restos de camilo torres entregados por la unidad de búsqueda tras 60 años

La Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) realizó la entrega formal de los presuntos restos de Camilo Torres Restrepo en un acto íntimo que coincidió con el 60 aniversario de su muerte, registrada el 15 de febrero de 1966. La ceremonia tuvo lugar en un espacio vinculado a la vida del sacerdote: la capilla Cristo Maestro de la Universidad Nacional, donde se llevaron a cabo tanto un rito religioso como la entrega protocolaria del cofre con los restos a representantes de la comunidad y a quienes solicitaron la búsqueda.

El acto fue presidido por la directora de la UBPD, Luz Janeth Forero, y contó con la presencia de allegados, académicos y sacerdotes que desempeñaron un papel central en la recepción y en la organización de la inhumación. Aunque el proceso forense enfrentó retos técnicos, la iniciativa se enmarca en los esfuerzos de justicia transicional orientados a dar respuesta a desapariciones asociadas al conflicto armado colombiano y a recuperar la historia de personas cuya memoria permanecía fragmentada.

Cómo se llegó a los restos y las dificultades técnicas

La localización de los restos obedeció a pistas proporcionadas por un sepulturero en un cementerio municipal de Santander, lo que permitió identificar un panteón militar donde habrían estado enterrados. El hallazgo y la posterior manipulación de evidencias no estuvieron exentos de problemas: según reportes, el cotejo inicial del Instituto Nacional de Medicina Legal presentó inconsistencias que obligaron a la UBPD a reactivar y revisar los procedimientos. Durante el proceso forense se realizaron análisis genéticos que, pese a las dificultades, fueron suficientes para avanzar hacia la entrega. En este contexto se resalta la labor del equipo pericial de la UBPD, que dedicó dos años al rastreo y análisis de las pruebas.

Gestiones y reclamantes

Entre los reclamantes figura el sacerdote jesuita Javier Giraldo, quien en solicitó formalmente la búsqueda de los restos de Torres y fue quien recibió el cofre oscuro con las osamentas durante el acto. Además, figuras del ámbito académico y de la memoria histórica, como el ex comisionado de Paz Danilo Rueda, participaron en el evento y señalaron la intención de inhumar los restos en el osario bóveda dentro de la capilla. Estas gestiones reflejan la articulación entre actores estatales, víctimas y comunidad universitaria en la restitución de restos y en la construcción de relatos públicos.

El significado simbólico y el lugar de reposo

La decisión de que los restos reposen en la capilla donde Camilo ofició en vida responde tanto a motivos afectivos como a un significado público: la capilla Cristo Maestro no solo fue espacio litúrgico sino también escenario de su compromiso social, sintetizado en la frase que hoy recuerda su memoria. La inhumación prevista junto a profesores y pensadores afines busca convertir el osario en un lugar de recuerdo y reflexión sobre las múltiples víctimas de desaparición forzada en Colombia, estimadas en alrededor de 120.000 a lo largo de más de cinco décadas de conflicto.

Ritual, comunidad y expectativas

Ese mismo día se celebró una eucaristía con amplia presencia de simpatizantes, estudiantes y curiosos, y la universidad habilitó espacios exteriores para quienes no pudieron acceder al interior de la capilla. Durante la ceremonia se distribuyeron facsímiles de publicaciones que remiten al legado intelectual y periodístico de Torres, y se preparó el osario que quedará a la derecha del altar, cerca de las tumbas de docentes y académicos con quienes comparte afinidades en vida y pensamiento. El acto combinó la formalidad institucional con la emotividad comunitaria, mostrando cómo la memoria colectiva encuentra en actos como este un mecanismo de reparación simbólica.

Controversias abiertas y notas sobre la cadena de custodia

En torno al caso circularon además reportes que señalaban que los restos habrían sido conservados en formol y que parte del material pasó por instalaciones en el exterior del país; estas afirmaciones aparecen como indicios periodísticos y requieren clarificación en seguimientos técnicos. La UBPD ha debido gestionar la documentación y la cadena de custodia para garantizar la validez de las identificaciones, un elemento crítico en procesos forenses que buscan, además de la verdad, responder a criterios legales y éticos en materia de desaparición forzada.

Aunque quedan interrogantes sobre detalles técnicos, el acto en la capilla Cristo Maestro representa una respuesta institucional a décadas de incertidumbre y un paso hacia la visibilización de las víctimas del conflicto, al tiempo que abre nuevos capítulos para la investigación, la memoria y la reconciliación.