La nación colombiana vivió un acto simbólico cuando la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas (UBPD) entregó los restos del sacerdote y militante camilo torres Restrepo a sus allegados. Este hecho ocurre en el marco de esfuerzos por esclarecer desapariciones durante el conflicto armado y tiene un fuerte componente simbólico: Torres, figura vinculada a la teología de la liberación y a la lucha social, murió en combate en 1966 y su identidad quedó oficialmente confirmada después de décadas de búsquedas.
La localización y validación de los restos se alcanzó combinando trabajo archivístico y pericia forense: el equipo cruzó evidencias de archivos militares confidenciales con pruebas genéticas que compararon las muestras óseas con el material genético de familiares directos. Este proceso no solo tiene valor biológico, sino que forma parte de un intento más amplio por restaurar justicia histórica para quienes desaparecieron durante el conflicto.
Cómo se llegó a la identificación
La investigación comenzó a avanzar cuando investigadores de la UBPD obtuvieron acceso a documentos de la justicia militar que contenían referencias a movimientos de cuerpos y enterramientos clandestinos. Estas fuentes, hasta entonces reservadas, establecieron pistas sobre un traslado de restos hacia un cementerio en Bucaramanga. Con esa información como guía, los forenses procedieron a la exhumación y al estudio antropológico de los huesos.
El papel de los archivos militares
Los documentos consultados ofrecieron coordenadas e indicios sobre la cadena de custodia de los restos tras el combate en el que murió Torres en febrero de 1966. La apertura de esas carpetas fue crucial: sin esa evidencia documental, la búsqueda habría dependido únicamente de testimonios y conjeturas. La combinación de registro histórico y hallazgos físicos permitió localizar un punto de enterramiento en el que se practicó la exhumación.
La evidencia genética
Una vez recuperados los restos, el equipo de forenses ejecutó > protocolos de identificación por ADN. Se realizó la comparación con material genético de parientes, incluyendo muestras del padre del fallecido, lo que ofreció la confirmación científica requerida. Este método reafirma el valor de la genética forense como herramienta para dar cierre a casos de desaparición y ofrecer dignidad a familias que han esperado generaciones.
Reacciones y destino final de los restos
Tras la confirmación, la UBPD formalizó la entrega de los restos a representantes familiares y a allegados de la causa de Torres. Entre los receptores figuró el sacerdote activista Javier Giraldo, quien actuó como vocero en los actos de recepción. La decisión, respaldada públicamente por el presidente Gustavo Petro, es que el cuerpo sea reinhumado en el campus de la Universidad Nacional de Colombia, lugar donde Torres trabajó como capellán y fundó la primera facultad de sociología del país.
Significado público y memoria histórica
La devolución de los restos trasciende el acto administrativo: para muchos, representa un paso en la reconstrucción de la memoria y el reconocimiento de episodios silenciados en la historia colombiana. Torres ha sido, a lo largo de los años, tanto un símbolo de la unión entre fe y compromiso social como un personaje polémico por su decisión de integrar las filas del ELN. La reinhumación en la universidad alude a su vínculo académico y pastoral y busca ofrecer un espacio público de recuerdo.
Autoridades y seguidores han señalado que este procedimiento refleja la posibilidad de que los mecanismos creados por los acuerdos de paz y las instituciones de búsqueda sigan funcionando incluso décadas después de los hechos. La identificación de Camilo Torres se suma a los esfuerzos por localizar a más de 135.000 personas desaparecidas durante el conflicto, según registros y estimaciones que motivan a las instituciones a persistir en las búsquedas.
Implicaciones para la justicia y la reconciliación
Más allá del acto simbólico, el caso tiene consecuencias prácticas: la documentación que permitió la localización de los restos es también evidencia para procesos de verdad y responsabilidad. Recuperar el cuerpo de Torres y confirmar su identidad facilita no solo una despedida digna, sino la incorporación de datos al acervo histórico y judicial que puede esclarecer patrones de violaciones cometidas en el pasado.
Es un ejemplo de cómo la colaboración entre investigadores, instituciones estatales y familias puede arrojar luz sobre hechos antiguos y contribuir a la reparación simbólica y material para quienes han sufrido la pérdida. La comunidad espera que la reinhumación en la Universidad Nacional sirva como espacio de reflexión sobre el pasado y estímulo para que continúen las búsquedas de desaparecidos.



