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4 junio 2026

The Boy From Antimatter cautiva en Lincoln School con un musical inventivo

Un musical donde un adolescente de otra dimensión aprende sobre humildad, familia y pertenencia

La nueva propuesta de The Boy From Antimatter llegó a escena en Lincoln School con una energía que funcionó como experimento teatral exitoso. La pieza, creada y dirigida por Cliff Williamson junto a Kelly Williamson, se presentó April 23 through 25 y combinó elementos cómicos y emotivos que mantuvieron al público atento. Desde el primer momento, la propuesta dejó claro que su apuesta no era solo el relato fantástico, sino también la construcción de personajes y la potencia de la puesta en escena como motor narrativo.

En el centro de la historia está E-Bob, un adolescente arrogante del Antimatter-Dimension que confía demasiado en sus facultades mentales. Victor Pliszka encarna al protagonista con una mezcla de actitud desafiante y registro emocional que sostiene el arco dramático. Sus padres, interpretados por Carolina Estrada y Michael Connery como la señora y el señor Neuquén, deciden enviar a E-Bob a través de un portal al Matter-Dimension para que aprenda humildad. Lo acompaña su fiel perro, Krab (Eden Keinan), que roba escenas cada vez que entra en acción.

Música y dirección

La partitura fue uno de los elementos que sostuvo la función: compuesta por Lonnie McRorey y Alejandro Caputo, con letras de Cliff Williamson y Jennifer Griffith, la música oscila entre himnos pop-rock enérgicos y baladas íntimas. Bajo la batuta del Directo Musical Sebastián Aldea y la coordinación vocal de Nacho Pelaez, la banda en vivo y el coro añadieron texturas que elevaron cada número. La dirección de escena equilibró el ritmo del espectáculo, aprovechando la música como herramienta narrativa para profundizar en el desarrollo de los personajes y los conflictos entre dimensiones.

Composición y arreglos

Los arreglos favorecieron transiciones fluidas: pasajes eléctricos contrastaron con momentos de pausa donde la melodía permitió la introspección. El score funciona como personaje adicional, empujando emociones y subrayando decisiones dramáticas. La química entre compositores y letristas quedó patente en la coherencia temática de las canciones, que nunca parecieron pegadas al libreto, sino integradas orgánicamente en la evolución de E-Bob y su entorno.

Producción escénica y diseño

Producida por Martin Holtz, Sara Zohoré y Valentín Sanchez, la puesta aprovechó recursos imaginativos para diferenciar lo cotidiano de lo otroworldly. El diseño escénico recurrió a soluciones creativas que sugirieron el funcionamiento del portal sin depender de efectos caros, mientras que el trabajo de iluminación y espacio reforzó la idea de dos realidades contrapuestas. El uso estratégico de elementos visuales convirtió transiciones complejas en momentos claros y efectivos para la audiencia.

Vestuario y efectos

El vestuario fue destacado por su capacidad de contar: cada prenda ayudó a identificar la procedencia de los personajes y su posición en la trama. Las decisiones estéticas —desde texturas hasta paletas de color— crearon un contraste nítido entre el Antimatter-Dimension y el Matter-Dimension, reforzando la lectura temática sin necesidad de explicaciones verbales. Los efectos escenográficos, pensados con ingenio, permitieron que los cambios dimensionales se sintieran plausibles dentro del universo teatral.

Reparto y recepción

El elenco entregó una actuación equilibrada: además de Victor Pliszka, brillaron nombres como Tim Wilkins en el papel del abuelo Bo-Pa, ofreciendo momentos de sabiduría cómica y precisión rítmica, y la misma Kelly Williamson como guardiana del portal, cuya presencia aportó matices sutiles al choque entre mundos. Otros integrantes, entre ellos Noam Brin, Maggie Brennan, Santiago Mendez, Oratile Modibedi, Mia Saad y Trini Massone, completaron un ensemble sólido. El público respondió con risas, silencios expectantes y, al salir, con el recuerdo de melodías que seguían sonando en la cabeza.

En su conjunto, The Boy From Antimatter ofreció una combinación de humor, ambición y franqueza que funcionó. Más allá de los elementos fantásticos, la obra apuesta por sustituir los superpoderes por capacidades cotidianas: el valor de la familia, la fuerza de los amigos y el sentido de pertenencia a una comunidad. Fue un estreno que, para muchos espectadores, se sintió como una pequeña revelación escénica.

Autor

Roberto Capelli

Roberto Capelli, de Milán, registró los datos de una cafetería empresarial durante una investigación sobre la comida en el trabajo; esa mirada epidemiológica marcó su línea editorial, centrada en elecciones alimentarias mesuradas. En la redacción defiende la claridad científica y conserva recetas ligeras escritas a mano.