Villarruel busca perfil productivista y se distancia de Milei mientras tensa la coalición

En el centro de la escena política aparece una figura que intenta redefinir su espacio: Victoria Villarruel, presidenta del Senado y vicepresidenta, ha intensificado gestos públicos para marcar diferencias con la Casa Rosada. Sus últimas intervenciones, que incluyen críticas a la política de apertura importadora y reuniones con gobernadores peronistas, buscan construir un perfil productivista, federal y de raíz cristiana.

Estos movimientos se producen en un contexto de tensiones internas dentro de la coalición gobernante. Villarruel no sólo se muestra distinta en el discurso económico, sino que además ha estrechado vínculos con sectores alejados del núcleo presidencial, lo que alimenta especulaciones sobre su futuro político fuera de la boleta oficial.

Críticas económicas y posicionamiento productivista

La vice enfatiza que la defensa de la industria nacional es condición para cualquier política pública sostenible. A raíz del fallo en Estados Unidos que anuló aranceles aplicados a la importación por la administración Trump, Villarruel aprovechó para advertir sobre los riesgos de una apertura indiscriminada. Para ella, liberalizar el comercio sin salvaguardas favorece la dependencia de potencias externas y debilita la producción local.

Este enfoque económico choca con la línea del Ejecutivo que promueve una desregulación más amplia del comercio. La tensión se evidencia en los enfrentamientos del presidente con empresarios nacionales y en el malestar de industriales por la competencia de productos importados. Villarruel, al reivindicar un esquema más proteccionista, intenta ocupar un espacio político que combine nacionalismo económico y defensa del empleo.

Una estrategia federal: recorridas y alianzas

Para consolidar su imagen, Villarruel ha intensificado las visitas a provincias y los contactos con gobernadores de distintas filiaciones. Su encuentro con el gobernador de La Rioja fue interpretado como un gesto de apertura hacia sectores peronistas alejados de la órbita kirchnerista. En esas reuniones, la vicepresidenta sugiere la idea de formar parte de “un proyecto mayor”, sin pronunciarse sobre candidaturas concretas.

Coqueteos con el peronismo no kirchnerista

En un mapa político fragmentado, algunos mandatarios provinciales buscan alternativas frente a la crisis interna del peronismo. Villarruel explora esas islas de oportunidad, proponiendo una agenda centrada en la producción y el federalismo. Sus interlocutores incluyen desde gobernadores hasta referentes sindicales y grupos eclesiásticos conservadores, con los que comparte debates sobre políticas públicas y valores.

Redes personales y perfil ideológico

El armado de Villarruel descansa también en un círculo estrecho de colaboradores que la asesoran en comunicación y recorridas. Su equipo promueve una identidad que combina cristianismo social, sensibilidad por la industria y una postura firme en cuestiones de seguridad y moral pública. Esa construcción incluye participación en eventos religiosos y actividades legislativas donde mantiene un rol mediador entre la Iglesia y el Senado.

Gestos institucionales y capacidad de articulación

Además de su activismo territorial, la vicepresidenta ha intercedido como nexo en reuniones entre la Conferencia Episcopal y senadores en temas sensibles como el régimen penal juvenil. Aunque aclara actuar desde su función institucional, esos vínculos le otorgan visibilidad y la posicionan como puente entre actores con distancia respecto al Gobierno central.

Reacción del Ejecutivo y futuras implicancias

La respuesta oficial no se hizo esperar: voceros del Ejecutivo remarcaron que Villarruel no integra el equipo de gestión y que sus posturas se mantienen ajenas a las decisiones del gabinete. El jefe de gabinete señaló que la vicepresidenta tiene libertad para elegir su camino, pero subrayó que su posición no representa la política de gobierno.

En despachos oficiales se da por hecho que la relación con los hermanos Milei está deteriorada y se barajan escenarios para las próximas elecciones, con la certeza de que la composición de las fórmulas puede cambiar. Mientras tanto, Villarruel continúa construyendo un relato que mezcla proteccionismo, perfil federal y respaldo de grupos conservadores, lo que la ubica como una pieza a observar de cerca en la escena política.

La combinación de críticas públicas, recorridas provinciales y contactos estratégicos muestra a una dirigente en plena construcción de alternativa. Si consigue traducir esa imagen en coaliciones reales, su rol podría trascender el protagonismo institucional para convertirse en un actor clave en la próxima disputa electoral.