En el mapa turístico latinoamericano dos lugares han captado atención internacional por motivos complementarios: la hospitalidad en la ciudad patagónica de San Martín de los Andes y la consolidación de la Catedral de Sal de Zipaquirá como un modelo de turismo sostenible. Según la información publicada el 16/02/2026, San Martín de los Andes fue reconocido entre los diez destinos más hospitalarios del planeta por los premios Traveller Review Awards, un galardón que evalúa la calidad de la atención y la percepción del visitante. Por su parte, la Catedral de Sal, ubicada cerca de Bogotá, sigue atrayendo más de 700.000 visitantes anuales y posicionándose como un ejemplo de gestión que equilibra patrimonio, identidad y economía local en 2026.
Ambos casos ofrecen lecciones distintas sobre cómo presentar y sostener una oferta turística competitiva: uno se apoya en la calidez humana y la experiencia directa del turista; el otro, en la transformación de un recurso subterráneo en un producto cultural y ambientalmente responsable. A continuación se exploran las razones detrás de estos reconocimientos, sus impactos en las comunidades y qué aprendizajes dejan para otros destinos que buscan mejorar su posicionamiento internacional.
San Martín de los Andes: hospitalidad que se traduce en reconocimiento
La elección de San Martín de los Andes como uno de los 10 destinos más hospitalarios no surge de la nada: se apoya en reseñas de visitantes y en parámetros medibles de servicio. El premio Traveller Review Awards valora especialmente la amabilidad, la cordialidad y la calidad en la atención, factores que los turistas destacaron como determinantes para su experiencia. Más allá del paisaje patagónico —montañas, lagos y senderos—, la distinción pone el foco en las personas que interactúan con el visitante: desde el personal de alojamiento hasta guías y comerciantes, cuya actitud influye en la percepción global del destino.
Impacto local y beneficios económicos
Contar con un sello de hospitalidad tiene efectos concretos: atrae mayor flujo de turistas, mejora la reputación en plataformas de viajes y puede traducirse en estacionalidad más equilibrada. Para los comercios y la industria del turismo local, la mejora en la experiencia del cliente suele reflejarse en mayor gasto promedio por visitante y en recomendaciones que fomentan el retorno. Además, esta categoría de reconocimiento pone en valor la inversión en formación y en protocolos de atención, aspectos que fortalecen la resiliencia del sector frente a desafíos como variaciones climáticas o cambios en la demanda.
Catedral de Sal de Zipaquirá: turismo subterráneo y sostenibilidad
La Catedral de Sal de Zipaquirá, situada a 180 metros de profundidad, es un ejemplo de cómo un atractivo singular puede convertirse en un referente de turismo sostenible. En 2026 se consolida como un sitio que fusiona patrimonio natural, identidad cultural y generación de empleo, recibiendo más de 705.000 visitantes provenientes de más de 100 países. Su modelo incorpora criterios de conservación, gestión de flujos y experiencias interpretativas que permiten visitar un entorno frágil sin comprometer su integridad ni el bienestar de la comunidad local.
Prácticas sostenibles y experiencia del visitante
Las medidas aplicadas en la Catedral incluyen gestión de residuos, normas de accesibilidad y actividades educativas que promueven la protección del espacio. Estas prácticas no solo reducen el impacto ambiental, sino que enriquecen la propuesta turística: los visitantes encuentran una narrativa que combina valores culturales con responsabilidad ambiental. El resultado es una oferta diferenciada que, al mismo tiempo, impulsa la economía local mediante empleo directo e indirecto, servicios asociados y promoción internacional del destino.
Lecciones compartidas y recomendaciones
Tanto la experiencia de San Martín de los Andes como la de la Catedral de Sal muestran que hay múltiples caminos para destacar en el mapa turístico global: uno basado en la interacción humana y el servicio, y otro en la gestión responsable de un patrimonio único. Los dos casos subrayan la importancia de invertir en capacitación, en estándares de calidad y en políticas que integren a la comunidad. Para otros destinos, el aprendizaje es claro: posicionarse no solo con atractivos naturales o culturales, sino con propuestas que garanticen una experiencia memorable y sostenible para el visitante.
San Martín de los Andes y la Catedral de Sal de Zipaquirá ofrecen ejemplos prácticos y complementarios que pueden inspirar a gestores, empresarios y comunidades que buscan transformar su oferta turística en una ventaja duradera.



