En la madrugada del 10 de marzo de 2026, a las 00:03 hora local, se registró un terremoto de magnitud 5,9 en el Golfo de Nápoles, con epicentro próximo a la isla de Capri. El evento fue inicialmente detectado por la Sala Sísmica del INGV en Roma y se localizó a una profundidad de 414 kilómetros. Esa profundidad, mucho mayor que la de los seísmos habituales en Italia, ha sido clave para que no se hayan contabilizado daños materiales ni víctimas hasta el momento.
Aunque el temblor tuvo una magnitud apreciable, la percepción en la superficie fue desigual: se informó sensación del movimiento en Anacapri (unos 8 km del epicentro) y en Capri (aproximadamente 10 km), así como en la ciudad de Nápoles, la península sorrentina, la Costa Amalfitana y tramos de la costa tirrena de Calabria. En dirección opuesta también se notó en regiones como Lazio, Toscana y Liguria. La ausencia de daños es coherente con la naturaleza del evento: a mayor distancia al hipocentro, la energía sísmica llega más atenuada.
Dónde y cómo se localizó el seísmo
Epicentro e hipocentro
El INGV situó el epicentro en el mar Tirreno, muy cerca de la costa de Capri, y atribuyó la localización inicial a su Sala Sísmica en Roma. El término hipocentro se refiere al punto en el interior de la Tierra donde comienza la ruptura, mientras que el epicentro es la proyección superficial de ese punto; en este caso el hipocentro quedó a 414 kilómetros de profundidad, lo que define al fenómeno como una sismicidad profunda. Esa profundidad explica en gran medida la diferencia entre la magnitud numérica y la escasa intensidad perceptible en la superficie.
Percepción en la superficie
Las ondas sísmicas generadas en niveles tan profundos viajan largas distancias y se dispersan antes de alcanzar la corteza superior, lo que provoca una menor aceleración del suelo en la superficie. Por eso, aunque el registro instrumentado marcó 5,9, muchas personas apenas notaron el movimiento. Los sismólogos subrayan que la atenuación de las ondas a lo largo del trayecto es la razón principal de la limitada repercusión física y estructural del seísmo.
Impacto operativo y respuesta institucional
Como medida preventiva, la Red Ferroviaria Italiana (RFI) decidió ralentizar la circulación en el nudo ferroviario de Nápoles para permitir inspecciones de vías y estructuras, lo que originó retrasos de hasta 100 minutos en convoyes desde Salerno y alteraciones en Roma Termini con demoras que llegaron a 140 minutos en algunos trenes hacia el sur. Tras las comprobaciones técnicas, las autoridades informaron que no se detectaron daños estructurales y la circulación fue recuperando la normalidad de forma gradual.
Además de la vigilancia en la red ferroviaria, la Prefectura de Nápoles convocó el Centro de Coordinación de Socorros para evaluar la situación y coordinar una posible respuesta. En la reunión participaron la directora del INGV, Lucia Pappalardo, y el director regional de Protección Civil, Italo Giulivo, junto a representantes municipales, la Guardia Costera, la Cruz Roja y servicios sanitarios. La acción conjunta sirvió para revisar protocolos y confirmar que no había incidencias relevantes en el litoral.
Causas geológicas y antecedentes
Los especialistas del INGV indican que este tipo de seísmos profundos están relacionados con procesos de subducción y la presencia de una losa de litosfera oceánica que se hunde bajo el mar Tirreno desde hace millones de años. Se trata de una dinámica distinta a la sismicidad somera que domina gran parte del territorio italiano y de la que surge la mayor parte de los terremotos destructivos en la península.
En el registro histórico aparecen episodios similares: el 27 de diciembre de 1978 un sismo de magnitud 5,9 frente a Gaeta (a unos 392 km de profundidad) y, aún más atrás, un evento potente en 1938 estimado entre 6,8 y 7,1. En las últimas décadas también se documentaron movimientos profundos notables como los de 29 de octubre de 2006 (magnitud 5,8 a 221 km), 28 de octubre de 2016 (5,8 a 481 km) y 3 de noviembre de 2010 (5,4 a 506 km), que demuestran que la región del Tirreno registra periódicamente esta clase de sismicidad.
Lecciones y seguimiento
El episodio del 10 de marzo de 2026 se utilizó como prueba operativa para medir los mecanismos de coordinación entre administraciones y la capacidad de respuesta ante alarmas. El INGV remarcó que el movimiento profundo no está ligado directamente a la actividad volcánica de los Campos Flégreos o a los bradisísmos locales; es un fenómeno tectónico independiente. Las autoridades municipales aprovecharon la ocasión para acelerar la actualización de sus planes de protección civil y reforzar la vigilancia en costas y acantilados, a fin de mantener la seguridad preventiva en una región con alto riesgo geológico.



