Reanudan negociaciones entre el Gobierno y grupos armados tras tensión por ‘Chiquito Malo’

Reapertura tensa de las negociaciones entre el Estado y facciones armadas

La negociación entre el Estado colombiano y facciones disidentes del paramilitarismo y del narcotráfico volvió a activarse tras una crisis que estuvo a punto de romper el proceso. El conflicto giró en torno al buscado comandante conocido como ‘Chiquito Malo’, cuyo rastreo tensionó la mesa y trajo a la discusión la cooperación internacional.

Qué pasó y por qué se suspendieron los diálogos

El impasse estalló después de una visita del presidente Gustavo Petro a la Casa Blanca. A su regreso, el Gobierno anunció colaboración con Estados Unidos para ubicar a cabecillas del crimen organizado. Los grupos armados lo interpretaron como incompatibilidad con las garantías de desarme. ¿Se podía conciliar inteligencia internacional y procesos de paz?

Además, declaraciones de altos funcionarios sobre la posibilidad de capturar o neutralizar mandos incrementaron la desconfianza. Posteriores aclaraciones y retrocesos oficiales abrieron una ventana para retomar el diálogo.

Quiénes mediaron y cómo se reabrió la mesa

Tras la suspensión, delegados del Gobierno y de las agrupaciones volvieron a conversar en Bogotá con apoyo de mediadores. Actuaron como facilitadores organismos religiosos y las cancillerías de España, Noruega y Suiza, además de la coordinación de Qatar. Ese acompañamiento fue determinante para recomponer la confianza.

Acuerdos iniciales y límites claros

En los primeros encuentros se pactó mantener vivo el proceso y adoptar medidas para reducir la violencia en el noroccidente del país. La prioridad fue la disminución de hostilidades y la implementación de compromisos parciales que permitan condiciones mínimas en territorios golpeados por el conflicto y el narcotráfico.

Factores que siguen generando tensión

Permanecen desafíos relevantes: la convivencia entre operaciones de seguridad del Estado y las garantías exigidas por los grupos; la definición de zonas especiales para negociar; y la confianza en los mecanismos de verificación. El balance sigue siendo frágil y exige precisión técnica y cuidado diplomático.

Cooperación internacional: herramienta y riesgo

La colaboración con Estados Unidos en la lucha contra el narcotráfico fue el detonante principal. El intercambio de inteligencia para perseguir cabecillas fue percibido por las partes armadas como contradictorio frente a promesas de beneficios legales y garantías en el proceso de desarme.

El Gobierno sostiene que la intención es combinar negociación con acciones contra el delito para proteger a las poblaciones. Las agrupaciones, en cambio, insisten en seguridad jurídica y respeto estricto a los acuerdos de reducción de la violencia.

Qué sigue: prioridades operativas y verificación

Las próximas sesiones se centrarán en convertir las promesas en compromisos operativos y monitoreables. Se prevé la participación de observadores internacionales y de la sociedad civil para dar mayor transparencia al proceso.

Yo, con dos décadas de experiencia en mercados donde la location manda, veo una lección aplicable al campo político: la confianza se construye con medidas tangibles y verificables. Chiari, ¿qué elemento pesa más: la seguridad inmediata o la garantía jurídica a largo plazo?

El impasse estalló después de una visita del presidente Gustavo Petro a la Casa Blanca. A su regreso, el Gobierno anunció colaboración con Estados Unidos para ubicar a cabecillas del crimen organizado. Los grupos armados lo interpretaron como incompatibilidad con las garantías de desarme. ¿Se podía conciliar inteligencia internacional y procesos de paz?0