Las imágenes recientes de las pasarelas y de las alfombras rojas han reactivado un ideal de delgadez extrema que parecía ceder espacio en años anteriores. Un informe de Vogue Business sobre la temporada otoño/invierno 2026 en Estados Unidos analizó 182 desfiles y 7.817 looks, y constató que el 97,6% de las prendas correspondían a talles equivalentes al 0 al 4 (aproximadamente 34 al 38 en Brasil). Este retorno no ocurre en el vacío: convive con discursos de influencia digital, con la promoción de tratamientos farmacológicos y con narrativas culturales que vuelven a asociar la delgadez extrema con estatus y éxito.
Al mismo tiempo, el movimiento que defendía la aceptación corporal ha perdido parte de su fuerza pública y ha sido absorbido por estrategias comerciales. Expertos consultados señalan que la escena actual combina factores políticos, tecnológicos y de mercado: desde la producción estética puntual de celebridades hasta la oferta de productos y procedimientos que prometen resultados rápidos. El concepto de body positive se ha vuelto a mercantilizar, y la exposición repetida a imágenes inalcanzables alimenta comparaciones constantes que dañan la autoestima.
Factores que alimentan el ideal superdelgado
Varios agentes coinciden en explicar por qué la delgadez extrema retorna con fuerza. El publicitario Rodrigo Sanches, investigador de imagen femenina en medios, apunta a una larga genealogía cultural: la estética delgada se fue estrechando con el tiempo y, ahora, dispone de recursos que prometen eficacia inmediata. Por su parte, especialistas en tendencias como Vanessa Hikichi relacionan la tendencia con la difusión de tratamientos médicos —entre ellos fármacos como Ozempic y similares— que transforman la percepción de la posibilidad corporal. En ese paisaje, la moda responde a una demanda que se medicaliza y la imagen se presenta como resultado alcanzable y natural, aunque en realidad requiere recursos económicos y sociales considerables.
Medicación, moda y mercadotecnia
La llegada masiva de inyecciones y medicamentos para perder peso ha cambiado el relato: lo que antes parecía exclusivo de regímenes estrictos ahora aparece como accesible. Karen de Marca, de la SBEM, advierte sobre el uso de esos fármacos sin criterio médico y sobre la aparición de más cuadros de trastornos alimentarios. Marcas y reguladores reaccionaron en algunos casos: compañías como Zara y Marks & Spencer enfrentaron prohibiciones en anuncios con modelos muy delgadas, una respuesta a la preocupación pública. El resultado es una mezcla potente: imágenes estandarizadas, soluciones farmacológicas y un mercado dispuesto a monetizar la búsqueda del cuerpo ideal.
Consecuencias para la salud física y mental de las mujeres
La exposición continua a modelos inalcanzables altera la percepción que muchas mujeres tienen de sí mismas. La psicóloga Mariana Kehl explica que cuando la cultura reduce la belleza a un único molde, aumenta el sufrimiento; esa presión es difusa, repetitiva y está empaquetada de forma atractiva. Encuestas oficiales muestran la magnitud del problema: en la Investigación Nacional de Salud del Escolar (IBGE, 2026), el 36,1% de las adolescentes brasileñas declaró estar insatisfecha o muy insatisfecha con su imagen, y el 31,7% afirmó intentar adelgazar. Ese escenario coincide con la observación clínica de un aumento de consultas por anorexia y otros trastornos.
Trastornos alimentarios y riesgos según la edad
Los trastornos alimentarios surgen por la interacción de factores biológicos, psicológicos y sociales y pueden afectar a cualquier persona, aunque las mujeres y las adolescentes presentan mayor riesgo. La psiquiatra Ana Clara Floresi reporta un incremento de casos de anorexia extrema y un inicio más temprano de los síntomas, incluso en la preadolescencia. Médicamente, la pérdida de peso excesiva puede causar fatiga, caída del cabello, alteraciones menstruales, problemas de sueño y deficiencias nutricionales; además, puede llevar a sarcopenia (pérdida de masa muscular), amenorrea y, con el tiempo, a osteopenia o fragilidad ósea según la etapa de la vida.
Impactos diferenciados por etapas vitales
En la adolescencia, la delgadez extrema afecta el desarrollo hormonal y la función reproductiva; en los veinte y treinta años puede manifestarse como amenorrea y dificultades para la fertilidad; y después de los cuarenta aumenta el riesgo de pérdida ósea y fragilidad. Karen de Marca subraya que el perjuicio es transversal a las edades y que la medicalización sin supervisión incrementa complicaciones. El inicio suele ser una dieta que se transforma en un problema cuando la vida de la persona se organiza alrededor del peso y la apariencia.
Cómo responder: educación, regulación y mirada crítica
Frente a este panorama, especialistas abogan por una combinación de regulación, educación mediática y acceso a atención especializada. Es importante entender que las imágenes que vemos son construcciones comerciales y estéticas: cuando se reconoce ese artificio, disminuye la presión comparativa. La conversación pública sobre el tema se amplió en medios; por ejemplo, el podcast «Café da Manhã» discutió estas cuestiones en un episodio emitido el miércoles (8), disponible en Spotify, y presentado por las periodistas Gabriela Mayer y Magê Flores, con producción de Guilherme Almeida, Gustavo Luiz, Jéssica Cruz y Laura Lewer y edición de sonido de Thomé Granemann. La solución pasa por políticas que limiten la promoción de estándares nocivos, por un enfoque médico responsable respecto a fármacos y por programas que fortalezcan la autoestima desde edades tempranas.
En definitiva, la vuelta de la delgadez extrema a la visibilidad pública combina moda, celebridad y medicina, y provoca efectos reales en la salud y el bienestar. Reconocer la naturaleza construida de esos ideales y promover entornos que valoren la diversidad corporal son pasos necesarios para mitigar el daño y proteger a las generaciones más jóvenes.