podrían trascender la región en caso de que se crucen supuestas “líneas rojas”. En paralelo, en el terreno se registraron ataques a infraestructuras y a zonas residenciales, entre ellos un bombardeo que dejó decenas de víctimas y que generó congoja pública en Teherán.
Preocupación por instalaciones nucleares y efectos humanitarios
El representante iraní llamó la atención de las Naciones Unidas sobre el riesgo a la radiación y las consecuencias humanitarias derivadas de ataques a complejos nucleares, citando específicamente la central de Bushehr. Las autoridades iraníes han insistido en que cualquier agresión contra instalaciones críticas agravaría el conflicto y amplificaría el sufrimiento civil, lo que a su vez alimentó movimientos masivos de población en la capital y su entorno.
Mediación, alto el fuego temporal y condiciones
En una vuelta inesperada, la Casa Blanca anunció la suspensión de operaciones ofensivas por un periodo inicial de dos semanas, una decisión atribuida a gestiones diplomáticas desde Pakistán. Washington condicionó la pausa a la apertura completa, inmediata y segura del paso por el estrecho de Ormuz. En respuesta, Irán presentó una propuesta de diez puntos que incluye el fin de hostilidades, garantías de navegación y el levantamiento de sanciones; ese marco será la base de negociaciones que, según fuentes, comenzarían el 10 de abril en Pakistán.
Votos en la ONU y movimientos regionales
El Consejo de Seguridad mostró profundas divisiones: una resolución sobre medidas defensivas para garantizar el paso por Ormuz no prosperó ante el veto de miembros permanentes. Al mismo tiempo, se reportaron explosiones en países del Golfo atribuibles a misiles provenientes de Irán, según corresponsales, lo que demostró que, pese a la pausa anunciada, la situación sigue siendo volátil y con capacidad de escalada.
Impacto en la población y en los mercados
El conflicto ha provocado un éxodo desde Teherán hacia el norte, con familias que se desplazan por temor a ataques a infraestructuras como centrales eléctricas. Las autoridades habilitaron medidas para aliviar la congestión en las rutas principales. En los mercados financieros, la incertidumbre resultó en movimientos mixtos: índices bursátiles mostraron leves variaciones mientras el mercado petrolero se mantuvo atento a cualquier cambio que afecte la navegación y la producción.
La situación sigue su curso en un clima de negociaciones y amenazas mutuas. La ventana de dos semanas ofrece, al menos temporalmente, espacio para la diplomacia, pero los actores involucrados advierten que lo acordado podría prorrogarse si las partes avanzan en el cierre de los puntos pendientes. Mantener el monitoreo de declaraciones oficiales, los movimientos sobre el terreno y las señales en los precios del petróleo será clave para evaluar si la tregua se transforma en un proceso de paz más duradero.