El sur de Colombia ha sido escenario de un enfrentamiento violento que ha dejado un trágico balance de 26 supuestos combatientes muertos. Esta situación, reportada por el comandante del ejército regional, destaca el recrudecimiento de la violencia en esta zona del país, donde las luchas por el control territorial son cada vez más frecuentes.
Las autoridades han recuperado los cuerpos en las cercanías de La Paz, una localidad ubicada en la frontera de la selva amazónica, en el departamento del Guaviare. Esta región, históricamente un punto de conflicto, se encuentra en el centro de disputas entre diferentes facciones guerrilleras que buscan dominar el tráfico de recursos y el control de territorios estratégicos.
Los hechos
El departamento de Guaviare ha sido testigo de un incremento en la actividad de grupos armados, especialmente desde que las negociaciones de paz con las FARC se desmoronaron. Las facciones que se separaron de esta guerrilla, como el Estado Mayor Central (EMC) y el Estado Mayor de Bloques y Frentes (EMBF), han intensificado su lucha por el control de rutas de narcotráfico y recursos naturales en la región.
Impacto en comunidades indígenas
Las comunidades indígenas, como los Nukak, enfrentan graves amenazas debido a la presencia de estos grupos armados. La expansión de cultivos ilícitos, como la coca, y la deforestación están afectando su modo de vida. Los Nukak, uno de los pocos grupos nómadas en Colombia, se ven obligados a huir de sus territorios ancestrales, enfrentando reclutamiento forzado y desplazamientos masivos.
Un camino hacia la ilegalidad
La trocha de Tomachipán a Cumare, de 47.5 kilómetros, se ha convertido en un corredor estratégico para el movimiento de insumos del narcotráfico. Este camino, que originalmente servía a la comunidad indígena para recolectar recursos naturales, ahora está controlado por las disidencias de las FARC y ha facilitado la deforestación y la colonización de tierras.
Mientras las comunidades luchan por regresar a sus hogares, los enfrentamientos entre grupos como el EMC y el EMBF continúan, dejando un rastro de desolación a su paso. El miedo a la violencia ha llevado a muchos Nukak a abandonar sus tierras, buscando refugio en lugares más seguros como San José del Guaviare, la capital del departamento.
El ciclo de la violencia
La violencia en Guaviare es un ciclo que se perpetúa. Las comunidades indígenas intentan regresar a sus territorios, pero las garantías de seguridad son escasas. El 5 de agosto, 64 indígenas Nukak se desplazaron a la capital tras el asesinato de un joven de su comunidad. Este tipo de incidentes subraya el clima de temor y la falta de protección que sufren estas comunidades.
La realidad de Guaviare es un reflejo de la complejidad del conflicto armado en Colombia, donde el control de recursos y territorios se traduce en violencia y sufrimiento para las poblaciones más vulnerables. La lucha entre grupos armados no solo afecta a los combatientes, sino que tiene profundas repercusiones en la vida de los civiles, especialmente en las comunidades indígenas que han sido históricamente marginadas.



