En la madrugada del 18 de marzo de 2026 se produjo un sismo que prendió la atención de vecinos en el sur de la península. El Instituto Geográfico Nacional registró un movimiento de magnitud 4,4 cuyo epicentro se ubicó en el oeste del Mar de Alborán y que tuvo lugar a las 00:24 con una profundidad de 92 kilómetros. Habitantes de municipios como Torremolinos, Mijas y Ojén relataron una sacudida que, aunque breve, fue clara; redes sociales sirvieron para confirmar percepciones simultáneas. Las autoridades no reportaron daños materiales ni víctimas tras las primeras comprobaciones.
El fenómeno se dejó sentir en las siete provincias andaluzas excepto Almería, además de registrarse avisos desde Cáceres y Ciudad Real. El temblor alcanzó intensidades estimadas entre III y IV según la escala macrosísmica empleada por el IGN. Más de un millar de ciudadanos completaron formularios de percepción a través de la web y la app del organismo, mientras que el servicio de emergencias 112 recibió alrededor de treinta llamadas informando de la sacudida. Estas cifras sirvieron para trazar el mapa de difusión del movimiento sin que se activaran operaciones de emergencia mayores.
Cómo y dónde se percibió el temblor
El mapa de percepciones del IGN mostró mayor densidad de notificaciones en la costa occidental andaluza y en el interior próximo al epicentro. Municipios de Málaga como Torremolinos, Mijas y Ojén figuran entre los más citados, y en Sevilla se notificaron sensaciones en localidades como Almadén de la Plata y Aznalcóllar. También hubo reportes desde zonas de Córdoba, Cádiz, Granada, Huelva y Jaén, y con menor intensidad en puntos de Extremadura y Castilla-La Mancha. La clasificación de intensidad entre III y IV refleja un temblor perceptible por personas en reposo y que puede producir movimiento de objetos ligeros, pero no daños estructurales generalizados.
Ejemplos de testimonios y registros
Las comunicaciones ciudadanas completaron el panorama: vecinos describieron un sacudimiento corto y un ligero balanceo de lámparas o muebles, mientras que algunos pensaron inicialmente que era un golpe o un descuido doméstico. El IGN recopiló más de mil cuestionarios de percepción y la red sísmica detectó la onda desde su observatorio, lo que permitió validar la magnitud y la hora exacta. A diferencia de movimientos superficiales, los seísmos profundos como este suelen sentirse en un área amplia pero con menor probabilidad de producir daños, algo que expertos y técnicos de emergencias confirmaron tras el análisis inicial.
Profundidad y causas probables
La ocurrencia a 92 kilómetros sitúa al evento entre los denominados terremotos de profundidad intermedia. Según especialistas de la Red Sísmica Nacional, en la franja que va desde Málaga hacia el suroeste hasta la costa marroquí se producen con relativa frecuencia sismos a profundidades entre 40 y 120 kilómetros. Estos episodios obedecen a la interacción compleja de estructuras internas de la corteza y límites de placas; no existe un consenso único sobre todos los mecanismos concretos, aunque se detecta una configuración geológica con rasgos muy verticales en esa zona.
Qué implica una profundidad mayor
Un sismo a gran profundidad suele transmitir energía a un área extensa, pero la atenuación hace menos probable la aparición de daños severos en superficie. En términos prácticos, la mayor distancia al epicentro y a la fuente sísmica reduce la intensidad local, por eso eventos como el de magnitud 4,4 se perciben en varias provincias sin provocar colapsos. No obstante, antecedentes recientes advierten que una magnitud algo mayor cerca de la superficie podría tener consecuencias distintas; por ejemplo, a principios de diciembre de 2026 un terremoto de magnitud 4,9 con profundidad 79 kilómetros cerca de Las Lagunas, en Fuengirola, fue objeto de análisis por la proximidad a asentamientos.
Respuesta institucional y recomendaciones
Tras el sismo, los protocolos activados se limitaron a la verificación y a la atención informativa: el servicio 112 y la Agencia de Emergencias de Andalucía monitorizaron llamadas y no tuvieron que desplegar equipos de intervención. El IGN mantuvo la difusión de datos y aconsejó a la ciudadanía consultar fuentes oficiales ante posibles réplicas. En situaciones de este tipo, las recomendaciones habituales insisten en asegurar objetos que puedan caer, seguir instrucciones de protección civil y usar los canales institucionales para no divulgar bulos. La monitorización de la región del Mar de Alborán sigue siendo prioritaria por la variabilidad de su actividad sísmica.
Seguimiento y vigilancia
Los servicios científicos continúan revisando las series de datos para detectar réplicas y ajustar mapas de intensidad. La recopilación masiva de impresiones ciudadanas a través de formularios y aplicaciones resulta clave para completar la información instrumental y trazar el alcance real del fenómeno. Mientras tanto, las autoridades confirman la ausencia de daños y mantienen la recomendación de permanecer informados mediante el IGN y los canales oficiales de emergencias.



