La veterana actriz Scarlett Johansson se presenta al frente de la cámara con A Incrível Eleanor, su primera película como directora. Tras décadas interpretando personajes que abarcan desde comedias introspectivas hasta grandes franquicias, Johansson da un giro profesional para asumir el rol de cineasta. El filme, que tuvo presencia en la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes, propone una mezcla de humor y melancolía que pone en primer plano temas como el envejecimiento, la culpa y la construcción de la identidad.
El centro del relato es Eleanor, interpretada por la notable June Squibb, una mujer nonagenaria que debe rehacer su vida tras la muerte de su mejor amiga. En su esfuerzo por dar sentido al duelo, Eleanor acaba integrándose en un grupo de apoyo para supervivientes del Holocausto y, por motivos complejos y humanos, asume relatos ajenos como propios. Esa impostura —planteada como motor narrativo— convoca preguntas morales potentes que la película, según muchas lecturas, aborda con cariño más que con confrontación.
Una elección de tono: calidez frente a conflicto
Johansson decidió imprimir al filme una estética cálida y un ritmo que recuerda a las comedias dramáticas de los años noventa. Esa decisión estética privilegia la empatía y las escenas de afecto, pero también suaviza los enfrentamientos éticos que emergen del argumento. En vez de profundizar en las consecuencias de la mentira de Eleanor, la obra opta porvolver la historia hacia la ternura y la reconciliación, una apuesta que algunos críticos interpretan como falta de riesgo narrativo. No obstante, esa inclinación por el afecto permite retratos emocionales cuidados y actuaciones que sostienen el conjunto.
Actuaciones y legado personal
La presencia de June Squibb aporta al largometraje una energía singular: a sus 95 años, la actriz imprime comicidad, honestidad y una viveza interpretativa que muchas reseñas han destacado. Acompañan en el reparto Erin Kellyman y Chiwetel Ejiofor, quienes crean contrapuntos generacionales y profesionales con la protagonista. Más allá del reparto, la película dialoga con la historia personal de Johansson: su ascendencia judía, episodios familiares traumáticos y la relación con Nueva York alimentan la elección del relato y su atmósfera nostálgica.
Conexiones biográficas
Johansson encuentra en elementos autobiográficos puntos de anclaje para su ópera prima: la ciudad de Nueva York como espacio de recuerdo, la herencia familiar y la curiosidad por la memoria colectiva. Estas conexiones no transforman el filme en un documento autobiográfico, pero sí lo orientan hacia una sensibilidad íntima. Además, la directora reconoce que su larga trayectoria frente a la cámara la preparó para entender las necesidades de cada departamento técnico, aunque dirigir implique una carga de trabajo que limita la vida personal.
Aciertos y reparos: lectura crítica
Entre los aciertos del filme figuran la sensibilidad hacia los personajes mayores, la elección del tono noventista y la química entre las actrices. Sin embargo, la película enfrenta críticas por su inclinación a resolver tensiones de manera precipitada y por evitar el enfrentamiento frontal con el peso histórico del Holocausto cuando la ficción lo coloca en primer plano. Algunos analistas consideran que la trama desperdicia la oportunidad de convertir el conflicto ético en un motor dramático más potente, prefiriendo en su lugar la complacencia emocional.
Impacto y futuro como directora
La incursión de Johansson en la dirección abre interrogantes sobre su continuidad detrás de las cámaras. Ella misma admite que dirigir exige una dedicación absoluta y que parte del sacrificio es la constancia: terminar una jornada de rodaje no equivale a cerrar el trabajo creativo. Aun así, la intención de continuar explorando la dirección y apoyar voces femeninas en el cine se percibe como una postura coherente con su trayectoria y activismo.
Para quienes buscan una mirada compasiva sobre la tercera edad y el duelo, la película ofrece razones para el interés; para quienes esperaban una exploración más áspera de la impostura y sus consecuencias éticas, puede resultar insuficiente. Con todo, el debut de Scarlett Johansson marca un nuevo capítulo en su carrera, y plantea preguntas estimulantes sobre cómo el cine aborda la memoria y el paso del tiempo.

